¿Nuevos requisitos o barreras paraarancelarias?

Los bifes calientan el planeta

La “Huella de Carbono” empieza a exigirse en las góndolas europeas. Es una etiqueta que informa sobre el gasto energético y las emisiones de gases de efecto invernadero que generó ese artículo en todo su proceso de producción. ¿Amenaza u oportunidad para la carne argentina?

Juan Manuel Fernández

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Todos los países del mundo intentan tener una balanza comercial favorable: o sea, vender más de lo que compran. Los mecanismos para lograrlo varían, sobre todo según la posición que ocupa tal o cual nación en el mapa mundial. Mientras los países subdesarrollados poco pueden hacer para trabar el ingreso de productos, las economías más pesadas permanentemente encuentran “excusas” para frenar, demorar o prohibir importaciones. Son las conocidas barreras paraarancelarias, que en mayor medida se instauran por cuestiones sanitarias (a veces con sobrada justificación, pero otras no tanto).

En los últimos años las preocupaciones de la humanidad por la salud del planeta dieron pie a nuevos argumentos con gran potencial para generar este tipo de barreras al comercio. Uno de ellos surgió de un trabajo de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), titulado “La larga sombra de la ganadería” (Livestock’s Long Shadow), que asegura que la actividad pecuaria es la causante del 18% del total de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y por lo tanto causa más daño que el transporte automotor. El 37% de todo el metano del globo y el 9% de dióxido de carbono lo emite la producción animal.

A partir de entonces, los consumidores europeos parecen haber reaccionado y -haciendo gala de un destacable compromiso medioambiental- demandan que los productos en góndola cuenten con una “huella de carbono”, especie de etiqueta donde se consigna el gasto de energía y la emisión de gases de efecto invernadero que demandó producir el artículo en cuestión. Si ese mecanismo se impusiese, por ejemplo, a los bifes argentinos, ya no alcanzaría con la trazabilidad o el bienestar animal, sino que habría que medir la cantidad de gases que se emitieron en el proceso de criar el ganado, transportarlo, faenarlo y trasladarlo al otro lado del océano. En esas condiciones (sobre todo por el humo del flete transoceánico) seguramente las carnes del viejo mundo serán más amigables con el planeta que las pampeanas.

Alguna “trampita”

“En esto hay algo que es verdadero: sí, la ganadería emite y sobre todo metano; pero también se mezcla con intereses privados y se transforman en barreras paraarancelarias en algunos casos. Así como el bienestar animal, son normas voluntarias pero se transforman en obligatorias porque si uno no las cumple no entra en el mercado”, sostuvo el ingeniero Daniel Iglesias, quien brindó el seminario “Calidad y Ambiente en la Cadena de la Carne Bovina” en los salones de la Sociedad Rural de Santa Fe. Aunque sea cierto que muchas veces este tipo de disposiciones apuntan a la calidad de la carne, “también tiene que ver con lobbies y barreras”.

Iglesias es coordinador del Proyecto Regional sobre Cadenas Agroalimentarias en el INTA Anguil (La Pampa) y también cuenta con el título de Master of Science en Range Economics de la Universidad de Colorado (EE.UU.). Su charla apuntó a toda la cadena de valor, ya que cada eslabón tendría que adaptarse a estos nuevos requerimientos en un futuro no muy lejano.

Estos “requisitos ambientales” a los que refirió el especialista, están siendo cada vez mayores en la Unión Europea. Inglaterra es uno de los más exigentes, pero también Alemania, Holanda y los países nórdicos, que representan los mejores mercados para las carnes argentinas. “Lo más problemático es que ellos hacen alguna trampita porque enfatizan la emisión y el costo de energía del transporte y nosotros tenemos más de 15.000 kilómetros para llevar alimentos a Europa”, sostuvo el especialista. A este concepto se los denomina “food miles” y se está popularizando en estos países “con el lobby de los productores locales”.

Reparto de responsabilidades

Pero parece que este es uno de esos casos en los que se puede encontrar una oportunidad donde aparentemente hay una potencial amenaza. Por ejemplo en Australia y Nueva Zelanda ya se pusieron a armar la huella de carbono de algunas frutas y de cordero “y han demostrado que haciendo un análisis del ciclo de vida del producto, desde la provisión de insumo hasta que llega a la góndola en Europa, emiten menos que los europeos por ser sistemas menos intensificados”. También allí están avanzando en nuevas dietas para vacunos de feed lot que provoquen menos gases.

De todos modos, otros datos no dejan de hacer parecer bastante antojadiza la cuestión. Por ejemplo, el hecho de que los animales en Europa se alimentan con soja argentina significa que al analizar el ciclo de emisiones tendrían que tener en cuenta “desde el fertilizante que se utiliza hasta la maquinaria que se emplea, todo eso es emisión a la atmósfera”, señaló Iglesias.

Lo curioso es que, hasta la publicación del trabajo de la FAO en 2006, las mayores presiones para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero se concentraban sobre los países más ricos e industrializados. Sin embargo, ahora “Australia está muy preocupada en poder cumplir con los requisitos del Protocolo de Kyoto, que tenía que bajar las emisiones, porque les impediría incrementar su ganadería por la emisión de metano”, explicó el especialista.

En ese contexto, Argentina —que todavía es un país ganadero— dejó de ser un miembro “inocuo” de la comunidad internacional y pasó a estar entre los responsables del cambio climático. Para colmo, según dijo el referente del INTA Anguil, “todavía no está hecha la huella de carbono de la cadena de la carne argentina”.

“Ellos hacen alguna trampita porque enfatizan el costo de energía del transporte y tenemos más de 15.000 km. para llevar alimentos a Europa”

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EL DATO

El márketing marca el rumbo

Tesco, una de las cadenas de supermercados que comercializan carne argentina en Inglaterra, comenzó a incorporar la Huella de Carbono en 20 artículos y pretende extenderlo a 100%. “Así, otras cadenas, para competir con Tesco, empiezan a utilizar la misma estrategia de márketing y ya se va a convertir en algo obligatorio para poder competir”, adelantó el ingeniero Daniel Iglesias.

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Intensificación. Los planteos de producción concentrada, como el feed lot, emiten más cantidad de gases de efecto invernadero.

Foto: Archivo

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EN RELACIÓN

¿Qué hacer para calificar?

Entre las herramientas que empiezan a desarrollarse en la Argentina para responder a las nuevas demandas ambientales de los mercados demandantes, el INTA desarrolló, dentro del Programa de Gestión Ambiental, el modelo Agroecoindex para la evaluación de la gestión ambiental en establecimientos agropecuarios. Cuenta con un soporte informático, basado en hojas de cálculo, que contiene indicadores de gestión ambiental especialmente diseñados para empresas agropecuarias. Profesionales del INTA y de otras instituciones y empresas, están utilizando esta metodología para evaluar el desempeño ambiental de establecimientos rurales.

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EL DATO

Definición

Según la organización británica Carbon Trust, la Huella de Carbono es “El conjunto total de emisiones de gases de invernadero causados directa e indirectamente por una persona, evento, organización o producto, expresado en equivalente de dióxido de carbono.”