Proponen combinar producción y conservación
Proponen combinar producción y conservación
Otra receta: arroz con pajaritos
Aves Argentinas y la Sociedad Española de Ornitología desarrollaron un seminario en San Javier como primera acción de un proyecto que apunta a conservar las aves y generar alimentos sanos.
Juan Manuel Fernández
Tradicionalmente los productores arroceros ven prácticamente a todos los pájaros que se posan sobre sus cultivos como una amenaza para la actividad. Sin embargo sólo algunos pueden causar daños de consideración, mientras que la preservación del conjunto hasta puede redundar en valor agregado para la producción.
A grandes rasgos ese fue el mensaje que intentaron transmitir la organización Aves Argentinas y la Sociedad Española de Ornitología durante el seminario “Aves Silvestres y Producción de Arroz” realizado a comienzos de junio en San Javier, corazón del área arrocera santafesina.
El encuentro, que convocó a funcionarios provinciales y comunales, técnicos del INTA, pequeños productores de la zona, ruralistas y arroceros de Entre Ríos y Corrientes, se hizo con tres objetivos puntuales: intercambiar experiencias de producción bajo certificación y diferenciación; conocer la producción de arroz ecológico en el Delta del Ebro (España) y reflexionar sobre las oportunidades que existen en la Argentina para desarrollar experiencias similares.
Una de las propuestas concretas lanzada a los arroceros fue la de certificar buenas prácticas para generar una “ecoetiqueta” que distinga al producto sanjavierino como amigable con el medio ambiente, sobre todo con las 120 especies de pájaros que transitan por las arroceras. Para ello habría que modificar algunas prácticas, como reducir el uso de agroquímicos. A cambio, dicen, se podría recibir hasta el doble de precio por la cosecha.
Lugar especial
En primer lugar los especialistas se ocuparon de caracterizar la región y destacar la costa de San Javier como una de las 50 “Área Importante para la Conservación de Aves” (AICA) que hay en el país. Lo promisorio es que “hay un creciente interés por el avistaje de aves”, según el Director de Conservación de Aves Argentinas, Gustavo Marino, y su preservación también puede desembocar en otra actividad rentable como el turismo.
También remarcó que la jornada se enmarca en un proyecto denominado “Alianza del pastizal” y busca “generar acciones que integren la conservación a la producción de alimentos”.
Un dato sorprendió a vario de los presentes: de las 120 especies de aves relevadas en las arroceras de sanjavierinas, algunas migran todos los años desde el hemisferio norte. Por ello es que contemplan la posibilidad de aplicar técnicas de conservación que promuevan a la zona. “La idea es generar una ecoetiqueta que tenga como mensaje que en este lugar se producen alimentos y también se conservan las aves”, precisó Marino.
Los trabajos de campo señalan que el mayor perjuicio para las aves lo representan el uso indebido de agroquímicos y la falta de información de los productores, que no distinguen entre los pájaros perjudiciales y los benéficos. Sobre todo en función del primer punto es que se mencionaron algunas alternativas como “el manejo de las áreas de borde y otras técnicas todavía poco difundidas como el Manejo Integrado de Plagas (MIP) o el uso de otras aves que ahuyentan a las plagas como los halcones”.
En realidad no se le presentaron a los productores recetas únicas, “sino que cada área o campo tiene que resolver con conocimientos, con información, su problema. Y hay que dejar de pensar en el potrero y empezar a pensar en una cuenca”, propuso Marino.
Negocio con potencial
La contrapartida de aplicar buenas prácticas y de certificar la producción como “ecológica” u “orgánica” es el precio diferencial, de hasta un 50% más, que se puede conseguir por la producción. Pero lo que en el primer mundo empieza a ser un mercado incipiente con demanda en alza, en la Argentina todavía le puede quedar mucho camino por delante.
Aníbal Parera, coordinador general de “Alianza del Pastizal”, admitió que todavía no hay mercado como para colocar una producción arrocera diferenciada, aunque estimó que podría haberlo si se hace la correspondiente difusión. “Yo diría que esto es un trabajo para hacer en el sector público; que normalmente no lo hace el productor. Se tiene que hacer desde sectores públicos u ONG’s. Es un trabajo de concientizar a los mercado y de abrirlos”, precisó.
De todos modos, algunos se adelantan. De hecho el español Juan Carlos Cirera, representante de la Sociedad Española de Ornitología presentó la experiencia promovida por la entidad en el Delta del Ebro, donde producen arroz orgánico desde 2001. Por el momento sólo constataron que tienen una gran variabilidad de resultados (y mayor riesgo), pero siguen buscando las formas de estabilizarlo para que se sumen más productores.
“Generalmente (el cultivo orgánico) va asociado a producciones menores. La alternativa fundamental es el uso de rotaciones, que es una solución bastante viable y sencilla; con otros cultivos o con pastizales”, propuso Cirera. También sugirió la misma receta que utilizan en España: “a lo mejor se podrían asociar a un aval de que no sólo es un cultivo de calidad sino que además estás contribuyendo a la conservación de uno de los ecosistemas más importantes para las aves”.
EL DATO
Mucho plomo
Unas de las advertencias que lanzó el representante de Aves Argentinas, Gustavo Marino, se relaciona con la caza del pato en las arroceras, una actividad muy difundida como método de combate contra la especie, considerada plaga para la producción. “Puntualmente la caza del pato hoy en día se sabe que ha generado una contaminación con plomo en esta zona que es un problema del que no se cómo saldremos”, dijo el especialista, y remarcó que la actividad ya lleva casi 30 años en forma ininterrumpida.
La idea es generar una ecoetiqueta que tenga como mensaje que en este lugar se producen alimentos y también se conservan las aves”
Masa confusa. El mensaje para los productores es que no todos los pájaros con malos para las arroceras.
Foto: Juan Manuel Fernández
En riesgo. Algunas especies están amenazadas en la costa santafesina. Una de ellas es el Cardenal Amarillo
Foto: The Internet Bird Collection
EN RELACIÓN
José Tito, representante de la Coop. Agrícola General San Martín de Los Charrúas (Entre Ríos) expuso sobre la experiencia de producir y exportar arroz orgánico, actividad que realiza un grupo de socios en campos que van desde 50 hasta 600 hectáreas.
La iniciativa surgió apenas tres años atrás en campos que fueron ganaderos y, por lo tanto, gozan de una fertilidad natural sin demasiada presencia de malezas. “Eso nos da una posibilidad de arranque bastante fácil de la producción orgánica”. Fue la crisis del arroz que se desató en el 2000 y duró 4 o 5 años lo que los impulsó a desarrollar una producción diferenciada. Hoy ya exportaron a EEUU a UE. “Siempre son volúmenes chicos porque la exportación se hace en contenedores porque no tenemos volumen como para cargar un barco”, dijo Tito, y detalló que el cereal se embolsa en “bigbags” de 1.000 kilos o en envases de 25/30 o 50kg, “según el gusto del comprador”. En cada campaña están embarcando entre 3 y 4 contenedores por negocio.
Lógicamente, el precio diferencial es el principal incentivo. “El valor del arroz orgánico ronda entre el 30 y el 50% más que el convencional”, explicó el productor. En realidad la relación entre ambos tipos depende de la cotización del grano común, ya que “cuando el arroz convencional está alto se juntan los valores porque no es tanto lo que se le puede agregar al orgánico, pero cuando el común baja ahí se nota la diferencia”.
El manejo agronómico no implica casi complicaciones, sino todo lo contrario: “para los que somos arroceros de años no difiere demasiado a cómo lo hacíamos hace 20 años con nuestros padres”. El trabajo consiste en preparar la tierra, sembrarlo sin uso de fertilizantes ni herbicidas ni pesticidas (en la zona no hay enfermedades). “La rotación de cultivos y el uso de campos con poca o nula historia agrícola nos da rendimientos de 7.000 8.000 kilos”. Para Tito este fue el peor año, con una cosecha de 6.000 k/Ha, justamente en el lote donde se sembró, por primera vez, sobre un antecesor de arroz.
Orgánico de Entre Ríos al mundo
Desplazado. El Yetapá de Collar hoy sólo puede ser viso en el extremo nordeste de Corrientes.
Foto: www.avespampa.com.ar