La teoría del dominó
La teoría del dominó
La teoría que justificó la intervención en Vietnam bien puede aplicarse al momento del campo. Las fichas siguen cayendo y la política no cambia.
Federico Aguer
A mediados de la década del 50, dos bloques de países pugnaban por el dominio mundial. Occidente y Oriente; los Estados Unidos y Rusia, encolumnados en la OTAN y el Pacto de Varsovia mantenían una lucha silenciosa en algunos lugares y explosiva y violenta en otros. En ese contexto, muchos países pasaron a ser escenario de la llamada “guerra fría”, la que -pese a nunca haberse declarado- reflejó la ambición de poder mundial de las potencias.
A comienzos de la década del 60, los EEUU estaban abiertamente involucrados en el conflicto desatado en el sudeste asiático, con un poder corrupto militar local que resistía los embates del norte comunista. Para la opinión pública, el nombre de Vietnam -hasta entonces poco conocido- pasaría a poblar las páginas de los diarios mundiales por la próxima década.
La excusa esgrimida por la administración del entonces presidente norteamericano Johnson se basaba en los informes de la inteligencia y del Departamento de Estado, los que sostenían que si Vietnam caía en manos comunistas, todo el sudeste asiático lo seguiría en una especie de “efecto dominó”. Movidos por tal creencia, los EEUU movilizaron la mayor operación militar desde la Segunda Guerra Mundial, provocando la contienda por todos conocida.
En nuestro país, el efecto dominó lo está sufriendo el campo. Al cotidiano cierre de tambos en la cuenca lechera, se le suman las industrias metalmecánicas, principal motor del desarrollo de muchos pueblos y ciudades de nuestra provincia. Al caso Mahle se le suma la gran cantidad de pequeños talleres que prosperaron como proveedores de las grandes fábricas. El ejemplo de Bernardín vuelve a poner sobre el tapete la crisis de fondo que impacta en el sector. La demanda de maquinaria en el mercado interno se ha paralizado, y a nivel mundial los negocios se realizan con cuentagotas. De hecho, en San Vicente esperan el pago de una operación con Rusia que podría traer alivio a una situación caliente: los trabajadores no cobran desde abril.
Esta planta es un símbolo de todo un sector. Abrió sus puertas en 1925. En la década del 60 impulsó la creación de la Fiesta Nacional de la Cosechadora, que contó con la visita del entonces presidente Arturo Frondizi y transformó a la localidad en la capital nacional de la cosechadora. En 1992 cerró sus puertas, y en 1997 las volvió a abrir. Hasta hoy, cuando la ficha volvió a tambalear.