Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
El carro delante del caballo
Cada vez que la naturaleza nos sorprende con algún comportamiento excepcional, la capacidad de reacción de quienes deberían encabezar la resistencia es casi nula. Experiencias sobran y algunas nos son muy cercanas y siempre, con movimientos espasmódicos, cada sector, cada región, cada institución, hace lo que cree correcto o necesario para paliar la coyuntura.
En medio del fárrago se improvisa, se contradicen órdenes o se replican prevenciones. No hay una cabeza que organice; falta un equipo que se asesore, que se estructure e imparta órdenes generales, únicas y concretas. La gripe A desnuda otra vez la improvisación como exclusivo método utilizado por quienes tienen a su cargo la responsabilidad de proteger a la sociedad poniéndose al frente de los problemas. Los encargados del destino común fueron capaces de priorizar una contienda electoral a la salud pública.
El uso de antivirales, de barbijos, de desinfectantes difiere de acuerdo con quiénes difundan las recomendaciones. Se suspendieron las clases pero siguieron congregando gente los cines, peloteros, confiterías, los boliches y el fútbol. Algunos distritos clausuraron aulas pero no lo hicieron los vecinos. Hay protocolos a partir de experiencias semejantes en otros lugares, que sólo debieron ser adaptados y, sin embargo, se los ignoró. Se tomó partes de uno y pedazos de otro y se salió a confundir y a atemorizar a la población. Hoy nadie sabe con más o menos certeza cuantificar la peligrosidad de la pandemia, entre los profesionales aparecen posiciones encontradas y algunos medios informativos aportan una dosis de irresponsabilidad al divulgar datos inexactos o no chequeados.
Como pasó con las inundaciones, todos quieren ayudar pero no saben bien cómo. La gente se intranquiliza cuando busca y no encuentra elementos recomendados para prevenir, mientras que quienes los venden, aumentan su precio y nadie los controla.
Las pérdidas humanas y económicas son muchas y con el correr de los días la improvisación no ha sido erradicada. A todo esto, las larvas del mosquito vector del dengue, se conservan en vida latente por lo que, si la suerte no nos ayuda, volveremos a sufrir el embate de la enfermedad en unos pocos meses, apenas el calor asome. Y otra vez estaremos huérfanos de certidumbres, tratando de protegernos solos, cada uno como pueda y rogando zafar de la contingencia porque, en nuestro país, siempre el caballo camina detrás del carro.