Hora de diálogo

La presidenta de la Nación ha convocado al diálogo; es decir, a una mesa de discusión que incluya a todos los sectores políticos y productivos. La iniciativa fue propuesta con motivo de la celebración del aniversario de la Declaración de la Independencia. En principio, los dirigentes de la oposición han tomado la invitación con cautela, mientras aguardan decisiones que completen o perfeccionen lo dicho en Tucumán.

La corrección política aconseja en estos casos apoyar decisiones de este tipo. El reclamo vinculado con la construcción de consensos se ha ido generalizando en los últimos meses, y la respuesta de los Kirchner trata de atender esta demanda. Sin duda que el resultado electoral desfavorable del 28 de junio ha sido un factor importante a la hora de pensar en una iniciativa de este tipo. Si bien el oficialismo no ha hecho ninguna mención de lo sucedido en las urnas, a ningún observador se le escapa que el cambio de ministros y esta convocatoria constituyen respuestas a la manifestación de la ciudadanía en las recientes elecciones.

En política, muchas veces hay que prestar atención a lo que se dice y a lo que no se dice, a lo que se exhibe y lo que se oculta. Por razones de prudencia, de preservación o de orgullo, el oficialismo no admite la derrota, aunque de hecho actúa como si así fuera.

Más allá de las especulaciones que se hagan hacia el futuro, lo que queda claro es que la convocatoria al diálogo por parte de los Kirchner es noticia porque es novedad, ya que antes no lo hubo.

Un tema interesante para reflexionar es si la respuesta que da el gobierno es la que la sociedad espera. En principio, digamos que el cambio de ministros no satisfizo a los actores sociales y políticos. Más de un observador calificó al cambio como un maquillaje o como una salida gatopardista, en tanto cambia algo para que todo siga igual.

La propuesta al diálogo también es meritoria desde el punto de vista declarativo, pero habrá que ver cómo se instrumenta. Una convocatoria genuina implica abrir el debate social en serio, escuchar las opiniones de los sectores representativos de la producción y el trabajo y tomar las decisiones adecuadas. La otra posibilidad es la del maquillaje, la de insistir en los enunciados generales cargados de buenas intenciones para luego seguir haciendo lo mismo.

Ignoramos lo que nos depara el futuro. De lo que sí tenemos conocimiento es que hasta la fecha, la actitud de los Kirchner ha sido reacia al diálogo político y que su principio básico de acumulación política consistió en exacerbar los conflictos. Esta estrategia, aprendida en la lejana Santa Cruz -donde el autoritarismo en la gestión fue evidente-, dio algunos resultados en los primeros meses de la gestión kirchnerista. Pero luego, el recurso decisionista empezó a exhibir sus grietas y el punto de ruptura se expresó en la llamada crisis del campo, cuando el kirchnerismo fue derrotado por masivas movilizaciones populares.