Sumando cumbres americanas

Montañas de Ecuador

Este pequeño país despliega en pocos kilómetros cuadrados una mezcla increíble de paisajes, colores, relieves y luz. Nuestro objetivo eran sus montañas pero trajimos además, imágenes y experiencias que no podremos olvidar.

Ricardo Solari

[email protected]

Nuestro arribo a Quito, Capital de la República del Ecuador, fue una experiencia diferente. El aeropuerto internacional, enclavado en el centro mismo de esta ciudad a 2800 m de altura es por su ubicación, uno de los más peligrosos del mundo y un verdadero reto para los pilotos de aviación.

La ciudad, extendida de norte a sur, ocupa un inmenso valle alargado y es la capital más antigua de Sudamérica. Era una importante ciudadela ocupada por los incas al arribo de los españoles en 1526 y para evitar que ésta cayera en manos de los conquistadores, fue arrasada por sus pobladores antes de su llegada, hecho que finalmente ocurrió en 1534. Este es el motivo por el que no ha quedado ningún vestigio Inca.

El casco antiguo fue construido sobre sus ruinas y es uno de los complejos coloniales más bellos y grandes de Latinoamérica. Por todo esto, la Unesco declaró a Quito en 1978 como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

hacia la montaña

Luego de dos días de aclimatación recorriendo sus numerosas iglesias y plazas, sus angostas y caóticas calles llenas de vendedores ambulantes, de mujeres con sus niños ofreciendo platos calientes o frutas, y tiendas con toda clase de artículos que la hacen un lugar increíble, había llegado el momento de empezar a subir a más altura preparando el cuerpo para las montañas “grandes”.

Afortunadamente para los andinistas, Quito está ubicada en un “corredor interandino” al pie de los volcanes Pichinchas y se encuentra cerca de otras montañas, hecho que facilita las aproximaciones.

Nos desplazamos entonces unos 30 km hacia el Sur, donde se encuentra el Pasochoa. Este volcán extinguido tiene una altura de 4200 msnm y posee una inmensa caldera en cuyo interior se encuentra una reserva de vida silvestre, último reducto del bosque andino ecuatoriano. Su erupción final sucedió hace unos cien mil años y es uno de los ejemplos más claros de cómo una acción tan devastadora como son las erupciones volcánicas, pueden generar las más impresionantes formas de vida animal y vegetal.

El ascenso al Pasochoa

Temprano, comenzamos a transitar por senderos rodeados de pinos que lentamente dieron lugar al páramo, un típico ecosistema de montaña andino influenciado por el Amazonas que existe sólo desde Venezuela a Ecuador, caracterizado por vegetación baja de arbustos, pajonales y musgos, pero siempre cubierto de nubes, niebla y lloviznas. De origen volcánico, actúa como una enorme esponja que da vida a innumerables especies y sirve de frágil reservorio hídrico para los animales y el hombre.

La caminata llevaba unas cuatro horas en las que habíamos recorrido las faldas del volcán mientras ganábamos altura, hasta que llegamos a un primer pico rocoso que en todo el recorrido habíamos tenido como referencia y al que debimos rodear para encarar la arista del segundo pico, una de sus dos cumbres más altas. Aquí el terreno era sólo de roca y el frío se hacía sentir cuando aparecían repentinas ráfagas de viento según estuviéramos o no a su exposición.

Debido a que era la primera montaña que subíamos, la última trepada se hizo sentir en nuestras piernas, sobre todo en los últimos metros, hasta que finalmente llegamos al punto más alto.

Quito desde arriba

Arriba, las nubes que nos cubrían ocultaban la inmensa caldera que se adivinaba más abajo. Afortunadamente no había viento pero sí mucha humedad. Abrazos y felicitaciones de rigor por haber alcanzado la primera cumbre ecuatoriana y a la vez, cumplido con nuestro objetivo: aclimatar.

Poco antes del descenso, al abrirse momentáneamente el cielo, el agujero formado dejó ver la ciudad de Quito como un alargado manto gris apenas perceptible, que aparecía y desaparecía de nuestra vista.

Hacia abajo, pudimos por momentos contemplar el enorme abismo que forma el borde del antiguo cráter. Sus grandes paredes, rectas y verticales, encerraban en sus precipicios al intenso y oscuro verde del bosque. Sin duda, una reserva de inapreciable valor biológico.

Lentamente comenzamos el descenso y en horas de la tarde estábamos de vuelta en la ciudad.

La lluvia, que caprichosamente se distribuía por distintas zonas y momentos, había comenzado a caer sobre las cumbres, ocultándolas, al igual que a las estrellas.

Los Pichinchas

Cumplido el primer paso, íbamos por el segundo. Había que seguir con el proceso de aclimatación, por lo que subiríamos un volcán a cuyo pie está la ciudad de Quito: el Pichincha.

Este complejo tiene tres cumbres, de norte a sur. La más antigua llamada Rucu Pichincha, otra el Padre Encantado y la más nueva, el Guagua Pichincha. Todas tienen alrededor de 4700 msnm.

Ha hecho erupción muchas veces y en ocasiones casi destruyó la ciudad. La última ocurrió en 1999 y cubrió a Quito de cenizas ocasionando innumerables inconvenientes a sus habitantes.

La idea inicial era subir el Guagua, pero a esta montaña se llega en automóvil bastante alto y el camino a la cumbre es relativamente corto por lo que no serviría a nuestro propósito. Se decidió entonces hacer el Rucu Pichincha que es apenas unos metros más bajo, pero que obliga a caminar unos 13 km para llegar a su base.

Por la mañana nos dirigimos al teleférico que nos depositó cerca de los 4000 m. Desde allí, la ruta siguió por una arista bien marcada que a medida que tomaba altura se iba perdiendo hasta alcanzar la verdadera montaña y a partir de allí, comenzamos a subir por roca.

Gateo en la piedra

El clima continuaba inestable. Hacia todos lados podían verse densas nubes que cubrían los grandes volcanes visibles en condiciones normales desde allí: el Cotopaxi, los Illinizas y el Chimborazo.

De todas maneras, la vista era impactante y dejaba al descubierto la ciudad que, a la vez de apreciarse más chica por la distancia, nos permitía dimensionar lo mucho que se ha extendido no sólo a lo largo del valle principal, sino también en los secundarios y sobre las laderas.

Esto último es sumamente peligroso porque al destruirse el páramo para hacer viviendas, las expone a las avalanchas de lodo que pueden ocurrir durante las erupciones. Por este motivo, hoy está reglamentado hasta qué cota de la montaña se puede construir en sus faldas.

Para nosotros, la subida a la montaña se había empinado bastante y llegando a los 4650 m. el ascenso transcurrió por un par de pasos que requirieron hacer un gateo en la piedra por estar bastante expuestos al vacío. El premio fue que luego de esto y unos metros más alta, nos esperaba la cumbre.

Arriba, nuevamente los abrazos y el encuentro con un italiano que subió solo, permitieron compartir y disfrutar el paisaje. Hacia el oeste, entre nubes, se alcanzaban a ver las otras cumbres del complejo volcánico y del otro lado, distinguíamos la hermosa ciudad de Quito.

El tiempo se había vuelto inestable y la niebla nos empezó a cubrir haciendo peligroso el descenso inicial, por lo que decidimos comenzar la bajada.

Una hermosa cumbre

Ya llevábamos varios días de permanencia en Ecuador y el clima, factor fundamental en el andinismo, seguía inestable y comenzaba a preocuparnos. A esta altura del año (junio) ya debía haber empezado la temporada seca y sin embargo los vientos alisios traían altas temperaturas y mucha humedad desde la región amazónica, poniendo un manto de dudas sobre nuestras posibilidades de seguir intentando las altas montañas.

Bajamos sin inconvenientes pero bastante cansados y tratando de no pensar en el clima, nos fuimos a descansar.

Los días siguientes traerían consigo desafíos aún mayores: nos esperaban las montañas “grandes”.

Horas más tarde, instalado nuevamente en el hotel, después de una reconfortante ducha caliente, me dormí rápida y profundamente. Recuerdo haber soñado esa noche con una hermosa cumbre…

Montañas de Ecuador

Una cumbre más. En el Pasochoa a 4200 msnm. Me acompaña Diego, camarada de montaña, que hizo las veces de local.

Foto: ricardo solari.

Montañas de Ecuador

Quito antiguo. Las montañas siempre permiten conocer la historia del lugar visitado.

Foto: ricardo solari.

MONTAÑAS DE ECUADOR

Montañas de Ecuador

Testigo del crecimiento. El sistema montañoso presenció la expansión de la capital ecuatoriana a través del tiempo.

Foto: ricardo solari.

cumbre.jpg

Conquista de altura. A 4700 msnm, en la cumbre del Rucu Pichincha.

Foto: ricardo solari.

Montañas de Ecuador

La altura nos espera. La montaña vista desde el inicio de la subida.

Foto: ricardo solari.

Montañas de Ecuador

la verdadera mitad del mundo

Quitsato es un proyecto científico que ha demostrado que mucho antes de la llegada de los Incas y por supuesto de los españoles, los habitantes de la zona sabían que esa región, era la mitad del mundo.

Este cilindro hueco, de 10 metros de altura, es iluminado sin sombra en el espejo del interior durante unos unos 10 segundos en los equinoccios y a la vez, es un reloj de sol y obviamente, marca los meses del año.

Está emplazado en un lugar estratégico, que unía éste con distintos puntos de la región (hoy otras poblaciones) y que desde el espacio se ha visto que conforman un esquema exacto de los meses del año y sus estaciones.

Es la verdadera mitad del mundo y esto ha sido corroborado científicamente con mediciones satelitales.

El monumento famoso y donde van todas las excursiones turísticas, está en realidad, unos 245 m al sur de la verdadera línea del Ecuador.