Al margen de la crónica
No sólo de gripe A se muere
Los argentinos somos propensos a seguir enfáticamente los números por algunos días. En algún momento fue el precio del dólar, ya sea libre, paralelo o alguna de las denominaciones que tuvo en los últimos 30 años, en otras ocasiones fue el riesgo país; en otro los afectados por el cólera o por el dengue y así sucesivamente. El dato estadístico actual parecen ser los afectados por la gripe A y repetimos cifras sin saber -en muchas ocasiones- contra qué parámetros las comparamos.
Pero a la hora de poner en cifras temas de la economía o enfermedades sería interesante lograrlas sobre accidentología de tránsito. Como una enfermedad silenciosa avanza y avanza el número de muertos y los efectos económicos no son menores. En el medio, no se observan cambios de conducta ciudadanas que ayuden a atemperar esta pandemia donde el Estado estuvo ausente durante años.
En los últimos días, varios accidentes con alto número de muertos volvió a impactar en la Argentina pero nadie parece tomar medidas para desactivar un cóctel explosivo: rutas inseguras, autos cada vez más veloces, conductores desaprensivos, alcohol, imprudencia, niebla, neblina, lluvia, etc.
Tras los accidentes surgen las voces que piden sanciones más duras, la promesa de ejercer mayores controles, de cerrar rutas cuando las condiciones climáticas no son las adecuadas.
Ante este panorama, las compañías de seguros debieron aumentar las pólizas porque tienen cada vez mayor siniestralidad, la muerte en accidentes de tránsito es una de las principales causas de mortalidad en la población joven y ni qué hablar del gasto en salud y las secuelas que permanecen por año en las víctimas.
Sin embargo, los argentinos optamos por estremecernos por la imagen y seguir como si nada andando fuerte en rutas, no respetando señales, evitando controles y tratando de esquivar la muerte en cada esquina.




