Al margen de la crónica

Esta remake ¿vale la pena?

La década del 60’, sobre todo su segunda mitad, fue una época muy turbulenta, con transformaciones sociales que marcaron nuevos rumbos a la humanidad. En medio de una andanada de expresiones contraculturales, y en ese mismo 1968 en que estudiantes y obreros intentaron llevar “la imaginación al poder” desde improvisadas barricadas parisinas, Stanley Kubrick se preguntó sobre el lugar del hombre en el universo en 2001, Una odisea espacial y fue asesinado Martin Luther King, The Beatles presentó su película Yellow Submarine.

A través de esta novedosa (para su época) obra de animación el grupo británico, por entonces elevado ya a la categoría de mito musical del siglo XX, dio rienda suelta a su creatividad, amalgamando al mismo tiempo toda la impronta psicodélica de su tiempo, con fuertes influencias del movimiento hippie. El argumento encuentra a Lennon, McCartney, Harrison y Starr (o mejor dicho a sus versiones animadas) involucrados en un épico viaje hacia un paraíso submarino donde deben ayudar a la Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band cuando es capturada por los “blue meanies”, quienes odian la música. Rápidamente se convirtió en un símbolo más de esta década profusa en cambios.

Cuatro décadas más tarde, se conoció la noticia de que el director Robert Zemeckis (recordado por ¿Quién engañó a Roger Rabitt? y Forrest Gump, además de la reciente Beowulf) rodará para Disney una nueva versión, tridimensional, del antológico filme de The Beatles, para ser presentado en unos tres años. Su potencial es, obviamente, grande: las canciones de la banda de Liverpool siguen vigentes. El enigma a dilucidar es cuál es el sentido de adaptar un producto que resumió, como pocos en su mensaje, las ideas y códigos estéticos de una época del siglo XX. O, simplemente, si vale la pena.