EDITORIAL

Fallo esperable,

¿pero justo?

El fallo de la Justicia condenando a Chabán y liberando de culpa y cargo a la banda de Callejeros ha despertado suspicacias y, en más de un caso, disconformidad manifiesta en la ciudadanía. La sensación es que los jueces actuaron tratando de dejar satisfechos a sectores sensibles de la opinión pública. La condena a Chabán se anticipaba como una decisión permitida por la corrección política, del mismo modo que liberar a Callejeros reportaba el beneficio de no ser impugnados por las franjas juveniles que siguen a esta banda de rock.

Los jueces dirán que ellos se expresan a través de sus fallos. De todos modos, la Cámara de Casación, y luego la Corte Suprema de Justicia, tendrán la última palabra, lo que significa que quedan abiertas otras instancias para acercarse al ideal de justicia.

La tragedia de Cromañón, amplificada por la cantidad de muertos jóvenes, habilita diferentes interpretaciones. En cualquier caso, lo que se comparte es el hecho inobjetable de que una multitud que excedía la capacidad del local se apiñaba en ese recinto, práctica que reconocía numerosos antecedentes en recitales cuyo centro de atracción era la banda Callejeros. La otra conducta recurrente era el lanzamiento de bengalas en el espacio de los conciertos.

En estas reuniones participaban menores de edad y hasta funcionaba una guardería para que las madres pudieran dejar a sus hijos mientras se divertían en el salón principal. La “fiesta de las bengalas” era un hecho público y notorio, como también lo era que la banda Callejeros alentaba ese tipo de prácticas.

Desde el punto de vista social y cultural está claro que se está frente a un caso de responsabilidades compartidas; responsabilidades que incluyen al Estado, los empresarios, la banda de música y a un público que no debía ignorar que, arrojando bengalas en el interior de un local cerrado, era probable -muy probable- que se produjera una tragedia. Afilando las aristas del análisis, la responsabilidad alcanza a los padres de los menores de edad que asistían a estas saturnales.

Curiosamente, la única persona que advirtió sobre los peligros potenciales de usar pirotecnia fue Chabán, singular empresario proveniente del underground. Como relatan las crónicas, sus advertencias fueron repudiadas con silbidos, insultos y risas. Una semana antes, en un recital parecido, los manifestantes cantaban consignas anunciando el incendio de Cromañón. La violencia que suele acompañar a esos encuentros de rock es un factor que parece no haber sido tenido en cuenta a la hora de determinar responsabilidades.

Lo más llamativo es que los responsables directos del incendio, los que lanzaron las bengalas causantes de la tragedia, no fueron descubiertos. Al respecto, hay sospechas que sugieren la existencia de intereses concretos para que estos autores no aparezcan. Como se podrá apreciar, el tema es más complejo de lo que aparece en una lectura lineal, y en el simplificado contraste de buenos y malos. Lo cierto es que el fallo está lejos de asumir la complejidad del tema investigado.