Edición del Viernes 28 de agosto de 2009

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Mujeres solidarias con madres que quieren aprender un oficio - Edición Impresa - Área Metropolitana Área Metropolitana

En la escuela San Lorenzo

Mujeres solidarias con madres

que quieren aprender un oficio

Son mamás, estudiantes y, voluntariamente, cuidan los hijos de sus compañeras de curso. Las madres aseguran que si no fuese por la salita para niños, no podrían capacitarse en un oficio.

De la redacción de El Litoral

redaccion@ellitoral.com

Casi 250 personas asisten a la escuela San Lorenzo para aprender diferentes oficios. Manualidades, costura, cocina, mecanografía, repostería, carpintería y herrería son algunas de las alternativas que pueden elegir grandes y chicos -de entre 12 y sin límite de edad- para capacitarse.

A pesar de estar abierto a todo público, muchas mamás no podían asistir a los cursos porque no tenían con quién dejar a sus nenes. Fue así que, hace diez años, surgió la idea de formar una “salita para hijos”. Hoy, en esa sala trabajan ocho alumnas de los cursos de capacitación, quienes ofrecen su tiempo y dedicación para que otras mamás puedan aprender, igual que ellas.

Todo a pulmón

“Esta salita nació por la necesidad de muchas mamás y se sostiene gracias al trabajo de muchas de ellas y otras alumnas”, contó Natalia, asistente social de la escuela.

Jaqueline, Mariela, Eliana, Maricel, Yasmila, Mariela, Carmen y Maribel son las encargadas de cuidar a los chicos, que tienen desde dos meses hasta 12 años. Muchas de ellas son alumnas de la escuela y también mamás que trabajan voluntariamente, atendiendo a más de 20 chicos por turno. “Son varias mujeres porque se turnan y cada una viene dos tardes a la semana o dos mañanas para que no sea tan pesado”, detalló Natalia.

La salita viene a solucionar un problema que se le presenta a muchos padres: con quién dejar a los chicos mientras estudian. “Estoy haciendo el curso de cocina y repostería para comedores escolares y mi señora viene al curso de técnicas ornamentales. Tenemos dos nenas y mientras nosotros estudiamos, las chicas se quedan acá. No podríamos estudiar sin la salita, porque no podemos pedirle a alguien que se quede con las nenas”, contó Yoni, de 27 años.

“Si no fuese por la salita, no podría estudiar”, aseguró Jaqueline, quien además de asistir al curso de técnicas ornamentales, es la encargada de cuidar a los chicos durante la tarde.

Necesidades

¿Qué hacen los chicos durante las tres o cuatro horas que pasan en la salita? Jaqueline y Mariela contaron que les dan distintas actividades para que se diviertan, como dibujar, pintar, recortar figuritas, jugar o cantar. También tienen un televisor para que vean dibujitos animados. “Son muchas las necesidades que tenemos. Los chicos necesitan material didáctico, libros, revistas, lápices y juguetes para entretenerse”, explicó una de las mamás.

Muchas de las cosas que tienen en la salita provienen de donaciones de vecinos y de alumnos de la escuela. Las dos inundaciones habían destruido el lugar y un grupo de alumnos emprendió la tarea de restaurar las paredes y decorarlas con diseños infantiles. Hoy lucen grandes dibujos y muchos colores, pero todavía se necesitan varias cosas para terminar de equiparla: mesitas, sillas, cochecitos, cunitas, colchones, sábanas, mantas y ventiladores.

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Jaqueline muestra orgullosa el portarretrato que pintó y decoró en el curso de ornamentación. Es una de las encargadas de cuidar a los chicos por la tarde.

Foto: Mauricio Garín

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La “salita de hijos” contiene a los chicos, mientras las mamás y papás se capacitan en diferentes oficios.

Foto: Mauricio Garín

/// EL DATO

Para ayudar

De lunes a viernes, de 9 a 18, se pueden acercar a la Dirección de la escuela San Lorenzo (Entre Ríos 3936) pañales, leche en polvo, cepillos de dientes y pasta dental, juegos, libros, revistas, útiles escolares, cuadernos, papel higiénico, frazadas, sábanas, cunas y cochecitos, entre otras muchas cosas que se necesitan.

Asimismo, la escuela depende de la capilla San Lorenzo que en octubre recibirá un grupo de personas que misionarán en los barrios del oeste de la ciudad. El padre Rodrigo solicitó donaciones de alimentos no perecederos.



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