Edición del Domingo 30 de agosto de 2009

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"La lucha contra la pobreza debe estar en los presupuestos" - Edición Impresa - Política | Economía Política

Entrevista a Bernardo Kliksberg

“La lucha contra la pobreza debe estar en los presupuestos”

Su currículum vitae es tan extenso como sus respuestas, que fundamenta con datos y cifras estadísticas, y sobre todo con conceptos que no dejan espacio para las dudas. El economista es el principal asesor de la Organización de Naciones Unidas para América latina.

Germán de los Santos

política@ellitoral.com

Bernardo Kliksberg viajó a Rosario para participar del lanzamiento del Programa de Formación en Excelencia Gerencial Premio Amartya Sen “100 jóvenes por la Ética para el Desarrollo”, y mantuvo una entrevista con El Litoral.

—Usted ha manifestado que la lucha contra la pobreza va a llevar mucho tiempo, pero cuanto antes se empiece mejor. ¿Considera que esta pelea comenzó a librarse en la Argentina? ¿Cree que se rompió con la tendencia de concentración de la riqueza que imperó en los años ‘90?

—En esa década en la Argentina se hizo todo lo posible para que aumentara significativamente la pobreza. Y se logró este objetivo. En el año 2002, los efectos finales de las políticas neoliberales llevaron a que el 58 por ciento de la población estuviera debajo de la línea de pobreza. A principios de los ‘60, antes de la sucesión de dictaduras militares, el país tenía menos de un 10 por ciento. Nadie recuerda a ese país, que poseía una inmensa clase media. No era un paraíso pero la posibilidad de pertenecer a una clase media estaba al alcance de la mano de cualquier argentino.

Después, llegó Menem y logró multiplicar la cantidad de pobres. Desde entonces, se han hecho esfuerzos importantes para mejorar la situación, pero no hay relación entre el potencial del país y el inmenso nivel de pobreza que existen actualmente. Argentina produce cada año alimentos para 300 millones de personas. Y una nación como la Argentina no puede tener cifras de desnutrición infantil como tiene actualmente.

Hay políticas que son serias en el país, como la nueva ley de educación que elaboró Daniel Filmus, que obliga al gobierno nacional a aumentar el gasto en educación de forma gradual hasta llegar al 6 por ciento del producto bruto en el 2010. Sin embargo, la discusión y el abordaje de la pobreza está incompleto, porque faltan discutir los mitos de la pobreza.

—¿Cuáles son los mitos que ha identificado?

—El primero es aquel que se abrió en la década del ‘90, y que se sustenta en lo que se denominó como efecto derrame. Se cree que sólo con el crecimiento económico se puede solucionar la pobreza. Ese mito cayó y fue un fracaso en todos lados. Pero no desapareció de la estructura cultural de razonamiento de las clases medias y altas en la Argentina. Siguen razonando que la pobreza es un subproducto del crecimiento.

Otro mito que hay que derrumbar es que la pobreza debe ser un tema de agenda. Los políticos dicen “hoy nos vamos a ocupar de la pobreza”. No debe ser un tema coyuntural. La pobreza mata, y no es postergable. En la Argentina mueren, según datos de Unicef, ocho niños por día. El tercer mito es que la pobreza es una cuestión de ingresos. La sociedad argentina discute en base a una línea de números. Es mucho más complejo el tema. Las encuestas mundiales advierten que lo que más se quejan los pobres es del desprecio de la mirada de parte de las clases medias y altas. Los miran como si fueran subpersonas. O como si no existieran.

Un cuarto mito es que bajo formas sutiles o explícitas hay que echarle la culpa a los propios pobres por la pobreza. “Los pobres no quieren trabajar”. Esto es una excusa para no ver el problema. En América Latina, hay actualmente 190 millones de pobres. Pensar que esa cantidad de gente no quiere trabajar es miserable. El último mito es que la pobreza es una maldición ancestral. No es culpa de nadie. Menem decía: “Pobres hubo siempre y hay en todos lados”. Era un gran mentiroso con mucha capacidad de comunicación. Pobres no hubo siempre. En la Argentina de los años ‘60 hubo menos de un 10 por ciento de pobres.

—La palabra pobreza ahora está integrada en los discursos políticos. ¿No considera que hay un uso demagógico del término?

—El hecho de que la palabra esté en el discurso es un avance con respecto a la década del ‘90, cuando estaba casi proscripta. Ahora, el término está en los discursos. Es un avance; no una concesión. Y se produce por la presión social que existe en la población. Es decir, la gente exige que los gobiernos se ocupen del tema. Y el discurso político se ha adaptado a esa presión. Pero de ahí de poner esto como prioridad en los presupuestos de los gobiernos hay un largo trecho.

Advertencia sobre un error

—La lucha contra la pobreza no tiene el consenso en la sociedad como otros problemas, como por ejemplo, la inseguridad. Y ambas están relacionadas. ¿Por qué la demanda por más seguridad deja afuera la pobreza?

—La sociedad actual corre el riesgo de ser inducida a un error monstruoso. Tiene todo el derecho a reclamar seguridad porque el delito ha crecido. Pero el análisis que se hace del tema es grosero. Porque no se diferencian los distintos tipos de delincuencia, como el crimen organizado y el delito joven. El primero es necesario combatirlo con todos los instrumentos legales a fondo. Pero el otro, el juvenil es distinto. No se puede combatir la delictualidad joven sin identificar estas razones, que son la desocupación juvenil, educación y familia. La Argentina tiene el 25 por ciento de desocupación juvenil. Uno de cada cuatro jóvenes no tiene ninguna oportunidad laboral. Si hubiera políticas enérgicas de inclusión laboral juvenil se bajaría la delincuencia muy rápidamente.

Con respecto al nivel de educación, es claro. Cuanto mayor es la cobertura y la extensión de la escolaridad baja el nivel de delitos entre los jóvenes. En la Argentina, sólo uno de cada dos jóvenes termina la secundaria. De todos los presos que están en las cárceles, sólo el 5 por ciento logró terminar la escuela secundaria. En relación con la familia, se considera que es la mayor unidad preventora del delito. Las familias pobres se destruyen con mucha frecuencia porque la pobreza barre con todo. Entonces, si se quiere reducir la delictualidad joven hay que generar trabajo para jóvenes en riesgo, aumentar los niveles de educación y proteger la familia.

—La idea de mano dura ha ganado mucho terreno.

—La oferta clientelar y demagógica de la mano dura que aparece con mucha frecuencia en la sociedad argentina surge porque promete a la población que va a solucionar su miedo y su inseguridad rápidamente. Lo que va a hacer es que el problema sea mucho más grave. Esto es antiético y riesgoso para la sociedad. No da ninguna solución. Las cifras de delictualidad donde se aplicó la mano dura han seguido subiendo en diferentes partes del mundo. No se ha apuntado a las causas. Y se destruyen vidas. Estados Unidos ha reemplazado las cárceles por los programas de rehabilitación de drogas. Las cárceles ocasionan un nivel de gastos muy grande y no dan resultado. La Argentina está discutiendo el tema de la inseguridad de manera superficial y peligrosamente. Es uno de los argumentos del neoliberalismo. Para verlo, en términos más generales, se podría agregar que como el concepto económico neoliberal dogmático se derrumbó en Wall Street, se refugiaron en la mano dura, que es lo que queda.

men organizado y el delito joven. El primero es necesario combatirlo con todos los instrumentos legales a fondo. Pero el otro, el juvenil es distinto. No se puede combatir la delictualidad joven sin identificar estas razones, que son la desocupación juvenil, educación y familia. La Argentina tiene el 25 por ciento de desocupación juvenil. Uno de cada cuatro jóvenes no tiene ninguna oportunidad laboral. Si hubiera políticas enérgicas de inclusión laboral juvenil se bajaría la delincuencia muy rápidamente.

Con respecto al nivel de educación, es claro. Cuanto mayor es la cobertura y la extensión de la escolaridad baja el nivel de delitos entre los jóvenes. En la Argentina, sólo uno de cada dos jóvenes termina la secundaria. De todos los presos que están en las cárceles, sólo el 5 por ciento logró terminar la escuela secundaria. En relación con la familia, se considera que es la mayor unidad preventora del delito. Las familias pobres se destruyen con mucha frecuencia porque la pobreza barre con todo. Entonces, si se quiere reducir la delictualidad joven hay que generar trabajo para jóvenes en riesgo, aumentar los niveles de educación y proteger la familia.

—La idea de mano dura ha ganado mucho terreno.

—La oferta clientelar y demagógica de la mano dura que aparece con mucha frecuencia en la sociedad argentina surge porque promete a la población que va a solucionar su miedo y su inseguridad rápidamente. Lo que va a hacer es que el problema sea mucho más grave. Esto es antiético y riesgoso para la sociedad. No da ninguna solución. Las cifras de delictualidad donde se aplicó la mano dura han seguido subiendo en diferentes partes del mundo. No se ha apuntado a las causas. Y se destruyen vidas. Estados Unidos ha reemplazado las cárceles por los programas de rehabilitación de drogas. Las cárceles ocasionan un nivel de gastos muy grande y no dan resultado. La Argentina está discutiendo el tema de la inseguridad de manera superficial y peligrosamente. Es uno de los argumentos del neoliberalismo. Para verlo, en términos más generales, se podría agregar que como el concepto económico neoliberal dogmático se derrumbó en Wall Street, se refugiaron en la mano dura, que es lo que queda.



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