Edición del Sábado 05 de setiembre de 2009

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Tras los "Macedonios" desconocidos: entre el Quijote y el "pensamiento sistemático" - Información General Información General

ENTREVISTA CON DANIEL ÁTTALA, INVESTIGADOR Y ESCRITOR

Tras los “Macedonios” desconocidos: entre

el Quijote y el “pensamiento sistemático”

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Áttala se mostró crítico de la “colonización cultural, por la que se cita con devoción a cuanto autor francés lanza el mercado editorial” y opinó que a Macedonio se lo puede leer “con el mismo tipo de lectura que Georges Bataille, Nietszche, Schopenhauer”.

Foto: FLAVIO RAINA

Santafesino radicado en Francia, Áttala es doctor en Filosofía y en Literatura. Llegó a Santa Fe para visitar a familiares, amigos y a su hija Clara, y para presentar su libro “Macedonio Fernández, lector del Quijote” (Paradiso). En éste presenta una lectura novedosa sobre el pensador y escritor de “No toda es vigilia la de ojos abiertos”.

Estanislao Giménez Corte

egimenez@ellitoral.com

Daniel Áttala es doctor en Filosofía (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, España) y doctor en Literatura (Universidad Grenoble 3, Francia). Oriundo de Gálvez, vivió y estudió en nuestra ciudad el Profesorado en Filosofía y trabajó en la Universidad Nacional del Litoral y en la Universidad Católica de Santa Fe antes de irse a Europa, en 1995. Actualmente, vive en Bretaña (Francia) y enseña literatura en la Universidad de Bretagne-Sud del país galo. Es autor de los libros de relatos “La sonrisa del comerciante” (Beatriz Viterbo, 2003) y “Las violetas de Attis” (Beatriz Viterbo, 2004), y editor de “Impensador mucho” (Corregidor, 2007) colección de ensayos sobre la obra filosófica de Macedonio Fernández. Hace poco presentó “Macedonio Fernández, lector del Quijote” (Paradiso), en la librería Palabras andantes. Nuestro espacio de ideas, de nuestra ciudad, acompañado por Analía Gerbaudo, doctora y posdoctora en literatura por la Universidad Nacional de Córdoba, docente de la Universidad Nacional del Litoral e investigadora del Conicet. El Litoral dialogó largamente con el escritor e investigador sobre diversos aspectos, a menudo no abordados, de Macedonio.

TODOS LOS MACEDONIOS

—¿Por qué, en tu caso, seguir estudiando a Macedonio? y ¿qué es lo nuevo que tratás de desentrañar en tu libro?

—Bueno, Macedonio no es un capítulo cerrado en la historia de la literatura argentina, ni mucho menos. Todo lo contrario. Hay unas mil o dos mil páginas de cuadernos y notas manuscritas, inéditas...

—¿Quién las tiene?, ¿la sucesión familiar?

—No, han sido heroicamente adquiridas por la fundación San Telmo, dirigida por un estudioso de la literatura argentina, que se llama Nicolás Helft y que actualmente trabaja en la Villa Ocampo. Él es quien ha logrado conservar eso, de lo contrario se hubiera perdido... bueno, ése es un ejemplo de los tantos que podríamos encontrar para decir porqué seguimos interesados en Macedonio...

—Esta persona ¿tiene intenciones de publicarlo o de darlo a estudio?

—Bueno, se da a estudio (...) es un archivo que está muy bien conservado. Los investigadores tienen acceso a él, pero con el debido permiso. Yo lo he hecho, pero se ha publicado poco; la última cosa la publiqué yo. Hace unos dos años, en un libro incorporé dos manuscritos inéditos de Macedonio. Son textos del Macedonio filósofo, que es uno de los Macedonios olvidados o desconocidos, e incluso menospreciados por la academia. Pero no es sólo el filósofo el desconocido, sino que se puede decir eso, incluso, del literato. Mi intención es hacer un enfoque, bastante o radicalmente diferente de los que se han venido haciendo en los últimos cuarenta o cincuenta años...

—¿Está la idea de hacer una publicación de esos escritos inéditos?

—Me consta que sí, pero son procesos que llevan tiempo y dinero... Hay, además, unos cuarenta cuadernos, que él escribió durante toda su vida, con notas, reflexiones y recetas de vida cotidiana. Era su ejercicio cotidiano porque él no podía vivir sin escribir. E incluso se dormía con el papel en la mano para registrar esos momentos en donde se entremezclan la vigilia y el sueño...

MACEDONIO Y EL QUIJOTE

—¿Cuál sería, si pudiésemos sintetizarla, la tesis central del libro?

—La tesis central es la enorme importancia que tiene el Quijote de la Mancha en Macedonio. Ello tiene varios costados. (Pero) nunca la crítica vio esto; yo creo que a partir de la lectura de mi libro, a cualquier lector de Macedonio le va a parecer evidente. Porque ¿a quién se relaciona con el Quijote?: a Borges. Borges tiene su cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”, en donde se cuenta la historia de Menard, que justamente intenta contar la historia del Quijote.

Macedonio, quince años antes, en un texto publicado póstumamente, dice “todavía Buenos Aires no ha escrito el Quijote”. Ya en los años ‘20, Macedonio decía que la ciudad tenía que tener su Quijote. Y luego, la otra gran idea de Borges sobre el Quijote, presente en un ensayo que se llama “Magias parciales del Quijote”, es aquélla por la cual se entiende que juegos laberínticos que pueblan su literatura tienen como función hacer sospechar al lector que él puede llegar a no existir; bueno, esa idea, que la crítica europea vigente y actual toma, es en realidad una idea de Macedonio.

Y aparece, por ejemplo, en la revista Sur. Los europeos marcan la tendencia sobre cómo leer a Borges y por lo general no se interesan por el contexto (...) aquí, muchos críticos de Borges repiten a los europeos. Y entonces nadie se percató de que es una idea de Macedonio, pero no sólo es una idea de Macedonio, es “la” idea clave de su novelística, porque ¿qué se planteaba él?: se proponía dar al lector la sensación, por un momento muy breve al menos, de que no existe (...) Creo yo que se ha falseado la historia de la literatura argentina y se ha falseado a Borges mismo. El libro intenta dar ese contexto e indirectamente intento ayudar a la comprensión de la obra de Borges.

MACEDONIO Y LA EXPERIMENTACIÓN

—Habitualmente se entiende que es muy complicado leer a Macedonio: ¿puede ser que ello se deba a que es un autor que “saca” al lector de la lógica que tenemos como lectores? y ¿a qué se puede atribuir esa forma tan particular de su escritura?

—Por un lado, hay un problema editorial. Si las obras estuvieran bien editadas, y uno supiera por dónde empezar, yo creo que leer a Macedonio no sería complicado, de hecho yo creo que no lo es. Ocurre que habría que dar las obras con un aparato para saber por dónde empezar (....) Por otro, si pensamos, por ejemplo, en “Papeles de reciénvenido”, es un conjunto de textos producidos en medio de lo que era la Vanguardia (comienzos del siglo XX), que se proponía romper con los modos de lectura habituales. Él, Girondo y el mismo Borges, entre otros, trataban de desacomodar la cabeza del lector, de romper, de incomodar...

—¿Puede decirse que las novelas de Macedonio son experimentos?

—Yo creo que sí, y tienen que ser entendidas como tales. En el caso de Macedonio, él dice: “Yo tengo una teoría sobre la novela; no sé si voy a poder ejecutarla correctamente. Y voy a intentarlo, pero si mi novela falla, todavía está la teoría”. Eso recuerda muy de cerca el arte conceptual, que es muy vanguardista: son obras que quizás no existen como objeto, pero que existen como teoría, como concepto, como proyecto. Son experimentos (...) que suponen una metafísica, una filosofía....

—Y la teoría ¿estaría expresada en el “Museo de la Novela de la Eterna”?

—Y, la teoría está explicada en todos lados; para ellos, para los vanguardistas, toda obra incluye la teoría... una reflexión. Y ¿quién es uno de los primeros autores que hace eso en la literatura moderna?: Cervantes, en el Quijote, que reflexiona sobre el arte de la novela, al punto que, en la segunda parte, Quijote y Sancho leen la primera parte...

—¿Qué podemos decir sobre el Macedonio filósofo?, yo recuerdo sobre todo los textos de Borges en donde él decía que Macedonio era un gran conversador y tenía una capacidad extraordinaria para la oratoria, que quizás no estaba representada en los escritos...

—Vamos a creerle a Borges. Pero no podemos valorarlo. Borges no conocía en su totalidad los textos de Macedonio. Y a los que nosotros tenemos acceso gracias al trabajo editorial de su hijo (Adolfo de Obieta) en los años ‘50 y ‘60; éstos nos muestran, y debo ser el único que piensa esto en Argentina, un pensamiento sistemático. Para los Macedonianos es escandaloso, porque para ellos él es sinónimo de anarquía. Espero que no sea por vicio profesional, porque yo tengo formación filosófica, pero creo que Macedonio tiene un pensamiento sistemático; encuentro una enorme consecuencia en todos sus conceptos, lo que pasa es que los expresaba de manera un poco caótica, un poco narrativa, llena de chistes, y por lo tanto, sin respetar las leyes del género filosófico académico (....) (Pero) eso hacían también los filósofos románticos, y por eso para mí, si tuviera que ubicarlo, Macedonio es un Romántico, o parece un Romántico...

CURRICULUM VITAE

Macedonio en pocas líneas

Macedonio Fernández (1874-1952) combinó de originalísimo modo lo humorístico y/o irónico con lo filosófico/metafísico, dando a la posteridad textos imposibles de clasificar, muchos de ellos casi “ilegibles”. Fue amigo de Jorge Borges, padre del afamado autor. En 1897, obtuvo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires el título de doctor en Jurisprudencia. Un año más tarde, recibió su diploma de abogado. Dejó la profesión en 1920 y recién en 1928 publicó su primer libro.

-Su formación ecléctica y erudita determinó lo que muchos críticos consideran “sus prodigiosos hallazgos del pensar-escribiendo” (”El paisaje del pensar. Macedonio en Misiones”, Sed, suplemento de cultura del diario El Territorio, 18 de abril de 2000).

-Fue fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas (Misiones); allí también fue director de biblioteca y conoció al escritor Horacio Quiroga. Roberto Bardini, en su ensayo “Macedonio Fernández”, señala que durante mucho tiempo se contará como anécdota que perdió el cargo porque nunca condenó a nadie.

-A su regreso a Buenos Aires, vivió con lo justo en pensiones del barrio de Once y Tribunales. Finalmente, recaló en la casa de uno de sus hijos, donde vivió hasta su muerte.

-Alguna vez se postuló a presidente de la Nación.


Tras los “Macedonios” desconocidos: entre el Quijote y el “pensamiento sistemático”

Dibujo de Macedonio Fernández por Lucas Cejas

MACEDONIO Y BORGES

Textuales

Selección de E.G.C.

-“No se olvide: soy el único literato existente de quien se puede ser el primer lector. Pero además mi libro, y es más inusitado esto todavía, es la única cosa que en Buenos Aires puede encontrarse aún no inaugurada por el Presidente”. (De “Autobiografía”).

-“En aquella estancia donde nadie hacía nada hubo un día en que los habitantes se alegraron al divisar que iba llegando lenta, descansadamente, una persona que no conocían. Lo que llamaremos estaneistas tenían por momentos la incomodidad de dudar de si no faltaría todavía algo que dejar de hacer, que a lo mejor se habrían descuidado de omitir; y este desconocido de tranquilo andar parecióles que tenía todo el aire de ser un experto en el no-hacer y el no-sucederá”. (De “El no-hacer”).

- “Se estaba produciendo una lluvia de domingo con completa equivocación porque estábamos en martes, día de semana seco por excelencia. Pero con todo esto no estaba sucediendo nada: la orden de huelga de sucesos se cumplía” (De “Una novela para nervios sólidos”).

- “He fracasado como escritor -quisiera acordarme de algo en que no haya fracasado para mostrar la variedad de mis andanzas-”. (De “Una novela que comienza”).

BORGES LO DIJO

- “Macedonio me dijo que él escribía para ayudarse a pensar. Es decir, él no pensó nunca en publicar y le daba tan poca importancia a sus escritos, que se mudaba de una pensión a otra y abandonaba allí sus escritos”. (Pág. 37/38).

-“Yo nunca he oído a una persona cuyo diálogo impresionara más, y a un hombre más lacónico que él. Casi mudo, silencioso. Nos reuníamos para escucharlo todos los sábados alrededor de la medianoche, y nos quedábamos hasta el alba oyéndolo. Y Macedonio hablaba cuatro o cinco veces cada noche”. (Pág. 38).

- “Con los amigos decíamos: “¡Qué suerte la nuestra!, haber nacido en la misma ciudad, en la misma época, en el mismo ambiente que Macedonio’”. (Pág. 43).

De “Diálogos”, de J. L. Borges-Osvaldo Ferrari. Ed. Seix Barral, Barcelona, 1992.

-“Trataba de ocultar, no de exhibir, su inteligencia extraordinaria; hablaba como al margen del diálogo y, sin embargo, era su centro”. (Pág. 76).

- “Macedonio poseía en grado eminente las artes de la inacción y la soledad. La vida pastoril de un territorio casi desierto nos había enseñado a los argentinos el hábito de la soledad sin el tedio; la televisión, el teléfono y ¿por qué no decirlo?, la lectura tienen la culpa de que hayamos desaprendido ese precioso don”. (Pág. 80).

- “A Macedonio la literatura le importaba menos que el pensamiento y la publicación menos que literatura, es decir, casi nada”. (Pág. 87)

De “Prólogo con un prólogo de prólogos”, de J. L. Borges, Alianza Editorial, 1998.

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Macedonio Fernández



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