El dulce sonido de la Calabria
El dulce sonido de la Calabria
Nidya Mondino de Forni
Italia es un país que ha sabido cultivar la grandeza de sus ciudades menos conocidas, de sus aldeas y pueblos. Es que no existe prácticamente ningún lugar en ella que se quede mudo ante el llamado de la historia, el arte, las tradiciones populares y gastronómicas. Es precisamente Calabria, la más meridional de las regiones de la Italia peninsular, bañada por los mares Jónico y Tirreno, y separada de la Sicilia por el estrecho de Messina, la que responde a ese llamado, principalmente, por sus miles de actividades artesanales. Una de ellas nos revela una Calabria secreta e imprevista que tiene que ver con el mundo mágico de la música. Se trata de un taller, donde, con los mismos cinceles, los mismos moldes, las mismas maderas y sobre todo, con el mismo amor, cada uno de sus integrantes repite cada día el milagro de crear un instrumento musical. Violines, guitarras, mandolinas, ukeleles nacen en el taller en modelos idénticos por siglos, figurando ya en el catálogo de los fabricantes de instrumentos de cuerda como una dinastía de “violeros”, así como las ramas de un árbol genealógico imperial. El nombre de violeros sigue utilizándose, aun cuando la palabra “viola” designa hoy a un instrumento especial, porque antiguamente se aplicaba a todo un grupo de instrumentos cuyas cuerdas se hallaban dispuestas sobre una caja de resonancia provista de un mango de madera: tiorba, laúd, vihuela, espineta, quintón, violas...
Es costumbre remontar a Gasparo da Salo el origen de la gran escuela italiana de violeros, que daría forma definitiva al violín y a su familia. Famosa fue la dinastía de los Amati. Andrea Amati, sus dos hijos Antonio y Girolamo, y en especial el hijo de éste Nicola, quienes perfeccionaron sucesivamente los primeros esbozos; en ellos se inspiró la “lutheria” francesa del siglo XVIII. Sobresalen también los Guarnierius: Andrea, Giuseppe (llamado el Gesú) y Pietro. Pero corresponde a Stradivarius la gloria de haber dado a estos instrumentos sus definitivas proporciones, logrando el atrevimiento y la belleza de facturas y de líneas que ya no serían superadas. Todos ellos llevaron así a su apogeo a este arte en los siglos XVI y XVII, e hicieron a Cremona célebre en el mundo entero.
Saltando en el tiempo, entre aromas de ámbar, maderas exóticas y antiguas, encontramos el Taller de los De Bonis, en la ciudad de Bisignano de la provincia de Cosenza (región de Calabria), precisamente en el barrio de la Giudecca. Allí, los nietos, transformados en padres, luego en abuelos, están siempre capacitados para tomar el puesto dejado vacío por algún antecesor, y continuar con el trabajo que no debe finalizar jamás.
Se cree que el particular sonido obtenido, que por otro lado ha fascinado a grandes músicos, se debe a una combinación de elementos tales como la elección de la madera (brindada mayoritariamente por los espectaculares bosques de la región), las proporciones y los pegamentos utilizados.
En el taller se pueden admirar las distintas fases de la elaboración, los moldes, las numerosas herramientas y bancos de trabajo originales. Las paredes tapizadas de instrumentos y piezas sueltas. En una de ellas se descubre la imagen de Giuseppe Verdi, como la de un amigo importante que siempre lo visitaba para encargarle un violín. Era siempre el mismo taller y era siempre un De Bonis que respondía a su pedido y que, con la misma modestia, haría lo mejor que podía para complacer a tan ilustre cliente.
Con el tiempo, los De Bonis han logrado imponer una especialidad: la mandolina-arpa, de forma insólita y con un sonido especial. Vincenzo De Bonis III es el último representante de la dinastía. Fue iniciado por su padre Giacinto, junto con su hermano Nicola (1918-1978). Éste, además de hábil instrumentista, es autor de la “Tarantella Bisognanese”, también creador de inolvidables instrumentos de incomparable belleza, considerados piezas únicas por su pureza creativa y la perfección de su acústica. El profesor Vincenzo III, respetando siempre los cánones de la tradición en la elaboración de sus antecesores, hace que hoy, como ayer, sean tan apreciados sus trabajos hasta por coleccionistas que lo ven como un objeto sacro, un producto original de un arte donde la mano humana es insustituible.
Actualmente, para no perder los valores de este quehacer antiquísimo, se ha establecido en Bisignano una Escuela Regional (apoyada por las autoridades comunales) para la construcción de violines. El profesor supervisa el trabajo. Cada mes de mayo se organiza un congreso internacional de lutería, dedicada exclusivamente a la familia De Bonis, con muestras, conciertos, conferencias, con la presencia de numerosos artistas y personajes de fama internacional. Aunque el volumen de trabajos del taller no tiene la importancia de otros centros, sobresale sí por su acendrado espíritu artesanal.
Se ha acordado remontar a Gasparo da Salo el origen de la gran escuela italiana de violeros, que daría forma definitiva al violín y a su familia.
Foto: Archivo El Litoral