Publicaciones

“El curioso caso de Benjamin Button”

Francis Scott Fitzgerald es autor de no pocos cuentos antológicos (como “El joven rico”, “Absolución” y “Babilonia revisitada”), entre los cuales se encuentra “El diamante tan grande como el Ritz”, que Punto de Lectura acaba de publicar como complemento de “El curioso caso de Bejamin Button”, que ha merecido el interés de los lectores a raíz del éxito del film homónimo, que narra la vida al revés del personaje cuyo nombre aparece en el título. Hacia 1860 nace un niño de 70 años, que progresivamente irá decreciendo con los años hasta desvanecerse en lo nonato. Fitzgerald sabe aprovechar los efectos cruciales de tal fantasía (la amistad con el abuelo, siendo anciano; el nacimiento del amor y el progresivo desinterés al rejuvenecer mientras su esposa envejece; la confusión que se presenta al ser más viejo que su padre y más joven que su hijo y sus nietos, etcétera), con una brillante e inteligente agilidad (que en verdad falta al celebrado filme de David Fincher).

“El diamante tan grande como el Ritz” es también un cuento fantástico y rebosante de imaginación. El narrador es invitado por un hermético compañero de universidad a pasar sus vacaciones en su estancia. El lugar resulta no sólo apartado, sino inaccesible, y esconde al palacio y a la familia más ricos del mundo. Toda la fortuna depende de una montaña formada por un único brillante, del cual sólo algunos fragmentos bastaron para enriquecer de tal manera a la familia. Sólo que, para mantener el secreto y evitar la expropiación, se ven obligados a mantener prisioneros o asesinar a todo extraño que llegue a conocer el lugar. Destino, pues, que el narrador comprende le sucederá también a él. El diálogo final transforma al cuento en una gran alegoría, efecto que Fitzgerald supo utilizar con éxito en varias de sus ficciones. Perdido el paraíso, una de las hijas de familia mira el cielo y dice: “Nunca me había fijado en las estrellas. Siempre me las he imaginado como grandes diamantes que tenían un dueño. Ahora me dan miedo. Me dan la sensación de que todo ha sido un sueño, toda mi juventud”. Y el narrador le confirma: “Ha sido un sueño. La juventud siempre es un sueño, una forma de locura química”. Y poco después sentencia: “Sólo hay diamantes en el mundo, diamantes y quizá el miserable don de la desilusión”.

2.jpg