Al margen de la crónica

Aire fresco a la ciencia ficción

A lo largo de su historia, que arranca por 1902 con “Viaje a la Luna” de George Méliès, la ciencia ficción cinematográfica fue usada en repetidas ocasiones para reflexionar sobre problemáticas sociales, políticas, filosóficas y hasta costumbristas de cada época.

En la década del ‘20, Fritz Lang cuestionó, a través de la apocalíptica mirada de la sociedad del futuro propuesta en “Metrópolis” la opresión de la clase obrera, obligada a vivir en guetos subterráneos. Y en los años ‘50 la furibunda persecución de comunistas en Estados Unidos promovida por el senador Joseph McCarthy, fue criticada o defendida a través de la metáfora de la invasión de seres del espacio. También por esta época la ciencia ficción se dedicó a exhibir las paranoias de la época, como el temor al desastre nuclear. Y en los ‘60 y ‘70, el género tomó conciencia de la posibilidad de reflexionar y exhibir una amplia gama de problemáticas que hasta entonces parecían vedadas, debido a las limitaciones propias de su condición de clase B.

Sin embargo, en los últimos años, salvo algunas honrosas excepciones como “Minority Report: sentencia previa” de Steven Spielberg o “Cloverfield” (jugada propuesta de Matt Reeves), el género cayó en una progresiva banalización. Y por eso, la reciente “Distrito 9” de Neill Blomkamp trae consigo el aire fresco necesario. Anclada en Sudáfrica, narra cómo un contingente alienígena -nada hostil, a diferencia de aquellos malvados marcianos de los años ‘50- que llega a la Tierra es confinado a vivir en condiciones penosas en un campo de concentración.

A partir de esta premisa, el director aprovecha para exponer su visión sobre la segregación racial y sus resultados nefastos. Lo que pone de manifiesto que es posible recuperar las potencialidades de la ciencia ficción para hacer buen cine, a la vez comprometido.