Lengua viva
Lengua viva
El valor del “cuatro”
Evangelina Simón de Poggia
En nuestra cultura, que un joven llegue a su casa después de un examen y les diga a los padres que sacó un “4” es desilusionante para ellos. La pregunta es: pero... ¿qué te pasó? Parece un aprobado de lástima, lamentable, es síntoma de haber demostrado pocos conocimientos, sobre el tema que se trate o materia. En realidad, no se está valorando el límite que separa el conocimiento de la insuficiencia del mismo. Un “cuatro” es de fundamental importancia, es el símbolo que nos dice que el individuo ha desarrollado capacidades que le permitirán seguir construyendo conocimientos superiores sobre el área tratada, que posee destrezas que le permitieron resolver las sucesivas problemáticas planteadas propias de la dinámica de una evaluación, lo cual será de gran importancia para la construcción de su futuro cognitivo; que ha logrado integrar conocimientos, hacer asociaciones y relaciones, demostrando que el saber no es estático, sino dinámico. En realidad, ¿qué estamos diciendo? Que el alumno comprendió que el conocimiento no sólo es movible, sino que debe de ser movible de tal suerte que podamos usarlo allá donde lo necesitemos, aunque se trate de distintos ámbitos del saber, que todo tiene que ver con todo, por más que las miradas sobre el objeto de que se trate estén enfocadas desde el propio ángulo de cada ciencia.
Entre el “tres y el cuatro” está la paralela que simboliza la diferencia entre el encuentro con la plataforma que al alumno le permitirá volar hacia otras instancias superiores o que todavía no se ha encaramado a ellas y por tanto no podrá emprender ese vuelo. Tendrá que esperar para lograrlo. Más allá del “cuatro” se encuentra el plus que gana porque ha demostrado que ingresó en mayor medida en las complejidades de ese conocimiento pretendido, en el mayor desarrollo de sus destrezas y capacidades resolutivas en esa instancia evaluativa tan particularmente difícil y angustiante, que sus estrategias discursivas han podido formalizar fehacientemente la complejidad de su pensamiento y tantas otras.
El problema está en que representamos cuantitativamente lo cualitativo. En una época, no tan lejana, pretendimos representar conceptualmente los resultados de los aprendizajes. ¿Recuerdan al “ no satisfactorio” , “satisfactorio” y “muy satisfactorio”? Fue un buen intento, pero fracasó. ¿Por qué? Tal vez, porque la mayoría de los docentes nos negamos a cambiar, a incorporar nuevas posibilidades; constantemente hacíamos la transposición al número ¡inevitablemente! Sin embargo, era una representación de resultados más justa, el abanico de posibilidades era mayor sin correr el peligro de cometer errores, de alejarnos de la chispa que a veces se produce en la intersección entre el juego planteado: cualitativo/cuantitativo.
No minimicemos al “cuatro” , pues es la base de la pirámide cognitiva que el individuo pretenda construir.