Edición del Sábado 05 de diciembre de 2009

Edición completa del día

Las bebidas para la fiesta - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

missing image file

Las bebidas para la fiesta

Se vienen las fiestas -será una colisión: uno va embalado hacia el fin de un año de dientes apretados y remos soldados a los puños y las fiestas vienen de frente hacia nosotros- y uno de los rubros más importantes es el de las bebidas. Más vale, tomatela, mirá.

TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI

Antes, la bebida para las fiestas estaban monolíticamente (líquidamente) reguladas y solucionadas de antemano: tanque de doscientos litros de aceite cortado al medio, con clericó, y a lo sumo un par de damajuanas o un barril. El clericó funcionaba para antes y después de la comida, el vino o la cerveza para el pavo o lo que hubiera ahí.

El tema de la bebida no es moco de pavo -menos mal, sería feíto tomar eso-, pero siento que hoy se ha desregulado tanto que se ha llegado a la fragmentación y al caos: tipos que traen dispares botellas de vino bajo el brazo y entonces conviven el tetra rasca del rasca de tu primo con la lujosa botella que luego ves mezclada con soda en algún vaso apócrifo y recordás que no debés asesinar a nadie, no debés asesinar a nadie, que el espíritu navideño y todas esas cosas...

Otro trae cerveza o insiste con un barril; la nona igual prepara un clericó que es confinado a la heladera y quizás no sale de allí hasta el 27 o 28 de diciembre en que alguno lo encuentra conforme se le va pasando y necesitando otra borrachera...

Encima están las sidras y todas las bebidas ocasionales: espumantes, champagnes, vinitos con frutas y gas que todavía intentan conservar su lugar tradicional, ganado con años de reales etiquetas negras, ramas que se cayeron y otras. No son hoy la primera opción, pero en el calor y en el fragor de las gargantas que ya se han calentado y requieren refrigeración a base de alcohol, igual aparecen y matizan los vinos variopintos y el resto de las bebidas presentadas en la mesa y sus alrededores.

Por último, tallan a la hora de las picadas y los brindis posteriores, todas esas opciones de mezclas con vodka, gin, energizantes que te dejan empedado igual o peor que las otras, pero con ganas de seguir, encarar a la vecina o hacer cualquiera de todas las barrabasadas que habitualmente uno hace en las fiestas, con la excusa absolutoria de que te queda un año entero para que se olviden y te olvides de lo que pasó...

Y, finalmente, aparece la fuerza de la juventud. A alguien, con experiencia en boliches, bares, pubes (yo pluralizo como me sale, no se olviden que estuve probando todas estas bebidas que menciono: periodismo de investigación, que le dicen; honestidad intelectual si quieren también), se le ocurre innovar y poner una “barra de tragos”.

Es lo mismo, nada más que ahora, todas las bebidas ut supra están allí a disposición y obscenamente a mano y hay gente dispuesta a mezclar todo con todo, desde el viejo bitter del tío hasta ron, desde el mítico destornillador hasta las nuevas opciones no menos explosivas, todo allí, mezclados con jugos, concentrados, papillas infames, hielos picados, granadinas empalagosas y colores de dudosa sanidad, todo, listo para ser mezclado e introducido en los organismos celebrantes.

Como la barra ya está allí (y uno suena como un anticuado si pide un pedestre fernet con cola), la ingesta comienza desde temprano, desde que pisaste la casa elegida para la convocatoria familiar, y nunca se detiene. La barra tiene carácter aditivo (se suma a todo lo anterior) y adictivo también: si tomaste uno con tanta alegre facilidad, después seguís tomando.

Puede ocurrir que al principio alguien asuma la responsabilidad de hacer y mezclar con cierto arte los tragos solicitados, pero el argentino no es constante, al menos para eso, y entonces al rato ya cualquiera se hace cargo de preparar el egoísta trago personal mezclando esto con ¿esto qué es? y así siguen.

Yo no quiero que vuelvan las viejas épocas monoetílicas, pero ruego a todos mis familiares un poco de organización carajo, porque no soporto que sobrevivan cuatro botellas gin y no haya ni una sola de vodka. No me lo trago, miren.



Compartir:
Imprimir Compartir por e-mail
  
Sábado 05 de diciembre de 2009
tapa
Necrológicas Anteriores

Descargá gratis la aplicación de EL LITORAL, ¿Desea Instalarla?