Entre el marasmo y el extravío

Por Carlos Bernatek

“El caso Voynich”, de Daniel Guebel. Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2009.

Un pergamino medieval indescifrable puede conducir a diversas experiencias librescas. Y si el manuscrito en cuestión encima es real y puede hallarse en alguna recóndita biblioteca, monasterio o colección arcana, la materia en cuestión parece augurar posibilidades editoriales. Pero en este caso no se trata de una fantasía de Tolkien: el Manuscrito Voynich se halla actualmente en la Biblioteca Beinecke que atesora documentos y libros extraños en la Universidad de Yale. Pese a la escasa difusión pública del tema, puede hallarse vasta (y basta) información sobre las 240 páginas del pergamino que ha sobrevivido unos 500 años.

Un periodista argentino, dedicado al tema, Marcelo Dos Santos, publicó el libro titulado “El Manuscrito Voynich”, que hasta llegó a reeditarse en más de una oportunidad, y circula por España e Iberoamérica. Lo curioso del texto es que aparece en la sección “esoterismo” de los catálogos.

En el extremo opuesto, el que ocupa la literatura de ficción, asoma esta novela. Daniel Guebel (Buenos Aires, 1956), con casi una decena de libros publicados, retoma el asunto con “El caso Voynich”. La diferencia a priori, resulta del abordaje literario de un tema de intriga o divulgación científica o de especulación pseudocientífica, sobre el cual el autor se propone discurrir más alla de la mera anécdota.

Con este panorama, asume un tono riguroso que, una vez introducidos en el tema, aguardamos a que sea vulnerado por su imaginación en sintonía con la sustancia que manipula. Lo inexplicable, lo indescifrado, aparecen aquí como materia maleable. Hasta puede imaginarse el lector, el desmadre a que llevaría el argumento en manos de ciertos autores. Pero el camino elegido por Guebel no frecuenta esos sitios quizá previsibles. La desición es administrar lo cierto, lo probable y lo delirante en un idéntico plano y registro narrativos. A poco de andar sobre la base “real” de la historia, la catarata de nombres de supuestos autores y sucesivos poseedores del texto preanuncia el marasmo y el extravío, recursos que complican hasta la dificultad el seguir la argumentación sin una cartografía adecuada. Pronto nos damos cuenta de que esa lógica resulta irrelevante.

Una lengua imposible, un códex sin explicación, un sentido ausente de razonabilidad, conducen al laberinto. ¿Pero de qué trata el manuscrito Voynich? ¿Es un herbario de vegetales inhallables, un mapa estelar de galaxias aún no detectadas, un manual alquímico, un texto gnóstico, un documento encriptado? Al correr de las páginas, matizado por las intromisiones zumbonas pero moderadas del narrador, el interés por la revelación se desmonta en función del tránsito demente del manuscrito. En ese itinerario de nombres reales se inmiscuye otros apócrifos, el absurdo, guiños o anacronismos deliberados que van matizando un sendero laberíntico.

Como condición casi implícita, o como destino natural que aguardábamos del texto, aparece la rendición de culto a la literatura (“el manuscrito es la fuente donde abrevaron Rabelais y Sterne, es la versión extrema, ¡inventada en el siglo XV!, del monólogo interior de Molly Bloom. Su radical ilegibilidad es la clave de la literatura del futuro”, dice en pág. 102). Y en un malabar postrero, ya en el epílogo, como bajada a territorios familiares, aparecen los nombres pertinentes de la literatura argentina, socios y probables cómplices a quienes cabe el parentesco sobre el tema: Xul Solar y Macedonio Fernández, para coronar la torta simbólica con el texto y el autor precisos: Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius, de Jorge Luis Borges.

Este manual de fabulaciones, no reniega de sus fuentes de documentación disponible a través de Internet, lo cual subraya, con su matriz de hipertexto, el empleo de materiales de diverso origen para construir su materialidad literaria. La opción estética es clara: que una anécdota, excesiva como esta, en última instancia, puede ser lo de menos; que a la literatura no le interesa en absoluto su resolución, y que poco importan la autoría o el origen de la excusa que sirven a un escritor para remontar una estructura narrativa. “El caso Voynich” trae adosado al libro una reproducción parcial en facsímil del manuscrito, que de poco servirá a los interesados en descifrar enigmas.

Entre el marasmo y el extravío

Una página de “El Manuscrito Voynich”.

Entre el marasmo y el extravío