Al margen de la crónica
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El cine de la desmesura
Las películas dirigidas por James Cameron se pueden asociar fácilmente con dos términos concretos: innovación y desmesura. Desde que hizo sus primeras armas al frente de una producción cinematográfica, allá por los albores de la década del ochenta, sus trabajos tuvieron la manifiesta intención de sorprender y atrapar al espectador. Ejemplo de esto es su primer éxito internacional, devenido hoy en clásico absoluto, “Terminator”. A través de este mítico filme que cumplió 25 años de vigencia en la cultura popular, Cameron no sólo reconfiguró las pautas de la ciencia ficción y lanzó a la fama al pétreo Arnold Schwarzenegger; también demostró su gran capacidad e ingenio para generar efectos especiales al servicio de sus historias. Aspecto que potenció más tarde en “Alien, el regreso” y “Abismo”.
Luego, en los 90’ logró lo imposible: recrear (con un presupuesto enorme al alcance de la mano) el hundimiento del Titanic en una de las superproducciones más impresionantes jamás dirigidas. Y el público agradeció su osadía garantizando un éxito de taquilla.
Este año, ya convertido en una especie de rey Midas del séptimo arte, Cameron presentó la que tal vez sea su película más ambiciosa: “Avatar”. En este esperadísimo film -que tras su reciente estreno en Estados Unidos ya dividió las aguas entre defensores a ultranza y críticos- no sólo arriesga una historia novedosa ambientada en un planeta lejano, también despliega una tecnología digital hasta ahora nunca utilizada para la diagramación de los espectaculares escenarios y personajes. En Argentina, se estrenará justo el primer día de 2010. Y las expectativas -en buena medida por la puesta en marcha de una impresionante maquinaria de marketing- son marcadas. Lo cierto es que los espectadores estarán ante una “bisagra” en la historia de la técnica cinematográfica.