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El arte de las adivinanzas
“Se puede decir que las adivinanzas pertenecen al campo de lo que la teoría literaria resume como fórmula lingüística, al que las elites ilustradas han considerado de un modo recurrente un desdeñable lugar común y una trampa fatal para quienes pretenden volar alto en el cielo de las letras, por lo que se debe extremar el rigor para sortearlo”, sostiene Adolfo Colombres en el prólogo de “En el campo me crié”, una deliciosa recopilación de adivinanzas tradicionales de Ivana Alochis y Vanina Rodríguez, publicada por Ediciones del Sol, que recoge textos de dos obras capitales en el tema a nivel nacional (“Adivinanzas rioplatenses”, de Robert Lehmann Nitsche y “Adivinanzas criollas”, de Ismael Moya), aparte de acudir a otras fuentes y a trabajos de campo.
Una primera sección está dedicada a los animales, con adivinanzas como éstas: “Madre me labró una casa/ sin puertas y sin ventanas/ y cuando quiero salir/ rompo antes las murallas” (El pollo). “Si me preguntas/ cómo se llama/ este gran bicho/ ya te lo he dicho” (La llama). “Adivina quién yo soy:/ al ir parece que vengo,/ y al venir/ es que me voy” (El cangrejo).
Sigue una sección dedicado a los vegetales: “Ave soy, pero no vuelo;/ mi nombre es cosa muy llana;/ soy una simple serrana,/ hija de un hijo del suelo” (La avellana). “Vive bajo tierra,/ muere en la sartén,/ sus diez camisitas/ llorando se ven” (La cebolla). “Conozco una viejita/ muy arrugadita,/ con un palito/ en la cabecita” (La pasa de uva).
Sobre objetos: “¿Cuál es la cosa que cruda/ ni existe ni puede ser,/ pero se la encuentra asada/ y no se puede comer?” (La ceniza). “Me fajaron al nacer,/ mi vida ardiendo se pasa,/ y ya viejo y consumido/ todos me arrojan de casa” (El cigarrillo). “Adivina, adivina,/ redondo, redondo,/ no tiene tapa,/ ni tampoco fondo” (El anillo). “El que la hace/ no la goza,/ el que la ve/ no la desea./ El que la goza/ no la ve” (La sepultura).
Naturaleza y astros: “Ni Eva, ni Eva./ El que no lo adivina/ ¡qué susto se lleva!” (La nieve). “Andando por un camino/ sin quererlo la encontré./ Quise buscarla y no hallándola/ a mi casa la llevé” (La sombra). “¿Qué será? ¿Qué será?/ ¿Una cosa que aterra,/ que se abre y se cierra/ como fusil de guerra?” (El refucilo). “¿Quién será esa dama blanca/ que va con el pelo suelto/ por un campo iluminado/ sin guía ni compañero?” (El cometa).
El cuerpo humano: “Adivina, adivinanza:/ tiene un solo ojo/ y una cara ancha” (La panza). “Una serpiente feroz y ligera/ que jamás se aparta de su madriguera/ y que moviéndose en su prisión/ a muchos causa su perdición” (La lengua).
Abecedario: “En medio del cielo estoy/ sin ser lucero ni estrella,/ sin ser sol ni luna llena./ A ver si aciertas quién soy” (La letra e). “¿Qué es lo que se pronuncia/ una vez en un minuto/ y dos en un instante? (La letra t).
Alimentos: “Te lo estoy diciendo ahora/ y te lo diré después./ Piensa sólo un momento/ y comprenderás qué es” (El té). “Tengo sin ser taza el asa,/ tengo sin ser clave el do./ El fuego a otro mata/ a mí me vuelve mejor” (El asado).