Inundaciones y sequías

Arquitecto Hugo Mario Arriola Klein.

DNI. 10.065.480.

Señores directores: Nuestro país vive los extremos climáticos como el resto del mundo, y el único responsable es la humanidad con una sociedad excesiva en consumo. Los cambios son cada vez más frecuentes y las sensaciones térmicas extremas nos ponen en alerta. Debemos prever proyectos de envergadura que posibiliten soluciones a nuevas generaciones, caso contrario el futuro será sombrío. Comenzar la tarea de tomar conciencia de la agresión producida al medio ambiente es fundamental y ésta deberá ser impartida desde las instituciones públicas y privadas de la educación y comunicación, con la participación activa de entidades intermedias y un apoyo gubernamental.

Verificar las causas y consecuencias de este fenómeno implica inculcar el cambio de energía “sucia” a limpia. Actualmente ésta proviene del carbón, petróleo, etc., o nuclear, contaminantes del medio ambiente y causantes del recalentamiento global. Las únicas energías compatibles con el desmesurado crecimiento de la humanidad son las catalogadas “limpias” como la eólica (utilización del viento), solar e hídrica (utilización de represas y corrientes fluviales); inclusive las hay marítimas (movimientos de las mareas).

Pero, ¿qué hacemos con los excesos naturales de energía como las masas de agua que traen inundaciones? Existen como contrapartida de este fenómeno otras regiones que tienen severas sequías y la solución es viable. Enviar a los reservorios naturales existentes (diques, represas, hondonadas, etc.) el exceso de agua mediante conductos o canales por bombeo o pendiente. Estos debidamente forestados dejarían actuar las raíces de los árboles ayudando a penetrar el líquido a las napas subterráneas, recreando un microclima para aquellas especies de animales y plantas autóctonos y seguramente un espacio humano para turismo. Un ejemplo de este caos es el noroeste argentino (Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Córdoba y Santiago del Estero), que se irá agravando con el paso del tiempo, a medida que el recalentamiento global ocurra y deshiele las reservas naturales en los picos montañosos. Debemos considerar de manera urgente un proyecto que garantice la vida y para eso antecedentes sobran en la historia: romanos con sus acueductos y babilonios con sus jardines colgantes. ¿Por qué no pensar entonces en el envío de agua desde aquellas provincias inundadas (Chaco, Formosa o Santa Fe) hacia aquellas regiones de sequía?