Al margen de la crónica

Organización paralela

Ya pasaron 11 días de marzo y, por desgracia, la rutina semanal no se termina de acomodar. El comienzo de clases estaba previsto para el primer día de este mes; sin embargo, los reclamos docentes -sin discutir la validez del mismo- decantaron en paro. Este comienzo -tan esperado por grandes y chicos- se tuvo que trasladar unos días más generando inconvenientes en cada grupo familiar. Las mochilas a estrenar, los lápices nuevos y los cuadernos recién forrados se tuvieron que volver a guardar hasta que termine la medida de fuerza por más que los “bajitos” pregunten una y otra vez por qué no podían ir al aula. Empezó la segunda semana y esta escena retornó a los ámbitos familiares.

Lamentablemente, la organización lógica -en la mayoría de los casos, los padres trabajan y los chicos van a la escuela- a esta altura del año ya se vio perturbada. Los adultos se vieron obligados a improvisar salidas de emergencia para que “alguien” se quede con los chicos. En el mejor de los casos, las abuelas -que tienen disponibilidad y ganas- relegaron algunas de sus actividades personales para hacerse cargo de los pequeños; en el peor, las niñeras resultaron beneficiadas al sumar más horas de trabajo a su jornada. Mientras tanto, los padres -que deben continuar cumpliendo con sus obligaciones laborales- ven que su lista de gastos -a las cuotas de colegios deben sumarle las horas extras que deben abonar al personal doméstico- aumenta sin darle respiro.

Una organización “paralela” que a esta altura del año no debería existir si cada cosa se solucionara en tiempo y forma; y el ámbito que corresponde sin perjudicar a los más inocentes. Una organización que afecta al verse invadido un espacio -propio de los más “bajitos”- que es básico y elemental en el crecimiento de una persona.