Informe del Comité de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría santafesina

Accidentes por sumergimiento: segunda

causa de muerte de menores de 15 años

Los ahogamientos y casi ahogamientos -como se los denomina técnicamente a los casos en que el niño sobrevive a ese primer día- son considerados accidentes domésticos, pero que deben ser tratados como una lesión externa, ya que son episodios prevenibles y previsibles.

Accidentes por sumergimiento: segunda causa de muerte de menores de 15 años

Los niños que sufren un episodio de sumersión presentan al inicio desesperación y pánico, con intento de luchar para evitar el ahogamiento.

Foto: Mauricio Garín

 

 

De la redacción de El Litoral

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Los accidentes por sumergimiento (ahogamiento y casi ahogamiento) son una causa importante de morbimortalidad en niños santafesinos y en nuestro país es la segunda causa de muerte en niños de 1 a 15 años, luego de las lesiones por tránsito, advirtieron los Dres. Silvana Botto y Lucas Navarro, médicos pediatras integrantes del Comité de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) filial Santa Fe.

Tras definir al ahogamiento como el fallecimiento dentro de las 24 horas de la sumersión en líquidos y al casi ahogamiento cuando el paciente sobrevive a ese primer día (si acaba falleciendo se llama ahogamiento secundario), aclararon que -si bien se los incluye dentro de los accidentes domésticos- no deben ser tratados como tal, sino como una lesión externa, ya que son episodios prevenibles y previsibles.

Respecto de estos accidentes, advirtieron que las causas asociadas a estos eventos se focalizan en aquellos lugares donde existe agua acumulada, como baldes y cunetas, circunstancias más frecuentes en menores de 15 meses, piletas de natación, piletines (niños de 15 meses a 4 años), y fuentes naturales de agua como el río, mar y lagos (adolescentes).

Los episodios -precisaron- están por lo general relacionados con el juego y el deporte, y el ámbito más frecuente es el mismo domicilio, al tiempo que remarcaron que la falta de supervisión directa de los niños provoca una alta correlación con los episodios.

“En Santa Fe fue más frecuente en niños menores de 5 años y varones (8 niños vs. 3 niñas). Los pacientes procedían: 5 de nuestra ciudad, 1 de Rafaela, 1 de Bella Italia, 1 de María Susana, 1 de La Guardia, 1 de Barrancas y 1 de Esperanza”, explicaron.

Y agregaron: “En los casos en que se registró el mecanismo de sumergimiento se evidenció que: un niño cayó en un pozo creado para desagote de agua de lavarropas, 1 en una cuneta con agua, 2 sufrieron sumersión en un fuentón con agua limpia, 2 en baldes, 3 en piletas de familia y 2 en ríos o lagunas. Tres niños fallecieron ahogados y un niño falleció 1 año después del casi ahogamiento por las secuelas ocasionadas por aquel episodio”.

Desesperación y pánico

Por otra parte, los pediatras mencionaron que los niños que sufren un episodio de sumersión presentan al inicio desesperación y pánico, con intento de luchar para evitar el ahogamiento y luego sumersión con pérdida de conocimiento. El ahogamiento afecta principalmente el sistema circulatorio, respiratorio y nervioso, llevando a hipotermia, coma, paro cardiorrespiratorio y muerte.

Por este motivo, recomendaron que “si uno presencia o debe atender un niño casi ahogado debe retirarlo inmediatamente del agua; si respira o está consciente, debe tratar de secarlo y pedir asistencia médica. Si está inconsciente, no respira o no se mueve, y usted sabe administrar respiraciones y masaje cardíaco debe iniciar esto de inmediato y luego solicitar asistencia médica. Lo que no se debe hacer es provocar el vómito ni intentar “sacar el agua de los pulmones’ ”.

Respecto de las secuelas que puede ocasionar un casi ahogamiento, plantearon que las mismas pueden ser muy discapacitantes y llevar a la muerte, al tiempo que agregaron que están relacionadas con la duración de la sumersión, la edad del niño, las características del líquido en el que se produjo el accidente y la pronta respuesta médica.

Por último, los Dres. Botto y Navarro mencionaron que “el hecho de que los niños sepan nadar es un reaseguro de supervivencia ante una emergencia, pero debe advertirse a los padres que la participación de los niños en estas actividades no garantiza que exista una razonable certeza de que puedan mantenerse a flote o nadar hasta que llegue el eventual auxilio ante una emergencia”.

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El hecho de que los niños sepan nadar es un reaseguro de supervivencia en una emergencia, pero no garantiza que exista una certeza de que puedan mantenerse a flote o nadar hasta ser auxiliados.

Foto: Luis Cetraro

Consejos para tener en cuenta

Desde la filial Santa Fe de la Sociedad Argentina de Pediatría sugirieron poner en práctica algunas acciones para prevenir los casi ahogamientos:

- Las piletas deben tener cerco de 1,30 m. de alto, enterizo o con barrotes verticales separados por 10 cm, con puerta y traba. Los cobertores no aseguran de manera eficiente el acceso de los niños a la pileta.

- No dejar baldes o recipientes con agua por más que el contenido parezca escaso, ya que sólo con 5 cm de agua un niño puede ahogarse.

- Las aguas oscuras con movimiento (río, laguna, mar) presentan factores de riesgo adicionales que las hacen mucho más peligrosas que las aguas limpias sin movimiento, como las piscinas. En estos lugares se deben respetar las zonas habilitadas como balnearios, que cuentan con boyas y personal guardavidas, entrenados para socorrer a aquellas personas que sufran casi ahogamientos. No introducirse en caso de tormentas ni zambullirse si no se logra ver el fondo o no se conoce el lugar.

- En reuniones familiares o lugares de concentración de personas donde existan piletas, cunetas o acceso a playas se debe asignar a un adulto responsable para la supervisión directa de los menores y no asumir que “los cuidamos entre todos”.

- Los niños con discapacidades tienen mayor riesgo y deben recibir mayor supervisión.

- Todo niño menor de 4 años o que no nade con eficiencia debe usar chaleco salvavidas con material de alta flotabilidad, que lo mantenga a flote con la cabeza fuera del agua, aún inconsciente, y descartar aquellos inflables que rodean los miembros superiores (brazaletes) o los mantienen sentados a los niños (colchonetas, cámaras de automóvil), ya que presentan mayor riesgo de sumersión que los primeros. El chaleco debe elegirse según el peso y no la edad del niño.

- Si un niño se pierde de vista en un lugar que cuenta con pileta u otro depósito de agua debe buscarse primero en estos sitios.

- Se debe recordar que -por lo general- no se escucha el pedido de auxilio de un niño que se está ahogando.


576

muertes

por ahogamiento ocurrieron en nuestro país en 2008 para todas las edades, 173 de las cuales fueron menores de 15 años, según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud del Ministerio de Salud de la Nación.

11

chicos

fueron atendidos en el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia de nuestra ciudad entre enero de 2008 y enero de 2010: 3 ahogados, 7 casi ahogados y 1 ahogamiento secundario.