Edición del Sábado 10 de julio de 2010

Edición completa del día

Importancia de la autoridad en la familia - Edición Impresa - Opinión Opinión

Importancia de la autoridad en la familia

Rubén Panotto (*)

rubendpanotto @ciudad.com.ar

El decaimiento y desintegración de las sociedades humanas en nuestro mundo globalizado han provocado la desaparición de los valores éticos, morales y espirituales, como sustentos ancestrales de la célula familiar.

Como la papelera de reciclaje de nuestra computadora, hemos creado una virtual para la vida, donde desechamos palabras y sus significados, reemplazándolas por otras o por ninguna otra, dejando espacios vacíos de contenidos, altamente peligrosos.

No hablamos más de autoridad como esa facultad de la persona a la que se le otorga crédito por su mérito o fama en determinada materia. Los mayores de hoy, cuando niños, solíamos escuchar a nuestros padres referirse a algún médico, profesional o simplemente a quien desarrollaba bien un oficio, diciendo: es una autoridad en su materia. Tal vez nuestra historia muy cercana de abusos y excesos en el uso de la autoridad ha distorsionado su verdadero significado, reemplazándolo por el de autoritarismo, cuyo objetivo es la sumisión incondicional, traducida en falta de libertad y violencia en todas sus formas.

El autoritarismo en el hogar provoca consecuencias devastadoras, pues todo lo que la autoridad como servicio a la libertad puede lograr es ocupado por la rebeldía, el resentimiento y la desconfianza de los hijos hacia los padres y adultos, como así también entre cónyuges, generando su propia disgregación.

Existe una amplia estadística de casos y situaciones que, tristemente, muestran hogares deshechos por la violencia verbal, psicológica y física. Los hijos escapan de sus hogares, buscando el alivio, la paz y los afectos que les fueron negados, llevándose consigo el odio, el rencor y resentimiento, que en muchos casos engendran sentimientos de venganza, terminando de la peor manera.

Por ello, debemos rescatar el verdadero sentido y utilidad de la autoridad en la familia, como aquella cualidad de los padres, reconocida naturalmente por los hijos, sin necesidad de imponerla, vociferando, gritando ni tan siquiera murmurando para lograr su reconocimiento como tal. La verdadera autoridad se presenta en el ejercicio del ejemplo y en la práctica de la justicia y equidad, con amor.

En uno de sus libros, Jaime Barylko destacó el temor de los padres de perder el cariño y reconocimiento de sus hijos, si practican su responsabilidad de “marcar la cancha” en el hogar. “Ley pareja no es rigurosa”, decía mi abuela, cuando las indicaciones y obligaciones domésticas son claras y equitativas. Éstas ayudan positivamente al niño y adolescente a prepararse para la vida autónoma, a disfrutar de la libertad responsable y a enfrentar con herramientas adecuadas el caos que se vive allí afuera, más allá de las paredes del hogar, donde rige -como versa el dicho popular- la ley de la selva.

El poder y el orden en las leyes naturales

La autoridad siempre estuvo estrechamente relacionada al poder, otra palabra con mala reputación, por su aplicación mayormente perjudicial y funesta a lo largo de la historia. No obstante, reconocer los aspectos positivos y benéficos del poder ayuda a establecer el orden necesario y anhelado, sustentado con rigor por las leyes naturales. Cuando esta secuencia autoridad-poder-orden se acepta y aplica naturalmente en la vida familiar, se establece un asombroso equilibrio de fuerzas, impidiendo el desmoronamiento del reducto más fuerte y resistente de la historia humana. Será por esa razón que nuestra querida familia universal esté recibiendo los embates más destructivos, funcionales, a fines siniestros de total dominación.

Obviamente, es posible mantener ese orden con el permanente sustento de las leyes que lo rigen. El problema surge con el ser humano y su capacidad de libre determinación; con el hombre y la mujer y su concepto de la libertad; con su egoísmo y ancestral rebeldía.

Las leyes jurídicas existen por ser necesarias al ser humano, para establecer límites dentro del disfrute de la libertad responsable. Podemos presumir que el mismo orden que mantiene la autoridad y poder en la naturaleza debe ser reconocido y aplicado en la formación del matrimonio y la familia. Los padres debemos reconocer que hemos sido dotados de un grado de autoridad y poder suficientes como para establecer normas y leyes de convivencia, que establecerán el equilibrio deseado en el hogar. El resultado se apreciará en la formación de hijos encaminados hacia una nueva sociedad, felices, en la práctica de la libertad y el servicio comunitario.

S.R. Covey en su libro “Los siete hábitos” afirma que el orden se mantiene con el equilibrio de los hábitos y sus metas, estableciendo una estructura y dirección organizadas a su misión personal.

Con lo expuesto se intenta demostrar que así como la trilogía autoridad-poder-orden sustenta la continuidad del universo material y la familia, sin riesgo de que su equilibrio pueda romperse arbitrariamente por alguno de sus componentes, así también puede afirmarse que el aprecio y la voluntaria sujeción a normas y leyes de convivencia no dejarán al grupo familiar y al hogar navegando sin destino en el océano de la vida.

(*) Orientador Familiar. Presidente de la Asociación Civil CreSer en Familia

1.jpg


Compartir:
Imprimir Compartir por e-mail
  
Sábado 10 de julio de 2010
tapa
Necrológicas Anteriores