El tiempo elástico

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Foto de Miguel Grattier.

 

Por Cecilia Romana

“Temporada de invierno”, de Carolina Esses. Editorial Bajo la Luna. Buenos Aires, 2010.

No pocas veces un libro de poemas puede definirse por sus epígrafes. En ocasiones es más sencillo buscar pistas en su título o en los encabezamientos de las secciones que lo conforman, si es que las hay. En el caso de “Temporada de invierno”, el primer libro de la poeta Carolina Esses, lo que más se ajusta a la herramienta para comprender su contenido, es un verso. Efectivamente, en la página 20, la estrofa de un poema comienza diciendo: “El tiempo es elástico / opuesto a cualquier fotografía”. Contraposición, esa es la clave de este libro.

Por un lado, Esses muestra lo detenido, la imagen plasmada en la memoria como una fotografía imposible de variar; por el otro, se delinea la movilidad de una remembranza que va y viene entre restos, una mirada que reconoce el pasado, pero asimismo, reinventa los hechos o, mejor dicho, explica el presente sobre la base de pinceladas pretéritas.

Hay una voz profunda e innegablemente femenina en la poesía de este libro. Ya en la lectura de las primeras páginas se detecta la imagen palmaria del padre, la existencia de una amiga y una hermana que por momentos se confunden en una sola imagen de mujer. Está presente también la madre y un amor reciente al que se le hacen preguntas como en un juego, esperando que conteste mal para tener la excusa perfecta vaya a saberse para qué-, porque si respondiera bien, sería, tal vez, un amor eterno. Todo el libro está recorrido por una soledad obsesiva, un aislamiento del que se quiere escapar mediante el deseo de conseguir una casa, “un nido”, como dice la poeta, un lugar donde el volver no signifique exclusivamente conectarse con el ayer.

Pero si bien en las tres secciones que conforman este volumen, están presentes la soledad, la familia, el paisaje y la idea de casa, hay algo que resalta mucho más, y es cierto concepto de circularidad que termina por parecer una invitación al pesimismo. Valgan como ejemplo estos versos de la página 15:

Una rama cae precisa

en el espacio que le reserva el aire.

Cae o se deja caer

en un único movimiento.

Una ola, quiebra el silencio como una ola.

O estos otros que aparecen más adelante:

Pero como si cargara una fruta que se pudre

o un pedazo viejo de herramienta

camino anclada al peso de mi propio retorno.

En “Temporada de invierno”, Carolina Esses explora un espacio íntimo, plagado de evocaciones, que se va expandiendo hasta cubrir como una plantación todas sus experiencias, las presentes, las pasadas y alguna que otra que está por venir. El lenguaje es sutil y cuidado, quizás, justamente, porque se trata de hablar de algo tan sensible y frágil como lo es el recuerdo y el tópico merece ser tratado con delicadeza y corazón. Este libro, que fuera finalista en el Concurso de Poesía Olga Orozco, está construido esencialmente a partir de una mirada que revisa y mueve lo que estaba destinado a quedarse en su sitio, por eso, se trata de una poesía reflexiva, preocupada por el acontecer, sin apagones ni efectos especiales. Y lo más importante: sin golpes bajos.