Edición del Martes 24 de agosto de 2010

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Pongamos las cosas en su lugar - Opinión Opinión

Lengua viva

Pongamos las cosas en su lugar

Evangelina Simón de Poggia

evasimon@arnet.com.ar

Las autoridades nacionales, hace unos meses, anunciaron la donación a las Escuelas Técnicas de, aproximadamente, tres mil netbook para uso de los alumnos. A primera vista parece ¡fantástico!, pero la pregunta que me acosa es ¿en qué les favorecerá en el aprendizaje? Seguramente me contestarán sobre la importancia de estar actualizados en el manejo de la tecnología de punta, el uso de Internet, etc. para lograr la información que los educandos necesitan. Pero, reflexionemos ¿Informarse es aprender o a partir del dato obtenido hay que ir al libro para elaborar la información recibida? Digo esto porque muchas veces confundimos “información” con “conocimiento”, lo cual no es correcto; el proceso indica que a partir de la propuesta informativa hay que realizar su elaboración. Muchos alumnos universitarios dicen: “yo he leído el tema”, sí, pero le faltó comprenderlo, elaborarlo, asociarlo para, luego, proyectarlo y, finalmente, formalizarlo en la expresión sin perder su espíritu. Podemos pensar que Internet nos da la posibilidad de abrir una puerta al mundo desconocido y ¡es verdad!, podemos entrar en lugares maravillosos que ni siquiera podíamos imaginar. Pero... estoy llena de zozobras. ¿Enseñamos, realmente, a los alumnos a usar con aprovechamiento para el aprendizaje esta extraordinaria tecnología? ¿Su uso, lo habrán interpretado bien? La duda parte de la preocupación que me genera la ausencia “del libro” en la formación intelectual de nuestros educandos. El vaciamiento conceptual de nuestros jóvenes, en general, es asombroso. El sistema educativo siempre aspiró a que los niños aprendieran cuatro operaciones fundamentales en el área de lengua: leer, hablar, escuchar y escribir. El objetivo era: leer con sentido, respetando los signos de puntuación, la entonación, curvas melódicas, etc. para que el que escuche pueda comprender lo dicho e interpretarlo; también necesitamos que puedan expresar lo comprendido, que puedan formalizar el pensamiento a partir del conocimiento adquirido tanto a nivel oral como escrito Estamos hablando del maravilloso mundo de la lecto-escritura. La verdad es que impresiona que, en un contexto, donde, frecuentemente, faltan sillas, caen goteras y los cables están a la vista, podamos visualizar la majestuosidad que emana de la tecnología de punta y ¡además! esté a disposición de los alumnos para su uso. Es un gran paso educativo, aunque tendremos que seguir pensando en su aprovechamiento para que los procesos cognitivos, que deben seguir a cargo del docente en el aula, no se pierdan de vista.



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Martes 24 de agosto de 2010
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