Mesa de café

¿El día de los que menos piensan?

 

Erdosain

—Apoyo las declaraciones de Roxana Latorre -dice José-, una candidatura de Alfonsín y Binner significaría el incendio del país.

Abel le hace señas a Quito para que le sirva un café y luego dispara: —Me parece que esa señora no tiene autoridad moral para hablar sobre lo que le conviene al país, porque hasta ahora lo único que ha hecho es hacer su juego.

—La única autoridad que tiene -agrega Marcial- es para hablar de sus negocios. Según me dijeron, la señora lidera una suerte de “Pyme” con más de cincuenta ñoquis a su servicio rentados por el Estado. Para sostener esa empresa necesita del apoyo de los Kirchner y ese apoyo -ya se sabe- los Kirchner no lo dan gratis.

—Yo no sé cómo será -digo-, pero está claro que a esa señora la vida la trató muy bien. Fue senadora dos períodos, gracias al apoyo del señor a quien después le dio el esquinazo. Si fuera por ella misma no la vota ni el marido.

—Ustedes sangran por la herida -insiste José-, no se resignan a aceptar que hay Kirchner por diez años más, porque siguen siendo los únicos políticos que saben gobernar y saben lo que hay que hacer en este país.

—También saben enriquecerse -acota Marcial.

—Esas son chicanas.

—Chicanas son las que dijo tu presidenta -responde Abel-, pretendiendo armar un “relato” con lo sucedido hace más de treinta años.

—¿Tanto les molesta que ataquemos a un monopolio? -pregunta José, que le acaba de pedir a Quito que le sirva un whisky.

—Ustedes pretenden terminar con el supuesto monopolio de Clarín para instalar el monopolio informativo de los Kirchner -digo.

—Yo no defiendo a Clarín porque sea Clarín -agrega Abel-, defiendo la libertad de prensa. Lo mismo defendería a Página 12 si la quisieran cerrar.

—Yo creo que el gobierno no ataca a Clarín porque sea de derecha, lo ataca porque lo critica -puntualizo.

—Yo no quiero exagerar -observa Marcial- pero si se cierran La Nación y Clarín se cae la única oposición fuerte que tiene el gobierno. De allí en más, el camino hacia la dictadura está abierto.

—Acá la única dictadura que hay es la mediática -responde José-, alguien le tiene que poner límites.

—A los que hay que ponerles límites es a ustedes -replica Abel-, a ustedes que quieren hacer en el país lo mismo que hicieron en Santa Cruz.

—O lo que hicieron cuando los señores Apold, Visca y Sojit manejaban la prensa en tiempos de Juan Domingo -acentúa Marcial-. —¿O alguien cree en serio que a los Kirchner les interesa la libertad de prensa?

—A mí me parece -digo- que los Kirchner se volvieron a equivocar. Venían bien, creciendo en imagen y en menos de una semana armaron un chiquero y volvieron a ganarse el encono de las clases medias.

—La clase media gorila nos da la espalda, pero los pobres nos siguen -dice José.

—Los pobres siguen a quien le da de comer -subraya Marcial-.

—Ese es un argumento de derecha -enfatiza José.

—Vos estás como el conductor de ese programa de radio que acusa de derecha a todo el mundo.

—¿A quién te referís? pregunta Abel.

—A un programa que acusa a sus colegas de derecha, dando a entender que ellos son de izquierda.

—¡Ah sí! -exclama José-, pero a mí me parece que esos muchachos no son de derecha ni de izquierda.

—En eso estoy de acuerdo -digo-, creo que son giles. Ni siquiera se les puede decir que sean malos, son giles nada más.

—Me da la impresión -señala Abel- que para conseguir publicidad oficial no son tan giles.

—Lo que pasa -dice Marcial- es que hoy ser de izquierda resulta cómodo, queda lindo y hasta da beneficios. Siempre queda bien hablar del “Che” Guevara y votar a Cobos.

—¿Pero a qué programa se refieren? -pregunto.

—Uno que se llama -dice Marcial- “El día de los que nunca piensan”.

—No, no se llama así -dice José- se llama “El día de los que menos piensan”.

—No, no -digo molesto- se llama “El día menos pensado”.

—No comparto -concluye Abel.