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“Viaje a las estrellas”

¿Cómo es que tratándose de objetos y manifestaciones tan lejanos la astronomía sabe tanto sobre las estrellas? “La comprensión que la ciencia ha alcanzado acerca de todo lo relativo a las estrellas es enormemente exacta y exitosa, sin duda uno de los grandes logros de nuestra civilización. Sabemos cómo nacen y cómo se forman, junto con los planetas que las acompañan, a partir de las nubes de gas y de polvo que permean el espacio. Sabemos cómo y por qué brillan, fusionando núcleos de átomos livianos en sus centros supercalientes, un proceso en el que se crean núcleos más pesados y energía. Sabemos que algunas viven lentamente y se extinguen en paz, formando coloridas nebulosas llamadas “planetarias’. Otras, en cambio, viven rápidamente y concluyen sus existencias de manera violenta y explosiva; es el caso de las supernovas...”. Y, sobre todo, hemos logrado medir las distancias y establecer de alguna manera “nuestro lugar en el universo”. Sobre el tema se explaya Guillermo Abramson en “Viaje a las estrellas. De cómo (y con qué) los hombres midieron el universo”.
Comenzando por tratar la visión binocular o estereoscópica, y el consecuente paralaje que permite determinar (a los animales, por ejemplo) la distancia al objeto observado, Abramson recorre cálculos, como el procedimiento geométrico de “triangulación” que se conoce desde la antigüedad, que consiste en calcular la altura de un triángulo a partir de la longitud de la base y los ángulos formados por los lados sobre ella. Luego trata la medición de una paralaje estelar y la victoria de la tecnología, para terminar refiriéndose a nuestro lugar en el universo.
En este recorrido muchos investigadores y científicos participan, empezando por aquel Tales, de quien se cuenta que se cayó en un pozo por caminar mirando las estrellas, y “que plantó la semilla de la ciencia al postular que a la pregunta “¿De qué está hecho el mundo?’ no corresponde una disquisición sobre los caprichos de los dioses, sino, llanamente, la observación minuciosa de la realidad”. O Aristarco de Samos, “el único auspiciante de un modelo heliocéntrico del universo, con el Sol en el centro (si bien Plutarco menciona a un seguidor de nombre encantador: Seleucio de Seleucia). Su trabajo mejor conocido es aquel en el cual, mediante consideraciones geométricas, determina la distancia y el tamaño de la Luna y el Sol. Según sus observaciones y sus cálculos, el Sol resultaba un poco más de seis veces mayor que la Tierra. Estimación bastante errada, principalmente por usar un valor incorrecto del tamaño aparente del Sol y la Luna, de 2 grados, en lugar de medio grado; un error un poco sorprendente dado que el valor correcto era conocido ya, tanto por los babilonios como por Aristóteles”. Hasta llegar a los científicos que en la actualidad trabajan en un trabajo inconcluso y en progreso. Publicó Siglo XXI.