Edición del Lunes 20 de diciembre de 2010

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Llegan cartas - Edición Impresa - Opinión Opinión

Llegan cartas

Todo a pulmón

 

Grupo “Todo a Pulmón” de los empleados del Hospital Vera Candioti.

Señores directores: Los ex integrantes del Grupo de Recreación del Hospital de Rehabilitación Dr. Carlos M. Vera Candioti “Todo a pulmón”, todos ellos personal de los distintos sectores del Hospital, quieren agradecer por este medio a todos sus compañeros, a los pacientes y a sus familiares por el apoyo brindado ante los distintos beneficios realizados por el grupo para recaudar fondos que nos permitieron las diversas actividades socio-recreativas que les propusimos a los pacientes: asistir al cine, al shopping, al teatro, a un bar céntrico, para finalizar el año con un bello paseo en catamarán.

Lo hicimos convencidos de que la discapacidad no tiene que ser un impedimento para una plena vida social y recreativa y que la recreación es parte ineludible de la rehabilitación integral. Renovando nuestra gratitud aprovechamos para desearlos una Feliz Navidad y un próspero 2011.

Ayer nomás

 

Rubén Elbio Battión

Y llego hasta ayer porque el olvido disuelve la memoria de hoy. Ayer: cuatro letras para un corazón vacío...

Autor, abre tus ojos inservibles. Escucha el silencio de las nubes. Vela la oscuridad de tu alma. Busca la esperanza perdida. Riega la sequedad de tus venas y reza por ti, por la aridez de tus días, por la oquedad de tu destino, por tus crepúsculos, por tu sombra anodina, por tu verso mediocre y estéril. Y por tu espejo de paz y de trabajo, y por tu risa escondida y alerta.

Ayer... El sol del mediodía iluminaba mis soles interiores, y la luna de mármol navegaba en las alas de mi sangre. Dentro llovían los azahares de la aurora; afuera, los pájaros cantaban los rocíos del amor. En el aire flotaban los oasis de las estrellas lejanas. Lo relojes de pétalos fragantes detenían el arrullo de un beso. Triunfaba la bendición de la sonrisa. Las miradas tenían la eternidad del aire infinito, galáctico...

La casa algodonosa mantenía los fantasmas de la luz. De los árboles de nácar colgaban los peces de la sombra escamada. Todo un mundo de azúcar llenaba las nubes de la fortuna azul...

En el centro del alma, y en el centro de la vida, alcanzó el autor a decir: Señor, bendice mis insomnios, borra las espinas de mi piel y abre los párpados hacia brisas verticales; quita las espumas de mis ojos y limpia el paisaje de los páramos pegajosos... O cierra mis puertas. Que la luz y el silencio sean nácares sombríos y musicales. Tengo una frente oscura y desocupada. Ya huelo las espinas aromadas... ¡Señor, gracias! ¡Amén!



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Lunes 20 de diciembre de 2010
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