Edición del Lunes 03 de enero de 2011

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En nombre de Amancio Williams - Edición Impresa - Opinión Opinión

tribuna ciudadana

En nombre de Amancio Williams

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Un obrero trabaja en el solado bajo el paraguas de las bóvedas cáscara. Foto: Mauricio Garín

Claudio Williams

Hace poco más de dos años, arquitectos del gobierno de la provincia de Santa Fe, encabezados por la Arq. Silvana Codina, se pusieron en contacto con nosotros, los hijos de Amancio Williams, para proponernos la aplicación de las bóvedas cáscara -por él diseñadas- en el emprendimiento de “El Molino, Fábrica Cultural”, cuya primera etapa se inauguró días atrás.

Nos presentaron su propuesta, y luego de barajar diversas hipótesis de configuración, siempre considerando las reglas básicas del mismo Williams para este tipo de estructuras, les propusimos junto con Claudio Vekstein la configuración que vemos hoy construida.

Sobre esa base hicimos un convenio con el Gobierno por el cual le cedimos sin cargo el uso de esta idea. Convinimos también la intervención del Ing. Tomás del Carril como ingeniero estructural. Tanto Del Carril como Vekstein ya habían colaborado con nosotros en el proyecto de las bóvedas cáscara construidas en Vicente López en el año 2000.

Si bien estas estructuras diseñadas por Williams son muy conocidas, es oportuno recordar que fueron desarrolladas a finales de la década del 40 y principios de los 50 para proyectos de hospitales en la provincia de Corrientes. Estos edificios habrían de construirse en Mbrucuya, Esquina y Curuzú Cuatiá, en una provincia de clima casi tropical, muy caluroso y muy húmedo.

Williams imaginó estas bóvedas como un sistema de techos altos, como un manto protector de un clima tan riguroso, bajo el cual se podrían construir sencillos volúmenes de una sola planta para los hospitales propiamente dichos. Estos volúmenes, además de sus aventanamientos, tenían claraboyas que les aseguraban una buena ventilación e iluminación natural. Las bóvedas eran continuas en el caso de los hospitales, aunque se suprimían algunos sectores, de un cuarto, media bóveda o directamente una bóveda entera. Estudió cuidadosamente el asoleamiento y la ventilación resultante de estas supresiones. Desarrolló acabadamente las bóvedas en sus aspectos estructurales y constructivos, produciendo casi diez modelos en escala, tanto dimensional como estructural. Desgraciadamente estos hospitales, para los cuales se produjeron los proyectos y planos de licitación completos, no llegaron a construirse, principalmente por la salida del entonces ministro de salud pública que los había impulsado, el Dr. Ramón Carrillo.

Williams aplicó después esta idea a diversos proyectos, tales como estaciones de servicio, una escuela industrial, un centro de peregrinación y diversas residencias. En todos estos casos dispuso las bóvedas en forma separada, como están ahora en Santa Fe, y con diversas configuraciones, dimensiones y alturas. La última vez que las usó fue para el concurso del parque de La Villette en París, donde si bien estaban separadas, cerraba con acrílico las separaciones.

Las construyó en 1968 para el pabellón de Bunge y Born en la Sociedad Rural, siendo demolidas al terminar la exposición. Ya después de su muerte, las erigió la Municipalidad de Vicente López con nuestra intervención y en su propio homenaje, y con motivo del fin del milenio.

Hoy vemos en Santa Fe el resultado de estas bóvedas como determinantes de un espacio virtual de fuerte carácter y elegancia. Sesenta años después de su creación y desarrollo, las vemos por primera vez en esta cantidad y esta calidad. Por nuestra parte, los hijos de Amancio Williams estamos muy agradecidos con el Dr. Hermes Binner, su ministro de Obras Públicas, Arq. Hugo Storero, su ministra de Cultura e Innovación, Dra. González y la Arq. Silvana Codina y sus colaboradores, no solamente por haber tenido esta loable iniciativa, sino por haber aceptado nuestras sugerencias y recomendaciones y haber llevado a cabo esta obra con gran calidad, seriedad y eficiencia. La misma calidad que vemos en las obras emprendidas a todo lo largo y ancho de la provincia, en materia de hospitales, escuelas y demás servicios para la comunidad.

También creemos conveniente destacar la modalidad de gestión de ésta y las demás obras de la provincia, todas con una gran economía de recursos. Esperamos que se llegue a feliz término con la segunda etapa de este emprendimiento y que esta Fábrica Cultural empiece a dar sus frutos sociales y culturales a corto plazo. También esperamos que lleguen a buen puerto las obras en curso en toda la provincia.




Lunes 03 de enero de 2011
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