Calchines: la obra de la EPE se paga sola

Las desventuras económicas del Estado inquilino terminan con inversión. La EPE tiene, para Santa Fe y Rosario, una política edilicia: primero las áreas operativas, luego informáticas y finalmente de gestión administrativa.

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Cuando la obra del Complejo Calchines cumpla sus dulces 16 se habrá ahorrado tanto dinero como el que ahora se gasta: 11 millones de pesos.

Foto: Mauricio Garín

Luis Rodrigo

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Durante cada mes de 2011, la Empresa Provincial de la Energía paga por el alquiler del edificio de Urquiza y Tucumán 56.500 pesos, sin contar el IVA. El contrato, de un valor superior al del año pasado, se extinguirá cuando se complete la mudanza de las secciones de redes y de explotación del servicio al flamante Complejo Calchines.

Si ese gasto mensual se anualiza, el total es de 678.000 pesos. Como la obra de recuperación del predio de la vieja usina demanda una inversión total de 11 millones de pesos, bastará con dividir este número por aquel para saber que en 16 años se cubrirá el costo.

Para una empresa, dieciséis años no hacen una vida, aunque el lapso involucre a 4 gestiones gubernamentales. Hay infinidad de decisiones estructurales adoptadas (o postergadas) hace décadas que hoy tienen efectos en la empresa, desde los problemas de envejecimiento de su planta de personal (por un programa de retiros voluntarios y una política de reducción de agentes) hasta las instalaciones existentes que en la actualidad tienen directa vinculación con medidas adoptadas hace años.

La EPE es la empresa más grande de la provincia. Es la que emplea más gente, tiene más bienes de capital y mueve más dinero. Y es la distribuidora de energía eléctrica más importante del interior del país (supera a la Epec, de Córdoba, porque en la provincia mediterránea tiene un peso fuerte el sector cooperativo).

Cuesta comprender cómo una compañía que mueve millones, de a cientos, durante mucho más que cuatro gestiones haya repetido alegremente contratos de alquileres, en lugar de capitalizarse.

En cuanto a la lógica de cuánto más conviene tener “la casa propia”, las decisiones económicas empresarias sí son comparables con los individuos.

El edificio de Primera Junta

El fenómeno del Estado inquilino inquieta. Y en cada sector que se revise se advertirá que hay cifras enormes que se vuelcan, mes a mes, en bienes inmuebles de terceros.

En el caso de la EPE y el complejo Calchines no se trata de una decisión aislada: lo mismo ocurre en la ciudad de Rosario con otro viejo edificio emblemático que se recupera, el de la vieja Cristalería.

El presidente del directorio de la EPE, Daniel Cantalejo, ya tiene en vista cómo se harán otras mudanzas, entre ellas la de la sede central de la empresa, que también responde a la extraña lógica del Estado inquilino.

Pocos lo saben: no es estatal el edificio de calle Primera Junta (entre 25 de Mayo y San Martín) donde se toman -desde mediados de los ‘80- todas las decisiones importantes para la compañía.

Su reemplazante aún no ha sido construido pero la compañía de electricidad ya tiene lo principal: el terreno y la decisión. Ese sector, el de la gestión administrativa, irá a un predio que fue noticia hace un año, cuando se incendió: está ubicado también en pleno centro, en Lisandro de la Torre y Cruz Roja Argentina (ver aparte).

La idea de la EPE es que, antes, allí se concentre el sector de la gestión informática de la empresa. Cantalejo habla de un “edificio informático”, que concentre todas las acciones de telecomandos en la operación de las redes y -sobre todo- el sector comercial que se apoya cada vez más en esas tecnologías. Y de un segundo edificio, de gestión administrativa.

“En nuestra política edilicia buscamos que haya edificios propios, no solo porque sea conveniente desde el punto de vista del capital de la empresa y de los ahorros por no alquilar. Para nosotros -expresó el funcionario- es clave la eficiencia de una empresa: pensamos que no se puede brindar un buen servicio sin los elementos necesarios y el lugar de trabajo es fundamental”, destacó.

 

 

Las instalaciones del primer huésped

Un póster de Pichuco preside el lugar donde los técnicos de la EPE hacen una labor, entre artesanal e industrial, en el flamante Complejo Calchines: el reciclaje de los enormes transformadores que requiere la red eléctrica de toda la provincia.

El bandoneonista es el único que no sonríe en la escena. Los trabajadores del sector saludan a las autoridades de la EPE que muestran a El Litoral las instalaciones nuevas en el Complejo Calchines, y con especial consideración al taller que se debió mudar de urgencia, el 11 de mayo de 2010.

El segundo piso de la Sala de Máquinas de la vieja Usina Calchines -desde hace décadas inactiva- aloja hace ya más de un año al sector que respiró aliviado cuando el fuego se extinguió en Lisandro de la Torre y Cruz Roja Argentina y los daños sólo fueron materiales.

Aníbal Troilo mira cada día cómo se enroscan, con una paciencia y prolijidad que debieran quedar a la vista, miles de metros de alambre de cobre barnizado, en un bobinado de proporciones industriales. La tarea requiere habilidades manuales muy valoradas entre los hombres de overol: los más canosos enseñan a los más tatuados.

Allí, hay una grúa eléctrica (que perteneció a la Usina de Calchines y funciona perfectamente), herramientas nuevas, testers digitales y escritorios de maderas nobles, indestructibles, que -tras el cepillado y barnizado de los empleados de la EPE- vuelven a brillar. Se mezclan computadoras y celulares con ventiladores que en sus años de vidriera habrán llevado cables de tela.

Un horno de secado de pintura (a donde van las corazas de los transformadores que cada tanto se queman en la empresa) se muestra con orgullo: fue hecho con la vieja carcaza de un transformador de potencia de 132 kV (que tiene el tamaño de un contenedor portuario).

Lo que sirvió a la usina hoy resulta ideal para “El Taller”, según la forma como los de la EPE nombran a la sección, en especial el tamaño de los portones, de las superficies y sobre todo de la grúa (la más poderosa de la empresa), capaz de resolver todas las operaciones de traslado para reciclar los equipos.

El 10 de mayo de 2010, se incendió el predio de Lisandro de la Torre. Allí se ha previsto hacer dos edificios: uno para la sección informática y otro para la administración.


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La reparación de los transformadores en un ámbito con historia.

Foto: Mauricio Garín

678.000

pesos es el total anualizado del alquiler por el predio de Urquiza y Tucumán.