Los hijos en medio de una separación

Un psicólogo deja algunos consejos para los padres que deben enfrentar la situación de hablar con sus hijos cuando un matrimonio llega a su fin.

TEXTOS. LIC. PATRICIO FURMAN (FUNDACIÓN BUENOS AIRES)/REVISTA NOSOTROS. FOTO. EL LITORAL.

Los hijos en medio de una separación

Es clave saber cuándo y cómo hablar con los chicos sobre este difícil tema.

Es posible hablar con los hijos cuantas veces sean necesarias o que al menos así se las considere. No existe un riesgo tal que pudiera establecerse bajo el rótulo de “exceso de comunicación”. Tampoco debe limitarse ningún tipo de conversación bajo el parámetro del tiempo: “Hablar antes no es conveniente, mejor hablar después cuando ya se tienen bien en claro las cosas” o argumentos contrarios, del estilo “siempre es mejor prevenirlos y avisarles de cómo vienen las cosas antes de que sucedan”.

Podríamos encontrar diversos argumentos, hasta contradictorios entre sí, sin saber bien con cuál de ellos acordar. ¿Quién podría asegurarnos cuál es el momento indicado para hablar? ¿Cómo podría generalizarse un modo de accionar ante tales situaciones desconociendo lo singular del caso y las particularidades con las que cuenta? Difícilmente podremos orientarnos desde esa perspectiva. No nos llevará a grande lugares el pensar en si “antes, después o durante”.

Lo importante de esta comunicación con los hijos lo encontramos en el lugar que se les otorga. Es decir, el lugar en el que implícitamente se coloca al chico al darle un determinado mensaje, que no estará -por cierto- determinado por el momento elegido para hablar.

No sólo las variables “momento a escoger para hablar”, “cantidad de veces que se consideren necesarias para hablar” serán secundarias; también lo será el contenido del discurso. Hasta podríamos pensar como irrelevante establecer a priori el contenido de lo que “debe decirse”. Por más extremista o sin sentido que esto pueda sonar, podemos verificarlo desde un simple ejemplo: “Vos no tenés nada que ver con nuestra separación”. Si acaso la cuestión pasara por el contenido, ¿no serían acaso estas palabras válidas y tal vez suficientes como para despreocupar y deslindar de cualquier tipo de responsabilidad al hijo?

RESPONSABILIDADES

Alguien podrá rebatir esto con el argumento de que tales palabras serían poco verosímiles como para convencer a alguien. Puede ser cierto. Esta frase podría no ser muy convincente para alguien que sí se cree responsable de la separación de sus padres. Esto nos devuelve a la misma pregunta de antes: ¿Pero por qué un hijo sí puede llegar a adjudicarse responsabilidad en esta situación?

En caso de ser cierto, esas simples palabras no tendrían por qué no ser suficientes. Pero no lo son. Y la explicación radica en que entran en contradicción con algún otro texto, con otra parte del discurso que se da en la comunicación con ellos.

Los padres no consideran a sus hijos como responsables de sus problemas de pareja. Ellos no están fingiendo o ‘actuando’ cuando los desresponsabilizan. No mienten respecto de lo que sienten. Con esto se complica la situación, teniendo en cuenta que lo que dicen es cierto desde el punto de vista de expresar lo que sienten. Sin embargo, sus palabras no son aun convincentes. ¿Será un problema de actuación? ¿Deberán ser más emotivos y dramáticos al momento de hablar? No parece ser tampoco éste un camino exitoso.

PROPUESTA

La cuestión pasaría entonces por encontrar la contradicción del discurso hacia los hijos. Está claro el momento en que se los desresponsabiliza; falta ahora localizar el punto donde sí se los involucra. Allí donde el chico deja de ser un espectador, afectado por la escena (la separación de sus padres), para pasar a ser un actor protagónico, donde su participación es relevante en el desarrollo de la historia.

Entonces la pregunta a resolver es ¿en qué punto se les está diciendo que sí son responsables? Desconocer esto no solo es válido sino que es lógico desde el lugar de los padres. El problema es negarlo. Allí es donde se sostendrá y afianzará dicha responsabilidad.

El descubrimiento de éste u otros puntos (que más allá de ser propios son a su vez ocultos a los padres) dependerá de un análisis individual. Sin embargo, existe una posible lectura que de carácter casi universal para las situaciones de separación.

Por lo general, los sentimientos, y mucho más cuando son intensos, tienden a ser extremistas: suelen tender a la exaltación y a presentar un carácter excluyente. Y lo que vemos es que cuanto mayor es la pasión que se experimenta, menor la capacidad de compatibilizar circunstancias disímiles.

En las separaciones de parejas con hijos se presenta una situación que entra en contradicción y pone a prueba tales características. Aparecen profundas pasiones acarreadas inevitablemente por el proceso de separación, y una exigencia y un desafío excesivamente complejo de matizar y discernir, consistente en elaborar el hecho de que aquella persona por la que tanto amor se siente y básicamente “le es tan propia” como un hijo, sea tan propia y tan correspondida por aquella persona por la que se están experimentando tantas pasiones displacenteras. Esto podrá operar en cierta forma a modo de ‘incompatibilidad’ en los padres.

COMO UN ESPEJO

El intento de resolución de esta incompatibilidad impregnará el vínculo con el chico. En la comunicación, la mirada, el discurso surgirá un elemento que se hará presente más allá de la propia voluntad. Y esto es: ver en el chico algo del otro padre. Esta identificación podrá despertarse por diferentes medios: desde el más mínimo gesto, una actitud, un comentario, hasta un rasgo físico, etc.. Pero lo importante es que, más allá del modo en que se alcance, el chico quedará involucrado en el conflicto ahora en forma directa; en el vínculo con él estará en juego algo del vínculo con el otro padre.

Múltiples serán las formas en las que aparezca esta comunicación con el chico como si se estuviera dirigiendo a la ex pareja. Será de manera más explícita, más sutil, de modo consciente, inconsciente, según el caso y la situación, pero siempre aparecerá.

Tal vez el modo más frecuente y conocido es el desautorizar al otro, intentando solucionar aquella incompatibilidad, haciendo que el chico se coloque de un lado o de otro. Esto nos muestra que no sería tan ilógico que la frase ‘vos no tenés nada que ver con nuestra separación’ llegue a los oídos del chico de manera inverosímil.

Desde este punto de vista, debe considerarse a todo este conflicto como un nudo básicamente inevitable para este tipo de situación y no como una circunstancia producto de una equivocación de los padres. Es parte del duelo que será importante elaborar al momento de afrontar una separación.

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