Llegan cartas

El poder del pueblo

Alicia Velásquez

DNI: 18.242.116

Señores directores: Subestimar al otro en su inteligencia es uno de los agravios más violentos que se puede ejercer contra otro ser humano. Porque hace notar la diferencia con el otro de una manera cruel, ya sea esta ejercida por condición social, intelectual o ventaja de poder, no sólo porque nos hace sentir mal, sino también porque nos hace vivir y creer situaciones e historias que no son ciertas. En los últimos años, en que aceleradamente venimos sufriendo distintos tipos de pérdidas, no sólo en la calidad educativa, sino también en el orden de valores y las veces que los ponemos en práctica, se profundiza cada vez más la existencia de ciudadanos de primera y de segunda. Este mal se ha puesto en práctica desde los estrados más elevados del los tres poderes del Estado, por personas que creyéndose iluminadas y bendecidas por el cargo que ostentan dirigen los destinos de millones de subestimados, que con sus votos hicieron posible su bendición. Los desafortunados dichos del cantautor argentino Fito Páez, contra los votantes de Mauricio Macri en Capital Federal no son casuales, forman parte de esta contracultura que nos vienen inculcando desde hace ya varios años, con políticas de sometimiento no sólo económicas sino también culturales. El tener a millones de argentinos subsidiados económicamente porque sus gobernantes no son capaces de generar puestos dignos de trabajo o contarles a nuestros jóvenes una historia de país en la cual falta la mitad, son sólo algunos ejemplos. Lo más indignante de todo es haber promovido mentiras detrás de la bandera de los derechos humanos. Derechos que son de todos y no sólo propiedad de algunos que con convicción, ideas foráneas y fusil en mano atentaron contra el gobierno democrático de la entonces Presidente Isabel Martínez de Perón (entre otros) en la triste década de los 70. Lamentable este nuevo mal, la subestimación del pueblo es lo que ha habilitado a tantos políticos y defensores de derechos humanos a realizar persecuciones descarnadas contra personas que han recibido el calificativo de enemigos por pensar distinto. Sometiéndolos a procesos judiciales viciados de irregularidades y en otros casos a sufrir persecuciones estériles como la de los hijos de la Señora Herrera de Noble. Todo esto con el objetivo de lograr la condena de personas que aún siendo inocentes, fueron sometidas a tales procedimientos para satisfacer deseos económico y revanchistas. Todo esto, por supuesto, creyendo que a la mayoría silenciosa del pueblo les interesaba la cruzada que les proponía el gobierno. Los derechos humanos también atañen a la desocupación, a la mala y casi nula alimentación de miles de argentinos, a la falta de vivienda digna y a la inseguridad de otros tantos, al derecho a la vida, a la educación eficiente y a las expectativas de miles de jóvenes que naufragan entre la droga, la prostitución y el delito como método de vida.

A las personas que se encargan de gobernarnos les digo: dejen de subestimarnos y dedíquense a resolver los verdaderos problemas de nuestro pueblo. Restablezcan con dignidad y actitudes ejemplares la paz, la justicia y el respeto por las instituciones, de esta manera lograrán derramar en el pueblo el bienestar que tanto declaman. Y a mis conciudadanos les digo: tenemos el poder de cambiar las cosas y es a través del voto, justamente en este año tenemos la posibilidad de transformar nuestra realidad, aprovechémosla.