Las conclusiones que dejó el equipo de Sciacqua...

20 minutos del modelo

El fútbol argentino es presión y lucha. Colón no se puede dar el lujo de que alguien le gane corriendo, pero tiene que marcar las diferencias jugando, como en esa ráfaga en Sarandí.

20 minutos del modelo

Los 11 del debut soñado. De pie: Costa, Pozo, Candia, Raldes, Barraza, Prediger y Ledesma. Agachados: Fuertes, Higuaín, Urribarri y Moreno y Fabianesi. Foto: Jano Colcerniani


Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Buenos Aires)

Sciacqua no imaginaba un Colón tan anodino y “desinteresado” por el juego como el del primer tiempo; y por eso le dio una vuelta de rosca fundamental al equipo en el entretiempo, acertando también con el ingreso de Leandro González. Así como deberá analizar por qué se jugó mal en esos primeros 45 minutos, deberá insistir en algunas facetas interesantes que se observaron en el resto del partido y que permitieron la concreción de algo no muy común en el fútbol argentino: que le den vuelta el resultado a un equipo cerrado y molesto como es el de Arsenal.

Todavía sigue merodeando el fantasma de la defensa en Colón. Ese sistema frágil que lo llevó, la temporada pasada, a ser un equipo muy vulnerable. Planteado el equipo como el otro día, es evidente que le falta juego aéreo. Por eso, uno se imagina a Pellegrino como el gran responsable de darle altura y eficacia en ese tipo de jugadas, para que al equipo no le cabeceen tanto en su propia área. Pero no le quedaron muchas alternativas a Sciacqua. Con Pellegrino aún en una forma física inadecuada para jugar, con Garcé lesionado y con Lima inhabilitado, hubo que apelar a Candia, Raldes y Urribarri, quien fue figura y demostró que puede ser una alternativa para jugar como volante por izquierda, porque tiene manejo y confianza para escalar por su sector.

Uno se queda con la mitad del vaso llena, que fue la de esa ráfaga de 20 minutos en los que Colón superó con amplitud a Arsenal. Hubo movilidad de parte de los dos volantes laterales y compromiso con el juego (Moreno y Costa), más el aporte que le dio Leandro González, con idéntica generosidad que Higuaín para buscar espacios, pero con más resolución en los últimos 25 metros de la cancha.

¿Le falta un generador de juego a este equipo?, es la pregunta que muchos se hacen. Es cierto que no hay un enganche natural, pero convengamos que son pocos los equipos que lo tienen. Los Riquelme o los Gío Moreno escasean en el fútbol argentino. Y la realidad indica que jugando con un doble cinco, los espacios para los enganches escasean. Hoy, el modelo de moda en la Argentina es el de la presión. Se corre mucho para recuperar la pelota y se juega al límite del reglamento. La posibilidad de anularlos es muy concreta.

Para estar a tono con la forma en que se juega, Sciacqua resignó la posibilidad de colocar un doble cinco más vertical y que pise el área. Por ejemplo, un jugador capaz de cumplir con ese propósito es Moreno y Fabianesi, pero el técnico vio que el equipo pierde marca y que Prediger queda demasiado solo para trabajar en la contención. En consecuencia, antes de perder el mediocampo resuelve poner a un jugador como Ledesma, que tiene buen pie pero que no posee la dinámica suficiente para ser todo lo vertical que el técnico pretende.

El 4-4-2 es el sistema, los dos “5” no se negocian —al menos por el momento— y la intención es trabajar en la posesión de la pelota. Para eso, es fundamental que ni Prediger ni Ledesma se equivoquen con la pelota como ocurrió en el primer tiempo, pero también es importante que Moreno y Costa adquieran el protagonismo que tuvieron en esa ráfaga de buen fútbol que permitió dar vuelta el resultado.

Está claro también que el Bichi sigue buscando su socio allá adelante. A Higuaín le sigue costando, Leandro González se debate entre ser volante con llegada o apostar a sus dotes de delantero y afuera está Chevantón. Si el 4-4-2 no se negocia, entonces habrá que encontrar los mejores intérpretes. Uno tiene la impresión de que el equipo “titular” de Sciacqua no es el que jugó el otro día. Que al menos tres retoques puede haber, y quizás alguno más. Esto es bueno, pues más allá del dolor de cabeza que le crea a Sciacqua, permite suponer que el plantel posee la suficiente riqueza para encontrar a los que mejor se complementen.

Por último, un aspecto saludable es saber que todos son conscientes de la responsabilidad que tienen. Como siempre se dijo, Colón no tiene la obligación de salir campeón, pero tiene el compromiso de no “morir” sin intentarlo. Para eso es suficiente con mentalizarse y jugar con la actitud y la valentía con la que se salió a vender cara la derrota en el segundo tiempo. Colón sabe que el fútbol argentino no admite descansos ni renunciamientos a la hora del esfuerzo. Como dice Simeone, entrenador de un club con supuestas mayores pretensiones que Colón, “el sacrificio no se negocia”. Por eso, Colón no se puede dar el lujo de soportar que un equipo que corre, lucha y juega con el error del rival, le quite la posibilidad de un festejo. Hay que correr lo mismo, pero las diferencias hay que marcarlas jugando. Ni más ni menos que lo que pasó en el segundo tiempo del otro día, en Sarandí.

Las habilitaciones

En el caso de Javier Chevantón, Colón ya dispone del TMS aunque está faltando, de parte del jugador, el permiso de trabajo por tratarse de un extranjero. Se espera que en las próximas horas se le otorgue este permiso, razón por la cual Chevantón estará en condiciones de jugar el miércoles de la semana que viene, ante All Boys en Santa Fe.

Por el lado de Lima —los dos uruguayos estuvieron entrenándose en la cancha auxiliar de Arsenal antes del partido del sábado—, se aguarda que desde Grecia se envíen los papeles correspondientes para que se le otorgue el TMS.

El partido entre Colón y All Boys de la semana que viene en el Brigadier, está programado para el miércoles 17 a las 17.05, tras lo cual Colón visitará a Olimpo, el lunes 22 a las 19 en Bahía.

Derrota.

El sábado en Sarandí hubo partido de reserva y se produjo, como novedad, el retorno del pibe Curuchet, que entró en el segundo tiempo. El equipo dirigido por Javier López, que mereció empatar sobre el final aunque cayó 2 a 1, alistó a Bailo; Luis Castillo, Sandrigo, Kummer y Aristarain; Fernández, Gómez, Graciani y Jourdan; Lesman y Callejo. En el banco estuvieron Ambar, Luis Díaz, Medina, Curuchet y J. Fernández. El gol lo marcó Lesman de penal.

134

goles

lleva el Bichi Fuertes con la camiseta de Colón. Su promedio es de medio gol por partido. Notable eficacia del interminable delantero, que cumplirá 39 años a fin de año.