Editorial

Convulsión en Chile

Es muy probable que el fin de semana haya sido propicio en Chile para lograr, aunque más no sea, una calma provisoria que le permita al actual gobierno serenar los ánimos y controlar la situación. Por lo pronto, la imagen de Piñera se ha deteriorado de modo manifiesto y la represión de los estudiantes secundarios y universitarios, y también de los docentes, tiene bastante que ver con esa pérdida de prestigio político.

No es la primera vez que los “pingüinos” chilenos salen a la calle. Durante la gestión de Bachelet también los chicos se movilizaron y tuvieron a mal traer al gobierno. Lo que ocurre es que a diferencia de Piñera, la presidente Bachelet resolvió la crisis negociando con los estudiantes y los docentes.

Piñera ha dicho que está dispuesto a negociar, pero como todo presidente de derecha -y en Chile la derecha no oculta su nombre- entiende que no se puede negociar bajo presión, mucho menos con los estudiantes en las calles y en las principales avenidas de Santiago. O sea que, a diferencia de su colega socialista, Piñera no vaciló en ordenarle a los carabineros que reprimieran cuanto fuera necesario. El saldo de esa decisión pudo verse a través de las imágenes difundidas por la televisión. Se habla de centenares de detenidos y numerosos estudiantes y policías heridos.

Como demuestra la experiencia, la represión de los estudiantes en democracia no hace otra cosa que incentivar la movilización. Es más, es la respuesta buscada por la provocación, que así amplía la base del conflicto. Esta verdad la supo prever, por ejemplo, el ministro de Charles de Gaulle, George Pompidou, quien en pleno “mayo francés” aconsejó al viejo mandatario que no reprimiera y dejara que el movimiento se fuera agotando solo. De Gaulle no era precisamente un blando, y si alguna alineación política tenía era con al derecha. Sin embargo siguió los consejos de su astuto ministro y en poco tiempo todo volvió a su cauce sin víctimas que lamentar y sin pagar precios políticos elevados.

Pero la experiencia fue desatendida por Piñera. Pinochet podía imponer el orden porque su autoridad era la del dictador y su clima político era el del terror. Piñera no puede comportarse como un dictador ni puede acudir al terror. Por lo tanto, sus acciones no hacen más que avivar el fuego.

¿Son justos los reclamos docentes y estudiantiles? Da la impresión de que en buena medida lo son. Muchas de sus reivindicaciones no son diferentes de las nuestras, aunque es diferente la gravitación de la enseñanza privada en el sistema educativo chileno. ¿Es justo exigir el respeto del orden como lo hizo Piñera? Puede ser justo, pero pareciera que en los términos que él lo plantea es inviable. Es justo decir que un gobierno no puede tolerar que los estudiantes se apoderen de las calles; pero en todo, lo que hay que indagar es si el camino para lograr el orden pasa exclusivamente por los bastones y los gases lacrimógenos de los carabineros o si hay otras instancias de solución.