Llegan cartas
Preocupados, II
Ricardo R. Costante.
DNI. 4.534.570.
Señores directores: Atendiendo a la publicación de la carta de 31 de julio ppdo. en esa sección, no voy a entrar en detalles de opinión o debate sobre las expresiones y contenidos ni de los análisis explicativos, propios de cada persona y que deben ser respetados. Sí me siento en la necesidad de expresar mi profundo desacuerdo sobre la frase final: “Nos cuesta pensar que una parte importante de la sociedad apueste por un retorno a la cultura política de la ‘no política’ y porque nos resulta preocupante...”
Independientemente de haber votado o no a Miguel Torres del Sel, resulta inadecuado exponer públicamente que les resulta inapropiado pensar que una parte de la sociedad piense distinto a ellos. Tal precisión, pero con mucho más cultismo, se asemeja al “asco” que a alguien le produjo cómo votaron los ciudadanos de Buenos Aires.
Las opiniones, aun con el “por respeto a todos esos votantes” no es ni más ni menos que la constante que identifica a la sociedad argentina, incluidos los santafesinos. Nosotros y los demás, pero con el convencimiento que los demás no tienen lucidez, ni capacidad ni la formación necesaria para ser ciudadanos. Es interesante cómo se propone formación sistemática y asistemática para estos, incluso se utiliza la palabra “concientización” (muy utilizada actualmente), palabra inexistente pero que recuerda las acciones del viejo y perimido comunismo ortodoxo, tal vez como remembranza de éste para llegar al pensamiento único.
Respecto a “volver a la no política”, cabe recordar que Juan D. Perón no venía de una tradición política cuando asumió como así tampoco Carlos A. Reutemann, el actual gobernador Daniel Scioli o el recientemente reelecto Mauricio Macri. Incluso podríamos mencionar ejemplos de otros países.
De todos modos, creo no merece extenderse mucho más sobre lo expresado, pensando también que fueron exabruptos del momento y que la intención no fue la descripta sino una forma equívoca de presentar la inquietud de la actualidad política santafesina.
El apoyo a un extrapartidario no debe buscarse en la ciudadanía, sino que debe buscarse en el interior de los partidos políticos. Ahí debe producirse el debate, la discusión y el análisis.
Los partidos no se renuevan, los apellidos son los mismos que van rotando sistemáticamente y los dirigentes son elegidos a dedo, no como producto de su capacidad intelectual o dirigencial, sino por su afinidad a los máximos dirigentes u hombres fuertes del partido, alianza o grupo político que los aglutina.
Por otro lado, todos los partidos han perdido su ideología y principios por los cuales fueron creados, que si bien se mantienen en la retórica, no en su accionar político y de gestión.
Los últimos 30 años están minados de ejemplos y si analizamos qué pasó en la provincia y sus dos ciudades más importantes, Rosario y Santa Fe, en la que se da la paradoja que los partidos triunfantes que se atribuyen una posición de izquierda o centroizquierda, fueron reelegidos con votos del centro de ambas ciudades, perdiendo en la periferia, cuando por ideología y definición política —después de años de gestión— debería ser a la inversa, confirma aún más esa pérdida ideológica.
La sociedad argentina, que incluye naturalmente a los partidos políticos, está fracturada, disgregada, enfrentada, el “yo” le ha ganado al “nosotros”. Lo que ocurre en la política es simplemente el reflejo de nuestra sociedad. Si buscamos acciones diferentes deberemos primero volver a construir una sociedad menos egoísta individualmente, donde nos preocupe también el otro y donde podamos conversar o debatir ideas sin ser censurados o desacreditados por ello.




