Edición del Martes 09 de agosto de 2011

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Londres en llamas - Edición Impresa - Opinión Opinión

Editorial

Londres en llamas

La muerte o el asesinato de Mark Duggan, un joven inglés de 29 años, fue el detonante que explica las grandes movilizaciones que se están produciendo en Londres y en las ciudades vecinas desde hace tres días. Según Scotland Yard, Duggan iba armado y disparó contra la policía, pero las explicaciones no terminan de convencer a los observadores ya que un incidente de esa naturaleza no explicaría, en condiciones normales, una respuesta violenta como la que ahora se está llevando a cabo.

La pregunta a hacerse en estos casos es la siguiente: ¿son normales las condiciones sociales y políticas de Gran Bretaña? El interrogante no admite respuestas sencillas. Por lo pronto, la primera sorprendida por el desenlace de los acontecimientos ha sido la propia clase dirigente inglesa, oficialistas y opositores. El primer ministro y sus más inmediatos colaboradores, incluido el alcalde, al momento de producirse los desbordes se hallaban de vacaciones. Todos han debido regresar antes de lo previsto, hasta los jefes y oficiales de Scotland Yard.

Por lo pronto, las movilizaciones -en realidad y atendido a la naturaleza de los hechos, habría que decir “desmanes” se producen en las barriadas más populares de Londres. Esto quiere decir en las zonas más pobres, en las zonas donde el drama social es más evidente y escandaloso.

Si bien los políticos británicos se jactan de la calidad de vida de su país, en los arrabales de sus grandes ciudades la pobreza, la marginalidad y la postergación social son más fuertes de lo que ellos mismos estarían dispuestos admitir. Londres no es la ciudad descripta por la pluma de Dickens donde el proletariado vivía hacinado y sus niños mendigaban en las calles, pero está muy lejos de estar a la altura de las bondades que describen sus tarjetas turísticas.

A esta situación sumamente compleja hay que sumarle los grados de violencia y resentimiento de los contingentes juveniles que han salido a la calle. A diferencia de otras movilizaciones callejeras estimuladas por dirigentes políticos de izquierda, lo que se observa son actos de vandalismo, depredación, robos y violencia gratuita. El único marco medianamente organizativo que ha podido detectarse es el que brindan las redes sociales, un recurso que pareciera que vale para Londres, El Cairo, Damasco, Madrid y Tel Aviv.

En todos los casos, internet y los mensajes de texto parecen ser los grandes organizadores colectivos. En el caso de Londres, se ha verificado que los jóvenes se convocan recurriendo a esta tecnología y, al mismo tiempo se sabe que en la inmensa mayoría de los casos las convocatorias se han realizado para promover actos de vandalismo y pillaje.

Contemplados los hechos desde esta perspectiva, queda claro que lo deseable sería que estos estallidos sociales tengan una conducción política, por más radicalizada que sea, ya que esto permitiría un mínimo marco racional de negociación. Por el contrario, la realidad de estos estallidos inorgánicos, desconciertan a las autoridades y le otorgan a la movilización un clima anárquico e imprevisible.



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Martes 09 de agosto de 2011
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