Santa Fe, con la meta de recuperar la identidad de su arbolado público
Los grupos ambientalistas reclaman que se planten más especies autóctonas y que se realice un relevamiento de los árboles que hay en la ciudad.
Postal urbana. En el otoño, los palos borrachos florecidos, que están en la zona del Faro, son uno de los paisajes más lindos de la ciudad.
Foto: Guillermo Di Salvatore
Gastón Neffen
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En Santa Fe hay 300.000 árboles, aproximadamente, según las estimaciones de la Municipalidad. Pero no es una cifra exacta, porque la ciudad no cuenta con un censo forestal actualizado. En las veredas, los fresnos son la especie dominante, pero la nueva tendencia es privilegiar los árboles autóctonos como los lapachos, jacarandás, sauces criollos y ceibos, entre muchos otros.
En el Día Nacional del Árbol, El Litoral analizó junto a los referentes de las organizaciones ambientalistas de la ciudad las políticas de arbolado público. A pesar de que se reconocen avances importantes, se reclama un plan maestro que profundice la recuperación de las especies autóctonas y un relevamiento preciso de la cantidad de árboles que hay en la ciudad, un trabajo que también debe considerar las enfermedades y los problemas que tienen muchas especies en el paisaje urbano santafesino.
“Hay un paso importante y definitivo que todavía nos falta terminar de dar, es la conciencia de que en todas las plazas y parques de la ciudad la mayoría de los árboles deben ser autóctonos”, plantea Jorge Cappato, presidente de la Fundación Proteger, en diálogo con El Litoral.
Especies como el ibirá pita, el jacarandá, el aguaribay, el ceibo, el sauce criollo, el curupí, el aromito y los distintos tipos de lapachos, están adaptadas a este ambiente y forman parte de la identidad de la región.
Desde el punto de vista ambiental son más eficientes en el uso del agua -un recurso cada vez más crítico-, porque se desarrollaron a partir de la oferta hídrica de la zona. También son menos vulnerables a las enfermedades locales, una cuestión relevante para una ciudad que es famosa por su humedad. El caso de los paraísos, que disminuyeron drásticamente en Santa Fe, es un buen ejemplo de cómo las enfermedades pueden impactar sobre los árboles que no son autóctonos.
Tipas, plátanos y casuarinas
Hay especies muy bellas que se fueron introduciendo en la ciudad, como el ciprés, el pino elliotis, los distintos tipos de álamos, las casuarinas, el liquidámbar y los imponentes plátanos. Algunos de estos árboles forman parte de la identidad del paisaje urbano. Las tipas, por ejemplo, se lucen en la plaza Colón y en la Pueyrredón. Los plátanos son una marca característica de calle Castellanos, en barrio Candioti, y los palos borrachos deslumbran a todos cuando florecen en el faro.
Lo que plantean los ambientalisas no es tirarlos abajo porque fueron importados, sino comenzar a recuperar las especies locales en los parques y espacios verdes que comienzan a forestarse. El enorme eucalipto, originario de Australia, tal vez sea uno de los símbolos más fuertes de un paradigma que se deslumbraba con los árboles de otros países. A fines de la década de 1850, Domingo Faustino Sarmiento, uno de los impulsores de la forestación nacional, decía: “El eucalipto será el marido de la pampa” (ver “Sarmiento, un pionero”).
Ezio Mazzarantani, del Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat), coincide en la importancia de privilegiar las especies autóctonas: “El arbolado público de la ciudad tiene que tener una identidad”, opina, e insiste en la necesidad de realizar un relevamiento de su estado fitosanitario.
“Además, hay una íntima relación entre el árbol autóctono y las aves de una región, esos pájaros prefieren las especies naturales y no las implantadas, y es muy diferente una ciudad con pájaros que una que no los tiene”, explica Cappato.
Hay otras políticas que pueden impulsar la recuperación de las especies autóctonas. Cappato propone que en los viveros provinciales, municipales y comunales el 90 % de las especies sean originarias de esta región, y más de la mitad en los viveros comerciales. “El objetivo final es apuntar a una ley provincial que tenga como eje la jerarquización de las especies autóctonas”, insiste el titular de Proteger.
Pablo Tabares, de la Fundación Hábitat y Desarrollo, reconoce que en los últimos años ha sido más sencillo convencer a los funcionarios municipales y provinciales de lo importante que es priorizar las especies locales. “Con ese criterio, se forestó el Parque Federal, y la idea es continuar en la misma línea en el futuro Parque Norte, el corredor verde que incluiría los terrenos del Jardín Botánico, el “viejo” relleno sanitario y varias cavas que hay en esa zona”, adelantó.
Un aliado contra la contaminación
Los árboles son claves para la sustentabilidad de una ciudad, porque amortiguan la contaminación, capturan dióxido de carbono (uno de los gases efecto invernadero) y producen oxígeno. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en las ciudades debe haber un árbol por cada habitante.
Hay estudios realizados en todo el mundo que confirman que las hojas de los árboles atrapan y retienen las partículas contaminantes, como el polen, las cenizas, el polvo y el smog. Por eso, el aire es más puro en las cuadras arboladas.
Un grupo de investigadores de la Universidad de California (EE.UU.) también demostró que en las casas arboladas la factura eléctrica es más barata. Es que los árboles colaboran con la climatización de las casas, porque dan sombra en verano y permiten el ingreso de la luz solar en invierno (por la caída de las hojas).
Carlos Zapata, quien era el subsecretario de Ambiente del municipio (falleció en 2008), decía que los árboles son el “acondicionador de aire” más económico del mundo. Y ésta es sólo una de sus muchas ventajas para la ciudades modernas.
El arbolado de alineación en las calles
En el caso de las veredas, es importante tener en cuenta que no todos los árboles autóctonos se pueden plantar allí. Hay normas que especifican qué tipo de especies se pueden colocar y de qué forma. Además, hay criterios para podarlos y extraerlos (ver “Árboles, lo que hay que saber”).
“En líneas generales, no hay que plantar especies que sean de primera magnitud, es decir de más de 15 metros, como el ibirá pitá, el eucaliptus, el ficus, el gomero y el sauce”, precisa Liliana Bock de Espacios Verdes de la Municipalidad.
Un buen ejemplo de lo que no debe hacerse, es el arbolado que se impulsó en Santa Rosa de Lima. “Cuando el barrio comenzó a crecer se plantaron sauces, porque se pretendía lograr sombra muy rápido; pero ahora los árboles son enormes, las ramas se quiebran -son de madera blanda- y la visibilidad en las calles se complica”, cuenta Bock.
Además, hay que tener mucho cuidado con las podas. Porque cuando se hacen en forma incorrecta dejan “herido” al árbol y favorecen el desarrollo de numerosas enfermedades. Por eso, hay que pedir a los empleados de Espacios Verdes que realicen esa tarea, o al menos solicitar autorización y asesoramiento.
“¡Planten árboles!”, pedía Domingo Faustino Sarmiento, a finales de la década de 1850. El sanjuanino fue un gran impulsor de la forestación, sobre todo durante su presidencia (1868-1874). “La Pampa es como nuestra república: tabla rasa. Es necesario escribir sobre ella árboles”, insistía. En 1858, Sarmiento trajo las primeras semillas de eucaliptus desde Australia y las repartió entre los estancieros.
En 1900, el Consejo Nacional de Educación decidió que el 29 de agosto se conmemoraría el Día Nacional del Árbol, a partir de una iniciativa del Dr. Estanislao Zeballos. En Santa Fe, el diputado Edmundo Rosas presentó en 1901 un proyecto para que cada 9 de julio se realice la fiesta provincial del árbol (el proyecto fue aprobado por la legislatura santafesina).
Una plaza color oro. En noviembre, las flores de las tipas tiñen de color amarillo la plaza Colón.
Foto: Néstor Gallegos
Paisaje rosado. Las flores de los lapachos le dan un hermoso marco al Teatro Municipal.
Foto: José Vittori
es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud para que una ciudad sea sustentable.
Plan estratégico
Roberto Celano, subsecretario de Ambiente del municipio, adelanta que uno de los objetivos de la Municipalidad es trabajar para acordar un plan estratégico del arbolado público. “En los primeros tres años de esta gestión municipal, se trabajó mucho para ponernos al día con los reclamos de los vecinos por extracciones y podas, que estaban muy atrasados”, asegura el funcionario.
Celano dice que el municipio comparte el criterio de elegir las especies autóctonas. “Es lo que se hizo en el Parque Federal”, destaca. Además, en el Vivero Municipal se están criando 50.000 árboles para forestar distintos sectores de la ciudad.