De domingo a domingo
De domingo a domingo
Las debilidades del modelo plebiscitado con éxito

Hubo preocupación presidencial a la hora de presionar a sindicalistas y empresarios para que cierren un aumento del salario mínimo en 25 por ciento. Mientras tanto, aumenta la brecha con el ingreso promedio por habitante de Chile, Brasil y Uruguay (que creció en 129 %, mientras la Argentina menos del 49 %). Foto: Télam
Hugo E. Grimaldi
(DyN)
En 2001, la Argentina tenía un ingreso promedio de 7.232 dólares por habitante, Uruguay de 6.319, Chile de 4.421 y Brasil de 3.189.
Diez años después, en dólares corrientes, los valores son otros: Uruguay lidera la tabla con U$S 14.480 per cápita, sigue Chile con 14.024, tercero Brasil con 12.983 y último, la Argentina con 10.766. Más allá de la voltereta posicional, la evolución del ingreso individual asociado al crecimiento de cada país ha sido aún más deprimente para la economía local: Brasil mejoró 307%, Chile 217%, Uruguay 129% y la Argentina algo menos de 49%.
Lo más notorio de estas cifras que relacionan los bienes y servicios que se producen con la población es que disparan una conclusión directa que tiene que ver con el modo estratégico de encarar el manejo de la economía por parte de los gobiernos de cuatro países que son vecinos y todos de un sesgo ideológico bastante parecido, corriente que tuvo preeminencia en la mayor parte de la década: fuera de la Argentina, ninguno de los otros tres, los que más han mejorado, ha seguido a rajatabla el modelo de ‘matriz de acumulación diversificada con inclusión social‘, la pomposa descripción que en nombre del progresismo los funcionarios locales no se cansan de alabar, desde la Presidenta para abajo.
Apropiación y distribución de la riqueza
La manifestación operativa de esta definición de política económica que aceleró Néstor Kirchner a partir de haber quedado con las manos libres tras el canje de la deuda y de haberle pagado al FMI, tiene tres patas que buscan apuntalar el crecimiento y la creación de empleos a través de un fuerte desarrollo del consumo que incremente la demanda interna, con especial énfasis puesto en la protección de la industria local, impulsar la suma de un alto valor agregado a la producción, junto al uso intensivo de la tecnología y sostener la planificación centralizada de la infraestructura.
El pilar fundamental de la matriz kirchnerista es, sin embargo, la intervención estatal activa dedicada a profundizar una batería de regulaciones que sirven para sustentar un proceso de avance creciente hacia el sector privado que los más radicalizados en el Gobierno llaman ‘de apropiación y distribución de la renta‘.
En tanto, las consecuencias del mismo han sido la menor seguridad jurídica, la pérdida de calidad institucional, el divorcio con el mundo, la lucha furiosa entre el mercado interno y las exportaciones (que los funcionarios laudan habitualmente a favor del primero y que ha hecho perder aceleradamente mercados), los gastos crecientes del Estado apalancados en los precios internacionales de las materias primas y la instauración de un negado proceso inflacionario que le sirve al Tesoro para licuar sus gastos, pero que fulmina la pretendida distribución de ingresos hacia los más pobres.
Mientras la Argentina sigue hablando de crecimiento, los otros tres países, en cambio, han generado un desarrollo diferente.
Más integrados con el mundo (Chile) y con una agresiva presencia exportadora (Uruguay) que convive con el decidido impulso que se la da al mercado interno (Brasil), en ninguno de ellos se ha dejado que la variable inflacionaria se dispare a tal punto de inhibir la inversión y por eso, se han tomado todas las medidas necesarias, aún las más ortodoxas, para evitar que los precios crezcan más allá de 5 ó 6% anual.
Los tres grandes jugadores de América latina
Tanto cuidado han tenido estos ahora tres importantes jugadores de América latina por preservar el poder adquisitivo de las clases populares que han achicado la brecha de la distribución más que la Argentina, con masivos ingresos de las clases más pobres hacia el escalón medio, sobre todo Brasil, mientras que no saben cómo hacer para evitar la revaluación de sus monedas por la lluvia de dólares que les exporta el mundo.
También todos ellos han derrumbado un fantasma que se agita en la Argentina cada vez que se habla de controlar la inflación: ‘piden el ajuste‘, dicen los funcionarios.
Lo verdadero es que cada uno de los demás países ha crecido a un ritmo igual o superior a la Argentina, pero con tasas de inflación que están en la quinta parte.
Desde lo práctico, el efecto mayor de las políticas locales es que hoy el llamado viento de cola se está gastando en subsidios, mientras faltan inversiones de calidad, sobre todo en sectores estratégicos que han involucionado, como el energético, que ha transformado al país de ser exportador de hidrocarburos en importador de gas, combustibles y electricidad, con la consiguiente salida de divisas.
Como defensor del modelo económico-social de la Argentina, el premio Nobel Joseph Stiglitz le acaba de decir al diario La Nación que la economía ‘ha crecido mucho‘ aunque cree que aún le falta ‘diversificarse‘, mientras que al respecto criticó la calidad del sistema educativo argentino y puso la crisis internacional sobre la mesa: ‘Hay un riesgo de una desaceleración en China, lo cual desacelerará el precio de las materias primas, del cual la Argentina es muy dependiente. Por lo tanto, debería diversificar su economía, algo que no se hace de la noche a la mañana‘, añadió.
Igualmente, la dependencia argentina de la soja es notable no sólo por los dólares que aporta a la balanza comercial: ‘Sólo si su precio aumenta de modo permanente se podrá seguir sosteniendo un nivel de gasto creciente‘, suele decir el también economista y candidato a vicepresidente de la UCR, Javier González Fraga.
El problema fiscal podría efectivamente agravarse si el futuro gobierno no hace un pronunciado recorte de los subsidios, que hoy utiliza sobre todo para sostener tarifas políticas deprimidas que benefician a toda la población y no sólo a quienes tienen bajos ingresos.
Pero si la caja no alcanza, habida cuenta que al Gobierno no le tiembla el pulso para sumarle fondeo al Tesoro (AFJP-Anses, Reservas y utilidades del BCRA, resto del sector público), se especula que hacia el futuro podría intentar acceder al manejo de los casi $ 30 mil millones anuales de las Obras Sociales, tema que puso nerviosos a los sindicalistas, o a alguna porción de los encajes bancarios.
Exactamente, el abordaje de este último punto ha sido el sentido que hay que darle al Informe que Moody’s hizo esta semana sobre la salud del sistema financiero, al que la bajó la perspectiva ‘a negativa de estable‘, calificación que liviana e interesadamente se interpretó como una manifestación destinada a desmerecer la solidez de los bancos argentinos, que hoy gozan individualmente (así lo reconoció la calificadora) y de modo sistémico de elevados estándares de liquidez y solvencia. Es más, el reporte destaca positivamente ambas cuestiones y se centra en el financiamiento al consumo, aunque sin tomar en cuenta que la mayor parte de estos créditos hoy está en cabeza de fideicomisos externos a las entidades.
El salario mínimo y la inflación
No obstante, la preocupación presidencial pareció evidenciarse el viernes en la intervención personal que Cristina abordó a la hora de presionar a sindicalistas y empresarios para que cierren un aumento del salario mínimo en 25% ($2.300), dejando de lado la pretensión de la CGT y la CTA de llegar a 41% ($2.600). Este último porcentaje, resistido por los hombres de negocios, le hubiera puesto una nueva escala al proceso inflacionario que la mesura de Cristina contribuyó por el momento a atenuar. ¿Interesa hacer todo este tipo de comparaciones entre defensores y detractores del plan económico, sobre todo ante el aluvión de votos que logró la presidenta en las primarias de agosto? ¿Esta receta no es casi la misma que llevarían adelante los demás candidatos, salvo cuestiones de formas, por lo cuál la preferencia hacia Cristina sería aún más contundente en octubre?
Lo concreto es que ningún postulante a la presidencia de la Nación ha planteado que durante los últimos años, desde el punto de vista económico, las cosas podrían haberse hecho al menos como los países vecinos, tal como lo demostró en un seminario de CADAL, con los números del ingreso per cápita en la mano, el titular de la Bolsa de Valores del Uruguay, el economista Pablo Montaldo.
Más bien, los candidatos se la han pasado las últimas dos semanas en sintonía diferente, llorando por los rincones e intentando salir del sopor que les produjo la paliza de las Primarias del día 14 y sólo tuvieron espacio para formular denuncias sobre irregularidades manifiestas en el comicio o solicitando obsesivamente la instauración de la Boleta Unica. De otras cuestiones, nadie ha pronunciado una palabra.