El próximo domingo

Las elecciones en España bajo el signo de la crisis y el desempleo

Todos los sondeos anticipan una estrepitosa derrota del socialismo a manos de los conservadores populares de Mariano Rajoy, su candidato. No obstante, la gestión del futuro jefe de Gobierno estará muy condicionada por las circunstancias. Los electores exigen soluciones ya, que nadie puede dar.

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Condenados. El candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba (2do., izquierda) junto al actual jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y otros dirigentes de su partido, durante el acto realizado en Málaga, en el sur del país. Todo indica que en breve serán oposición. Foto: Agencia EFE

Theo Peters

Agencia DPA

“¡Es la economía, estúpido!”. Este famoso eslogan de la campaña electoral de Bill Clinton para la presidencia de Estados Unidos en 1992 bien podría aplicarse a la situación española que forzó la convocatoria de las elecciones legislativas adelantadas del próximo domingo.

Sin la prolongada crisis y su expresión social más dramática, un nivel de desempleo récord de un 21,52 por ciento, que entre los menores de 25 años incluso llega a la escandalosa cifra de un 46 por ciento, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, probablemente habría optado por buscar un tercer mandato.

Sin embargo, la crisis económica, y sobre todo el desempleo, que ha dejado sin trabajo a cinco millones de españoles, se llevaron por delante a Zapatero y arrastraron en su caída al gobernante Partido Socialista (PSOE). Según los pronósticos unánimes de los sondeos, el PSOE y su candidato a la presidencia del gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, sufrirán el domingo una derrota de dimensiones históricas.

En 2008, cuando los síntomas de la crisis económica y financiera ya eran visibles, Zapatero, quien había confesado en una conversación privada que trascendió accidentalmente sus escasos conocimientos en materia económica, negó que se pudiera hablar de “crisis”, al asegurar que solo se trataba de una “desaceleración temporal”.

Mientras la crisis continuaba profundizándose y el desempleo batía récords todos los meses, el jefe del gobierno socialista español seguía relativizando la gravedad de la situación prometiendo un pronto “cambio de tendencia” y una rápida recuperación del empleo.

Cuando la evolución de los hechos demostró todo lo contrario, incluso un medio tradicionalmente afín a los gobiernos socialistas como el influyente diario El País se distanció de Zapatero y en un editorial llegó a calificarlo como “optimista patológico”.

El punto de inflexión llegó, de forma totalmente inesperada, en mayo de 2010, cuando Zapatero, sometido a una presión cada vez más fuerte de la Comisión Europea y ante el temor de que España tuviese que recurrir a un rescate internacional como Grecia, dio un giro de 180 grados anunciando un drástico programa de austeridad.

Con el fin de reducir el déficit público en 10.000 millones de euros y recuperar la confianza de los mercados, el gobierno recortó los salarios de los empleados públicos en un cinco por ciento y congeló la mayoría de las pensiones, entre otras medidas.

Demasiado tarde, clamaba la oposición conservadora del Partido Popular (PP), que cuestionó la eficacia de las medidas anunciadas y, capitalizando el creciente descontento en la población, exigió la renuncia de Zapatero por considerarlo responsable de la crisis o haber fracasado totalmente en su gestión para combatirla.

En las filas del PSOE, el duro programa de ajuste adoptado por el gobierno causó estupor. No pocos socialistas creían entonces, y hoy siguen convencidos de ello, que lo mejor que pudiera haber hecho Zapatero era presentar su dimisión para no hacerse corresponsable de una política “neoliberal” considerada incompatible con las proclamas ideológicas fundamentales de su partido.

Zapatero, sin embargo, no cedió ante las críticas internas y se declaró dispuesto a pagar el precio político por su golpe de timón ante la crisis. La factura le fue presentada en las elecciones regionales del pasado 22 de mayo: el PSOE sufrió una auténtica debacle con la pérdida de más de un millón de votos y perdió el poder en casi todos las comunidades autónomas donde venía gobernando.

Dos meses más tarde, a finales de julio, Zapatero finalmente tiró la toalla al anunciar el adelanto en cuatro meses de las elecciones parlamentarias de 2012 para que un nuevo gobierno asuma, a partir de diciembre, la gestión de la crisis con una política diferente. Tiempo atrás ya había anunciado su decisión de renunciar a la reelección.

Lo que se viene

De acuerdo con todos los sondeos, ese nuevo gobierno será del PP, con su líder Mariano Rajoy al frente, y contará con una mayoría más que absoluta en el Parlamento. La ventaja de los conservadores en la intención de voto es tan abismal que Rajoy se ha podido dar el lujo durante la campaña electoral de no precisar su futuro programa de gobierno para sacar a España del marasmo de la crisis.

Los pronósticos a corto plazo no son nada alentadores: institutos financieros como el banco Goldman & Sachs no descartan que la economía española, actualmente estancada, vuelva a entrar en recesión a principios de 2012 y auguran que el desempleo seguirá creciendo en los próximos meses. Y ya nadie cree que se cumpla la meta de reducir el déficit público de un 9,3 a un seis por ciento a final de 2011.

El nuevo gobierno se hallará, por tanto, ante un desafío enorme. Los españoles piden un cambio y aguardan impacientemente rápidas mejoras, sobre todo en la lucha contra el desempleo.

La eventual falta de soluciones en el horizonte cercano podría tentar al nuevo Ejecutivo a recurrir a un argumento clásico en la política española para justificar su eventual fracaso: la “herencia imposible” que le dejó el gobierno anterior.

Crece el riesgo

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Mariano Rajoy. Todas las encuestas lo colocan al líder del PP como próximo jefe del gobierno español. Foto: Agencia EFE

España debió pagar hoy una tasa de interés de 7,088 por ciento, el nivel más alto desde 1997, para colocar bonos a diez años por un monto de 3.562 millones de euros.

Algunos analistas sitúan en el 7 por ciento de interés del bono a diez años las referencias para que un país tenga que ser rescatado, como fue el caso de Portugal el pasado mes de mayo, indicó la agencia de noticias DPA.

La rentabilidad de los bonos españoles se incrementó 30 por ciento respecto de la anterior subasta de obligaciones a diez años, realizada el pasado 20 de octubre.

El riesgo país de España, que mide la diferencia de rentabilidad entre sus bonos a diez años y los de Alemania, también alcanzó poco después de la subasta de hoy un nuevo récord, de 495 puntos básicos, su mayor nivel desde la creación del euro en 1999.

El Tesoro español se había fijado como objetivo de la subasta, captar entre 3.000 y 4.000 millones de euros. La subasta se produjo dos días después de que España se viese obligada a pagar por la colocación de bonos a 12 y 18 meses un interés superior a 5 por ciento, el más alto desde 1997.

No sólo España sufrió hoy los nuevos ataques de los merados, ya que Francia fue castigada con una notable suba de la rentabilidad de sus bonos a diez años, que alcanzó esta mañana el 3,78 por ciento. El riesgo país de Francia aumentó a más de 200 puntos, también su mayor nivel desde la introducción del euro.