Mesa de café
Mesa de café
Un año movidito

Remo Erdosain
Como que el inicio del año nos encuentra a todos más sosegados. Concluyeron las fiestas y hay una tácita promesa de iniciar las dietas, parar con la cerveza y el vino y empezar a practicar la vida sana. Lo que no se deja es la mesa del café. Todo se puede negociar, menos el placer de compartir con los amigos una mesa donde esté permitido, como se dice en estos casos, hablar de Dios y María Santísima.
Marcial comenta la muerte del gobernador de Río Negro.
-Habría que ver si no fue un magnicidio -dispara, medio en broma, medio en serio.
-Pensar que peleó durante veinte años para ser gobernador y duró en el poder veinte días -acota Abel.
-Y no sólo duró veinte días, sino que le dejó el cargo a un dirigente del Frente Grande- digo.
En ese punto no hay problemas -corta José- se trata de un compañero leal a Cristina, un compañero que va a hacer lo que Cristina le pida.
-¿No es que la Argentina tiene un régimen federal? pregunta Marcial.
-¿Y a que se debe la acotación? pregunta José desconfiado.
-A que pareciera que los gobernadores son empleados del Poder Ejecutivo nacional- contesta Marcial.
-De hecho lo son -agrega Abel.
-El compañero que asumió el gobierno -insiste José- es leal a Cristina y ya está demostrando que tiene uñas para guitarrero.
-¿Se puede saber por qué? -pregunto.
-Le pidió la renuncia al tarado del intendente de Catriel y amenazó con juicio político al irresponsable del presidente del Superior Tribunal de Justicia -responde.
-Lo del intendente de Catriel habrá que verlo -puntualiza Abel-, parece que el hombre “se pierde”.
-¿Solo o acompañado? pregunta Marcial.
-En cualquier caso “se pierde” -insiste Abel-, y en esas condiciones me parece que no está preparado para dirigir los destinos de una ciudad.
-Lo que es más complicado -intervengo- es la pelea entre el nuevo gobernador y el presidente del Superior Tribunal.
-Es una pelea que venía de antes -aclara José.
-Lo que el juez ha dicho es que se le está mintiendo a la gente, que se habla de un accidente o algo parecido y no se dice que fue un crimen y un crimen contra un gobernador -enfatiza Abel.
-Yo quisiera saber -se pregunta Marcial- por qué la mujer está en libertad, por qué no la detuvieron en el acto.
-Por que era la esposa del gobernador -digo en broma.
-La esposa del gobernador que fue asesinado por ella.
Quito, el mozo, se acerca y sirve una vuelta más de café para todos, menos para Marcial que toma té. Después nos dice:
-Espero que ahora no vengan las feministas a decir que se trata de una violencia de género y que la culpa la tiene el muerto porque ejercía sobre la pobre mujer violencia psicológica.
Lo escuchamos en silencio. El único que le responde es MarciaL.
-Quedate tranquilo Quito, las feministas no van a decir nada.
-¿Y los machistas? pregunta Abel.
-Aprender del ejemplo de Soria -digo-, mirá como le fue.
- Convengamos -dice Marcial- que Soria murió el primero de año a la madrugada, pero la relación de pareja como tal estaba muerta desde hacía rato.
-Se hubiera divorciado. Nada de ello la autoriza a matar al marido.
-No es tan fácil -reflexiono- el drama humano es siempre más complejo.
-No se apresuren con las conclusiones -advierte José- porque la Justicia está investigando.
-Lo más importante, como ye sabe -señalo- es que la mujer lo mató, le tiró desde poca distancia y quisiera saber si fue un tiro o dos, porque la primera noticia hablaba de dos tiros y después cambió la información.
-Es que si hubo dos tiros -dice Abel- no habría manera de justificar la muerte en nombre de un hipotético accidente, un forcejeo o algo parecido.
-Esta bien -admite José- pero el presidente del Tribunal no puede salir muy suelto de cuerpo por las radios nacionales a dar opiniones, cuando su tarea es garantizar la pureza de los procedimientos.
-En eso tenés razón -admite Marcial- el presidente del Tribunal no es un comentador, es el garante de los procedimientos.
-Él dice que habló porque el poder oficial estaba tapando todo -menciono.
-No importa -insiste Marcial- que hable otro, pero no la cabeza del Poder Judicial.
-Lo que dice -apunta Abel- es que lo que precipitó la bronca fue que a la fiesta de fin de año llegó el hijo gay de los Soria acompañado de su flamante pareja.
-Dicen que Soria se calentó por el espectáculo y la mujer defendió al hijo.
-Digo yo -pregunta Marcial -¿no es que Soria y sus amigos votaron por el matrimonio igualitario?
-Una cosa es votar por eso -digo- y otra cosa es que tu hijo se siente con su pareja en la mesa de fin de año. Una cosa es votar una ley para sacar votos y otra cosa, muy distinta, es hacerse cargo de las consecuencias de esa ley.
-Nada de lo que dicen está probado -insiste José.
-Pero tampoco está desmentido -dice Abel.
-Que la justicia investigue -responde José.
-Esperemos que lo haga- se esperanza Marcial con tono protocolar.
Abel le hace señas a Quito para que le traiga un liso, algo sorprendente porque apenas llegó a la mesa dijo que hasta marzo no tomaba más cerveza.
-Tus promesas duran poco -señala José.
-Débil es la carne -sentencia Abel.
Yo también voy a pedir un liso -expresa José, porque quiero festejar por la salud de la presidenta.
-Presidente -corrige Marcial.
-Está aceptado lo de presidenta.
-Una cuota de poder y se dan el lujo de barrer la sintaxis -comenta Marcial.
-No nos vayamos por las ramas -reclamo.
-Los gorilas es lo que mejor saben hacer -observa José.
-No nos vayamos por las ramas -insisto-, porque el tema de la salud presidencial es un tema político importante.
-Yo me congratulo de que la operación haya salido bien -dice Marcial.
-Me vas a tener que convencer con buenos argumentos de que sos sincero -responde José.
-Te lo explico una sola vez para que entiendas -reacciona Marcial con inusual seriedad-, yo no quiero que nadie se muera, nadie, ni siquiera mi enemigo más encarnizado. Pero en este caso no quiero que la señora se muera no sólo por razones humanistas, sino por razones políticas.
-¿Podés explicarlo mejor? inquiere Abel, algo impaciente.
-Como no. Yo no quiero que Cristina se muera como no quise que se muriera Kirchner. Y no lo hago porque soy bueno sino porque soy malo.
-¿Y cómo es eso? pregunta José ansioso.
-Yo no los quiero muertos físicamente, los quiero muertos políticamente. La muerte física los endiosa. Mirá el caso de Kirchner. Mira lo de Evita. No tengo ganas de soportar una Argentina con velorios oficiales, con estampitas y con todas las calles de la Argentina con los nombres de los muertos. Tampoco quiero el luto obligatorio y toda esa necrofilia de la que los compañeros son tan devotos. Yo los quiero vivos físicamente pero muertos políticamente, como Menem.
-No comparto- concluye José.