Más allá de Famatina, ¿qué pasa con la minería?

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Montaña y producción. En primer plano, tomates secándose al sol; el cerro, al fondo.

Foto: Archivo El Litoral

María Laura Lapalma (*)

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El caso de Famatina recorre en estas semanas las portadas de ciertos medios nacionales y redes sociales y el debate se instala poco a poco en la opinión pública. Ahora bien, cabe preguntarnos ¿en qué radica el problema minero más allá de este caso puntual?

Por empezar, hay que destacar que el problema ambiental de la minería surge con un nuevo modo de explotación que se implementa a partir de los años ‘90 del siglo XX. Anteriormente, el modelo extractivo, comenzado en el siglo XIX, consistía en estudiar las zonas donde se encontraba concentrado gran cantidad de mineral y se procedía a cavar túneles para, de este modo, realizar la tarea extractiva. Esto no generaba mayores contiendas ambientales, sobre todo porque en aquel entonces no existía una conciencia conservacionista del entorno. Los únicos problemas tenían que ver con la seguridad y salud de los trabajadores mineros.

Si bien ya habían existido explotaciones, la Argentina, a diferencia de otros países cordilleranos como Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, entre otros, nunca se caracterizó por ser un país minero, porque los gobernantes de aquel entonces apostaron a un modelo agrícola-ganadero que convertiría al país en “ granero del mundo”.

Nuevo modelo extractivo

Pero hacia los años ‘90 del siglo XX, la minería encuentra otra forma de explotación: dinamitar una montaña. De este modo se puede extraer gran cantidad de mineral que se halla disperso; es decir, no concentrado en un lugar determinado. La extracción resulta así más redituable, y con ello surgen muchísimas corporaciones internacionales que advierten en este rubro un tentador mercado para sus acciones.

En esa década, bajo el gobierno de Carlos Menem, se implementa la ley 24.196 (años después convalidada por el kirchnerismo como el Plan Minero de 2004) que promueve la atracción de estas inversiones mediante la eximición de tributos y de controles (únicamente se supervisa la información que las propias empresas voluntariamente decidan suministrar). Además, en consonancia con esa idea, se establece el pago del 3% de regalías únicamente sobre lo que las empresas declaren extraer. Así es que la Argentina, con estas condiciones legales y fiscales, sumadas a la existencia de recursos minerales en la cordillera de los Andes, se convierte en un paraíso para tales inversiones.

La consecuencia queda a la vista con la proliferación de emprendimientos, y con ellos, de problemas ambientales. Antes de Famatina, decenas de luchas ambientales se suscitaron en torno a la megaminería, tales como las que repudiaron “la Alumbrera” o el proyecto “Pascua Lama”. En la actualidad, a la par de Famatina hay movimientos de vecinos en las provincias de Chubut, Río Negro, Mendoza, San Juan, Catamarca, cuyas pugnas son muy poco recogidas por los medios de comunicación oficialistas.

Aristas del conflicto

El conflicto tiene varias aristas: la ecológica, la económica, la política y la social.

En cuanto a la primera, no hace falta demasiada ciencia para entender que dinamitando una montaña se provoca una seria alteración en su ecosistema. Por otra parte, para tales explotaciones, las mineras utilizan miles de litros diarios de agua dulce que extraen de estas zonas, justamente caracterizadas por su escasez. Así, dejan sin el sustento principal de vida a muchísimos pobladores aledaños. Por otra parte, los minerales extraídos son lavados con cianuro (para depurarlos de la roca y diferentes componentes que lo rodean), procedimiento que genera líquidos tóxicos que se derraman por los cauces de ríos y napas de la montaña, lo cual configura otro problema ambiental.

Pero el tema también involucra factores económicos. He aquí que la reducción de disponibilidad de las aguas y la contaminación de otras se torna no sólo un problema ecológico y sanitario, sino que afecta a las economías regionales de las poblaciones cordilleranas, ancestralmente dedicadas a cultivos de ajo, nueces, aceitunas y uvas, entre otros. Asimismo, a las actividades pesqueras.

Hasta acá vemos que la minería acarrea problemas, pero ¿en qué beneficia? Lo cierto es que no se encuentran mayores virtudes en esta actividad. Al estar exenta de tributos, no genera ninguna fuente de ingresos para el país (una paradoja en estos tiempos donde se carga fuertemente de gravámenes a otras actividades, tales como la agrícola-ganadera); tampoco se somete a control (otra gran paradoja en un país que controla toda actividad empresarial y el bolsillo de los particulares, como por ejemplo con la compra de dólares).

En cuanto a recursos humanos, el rubro no genera más que unos pocos puestos de trabajo, todos temporales, que en comparación con los perjuicios que causa a otras economías regionales, muestra una balanza que no justifica la especial promoción de los emprendimientos mineros.

Entonces, si los beneficios no son mayores que los perjuicios, y los problemas que suscita tienen una grave proyección temporal ¿por qué continúan proliferando tales inversiones? Y aquí entra en juego el problema político.

Estas grandes corporaciones ejercen una fuerte presión, por medio de corruptelas varias, sobre autoridades encargadas de autorizar su funcionamiento (basta ver el giro de 180 grados en el discurso del gobernador de La Rioja) y sobre medios de comunicación para que no se difundan las voces de los ciudadanos que se alcen contra sus proyectos.

Para terminar de enmarcar la cuestión baste recordar que el 80% del oro extraído en el mundo tiene como destino final las bóvedas de los bancos y las grandes casas de relojes y otros artículos suntuosos en países del primer mundo. Solo el 20% del total extraído se utiliza para ciertos componentes de computadoras y otros artículos electrónicos. A cambio de ello, el tercer mundo carga con un gran pasivo ambiental y ningún rédito económico.

Un derecho fundamental

Ante estas realidades, el mérito de Famatina radica en que, con su resistencia, ha logrado sobreponerse al silencio de algunos medios, sobre todo los oficiales, y lograr difusión a través de la prensa nacional independiente. Pero Famatina no es el único caso, es el que hoy logró tener voz, y es importante entender que tal pugna no le es exclusiva. Por el contrario, se debe mirar con atención a tantas otras reacciones que a lo largo de las distintas provincias cordilleranas se erigen contra este modelo extractivo que viene pisando fuerte en este país.

Todas ellas tienen en común la reivindicación de varios derechos. Por empezar, el derecho constitucional (artículo 41º) al medio ambiente sano y equilibrado, de la mano con el derecho a la vida y al agua, que son derechos humanos, otra paradoja dentro del gobierno actual, que constantemente se proclama su guardián.

Además, detrás de manifestaciones tales como la de Famatina subyace la reivindicación de un derecho de soberanía sobre los propios recursos naturales y el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Y, fundamentalmente, estas voces dan cuenta del repudio de un pueblo que se niega a un modelo que promete un desarrollo que no existe, situación en la que entra en juego el derecho a participar en los procesos de adopción de decisiones ambientales, principio fundamental de la Declaración de Río de Janeiro de 1992, a la cual Argentina adhiere, y es norma obligatoria de nuestra Ley General del Ambiente.

Muchas oposiciones de este tipo no consiguen su cometido, pero existen algunos antecedentes en la Argentina que brindan un destello esperanzador. Uno de ellos es la exitosa resistencia del propio pueblo de Famatina que, junto con el de Chilecito, en 2007 lograron el desistimiento de la multinacional Barrik Gold de explotar en esa zona. El otro, de 2004, es el caso de los pobladores de Esquel, quienes repudiaron y se manifestaron, logrando que por un rotundo plebiscito (el 80%) se negara la autorización de un emprendimiento minero. Es que los pobladores, que históricamente han vivido y viven del turismo y del deporte (sky), se negaron a convertirse en pueblos mineros.

Se esperan en esta oportunidad idénticos resultados para el pueblo de Famatina y, fundamentalmente, para que sirva de amplificador en la difusión de otras decenas de similares pugnas que los vecinos de otras provincias cordilleranas afrontan, y sobre las que poco se sabe.

(*) Magíster en Derecho Ambiental (UNL - Universidad de Limoges)