Una vida que supera la leyenda

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El rostro de Elizabeth Taylor es el que el mundo tiene de Cleopatra, aunque, según dicen los expertos, la reina de Egipto tenía nariz aguileña.

Pocos personajes han conocido una fama póstuma superior a la de Cleopatra, pero su vida va más allá de la leyenda. Una mujer que no conquistó a los hombres con su belleza, sino con su inteligencia, la herramienta que usó para marcar las estrategias que la llevaron a ser la reina de Egipto.

TEXTOs. LAURA G. ORIHUELA. FOTO. EFE REPORTAJES.

A pesar de ser un personaje universalmente conocido, la imagen de Cleopatra se acerca más al papel que Elizabeth Taylor interpretó en 1963 que a la verdadera reina de Egipto, una mujer de nariz aguileña que resultó ser una estratega nata, alguien mucho más interesante que el mito creado por Hollywood.

La estadounidense Stacy Schiff, ganadora del Pulitzer en 2000 por “Vera, señora de Nabokov”, ha invertido cinco años para demostrar en la biografía de “Cleopatra” que ésta no era una sirena seductora, sino una auténtica maestra en política.

“Fue una mujer muy capaz: llevó a cabo reformas económicas de calado y, además, el hecho de que no hubiera agitaciones civiles en su tiempo indica que sabía manejar la política como nadie”, señaló la autora en una reciente entrevista con la agencia EFE.

SEDUCTORA INTELIGENTE

En su obra, Schiff cuenta que Cleopatra no fue especialmente guapa, pero sí una gran oradora. “Sedujo a los hombres con su inteligencia, que es algo mucho más poderoso que la belleza y lo que la hacía una mujer peligrosa para los romanos, para quienes los derechos de las mujeres no existían”, explicó la escritora.

Según contó el historiador británico Adrian Goldsworthy, “Cleopatra logró ser la reina de Egipto gracias a sus dos amantes romanos, y los únicos conocidos: primero César y luego Marco Antonio, los hombres más poderosos del mundo en momentos diferentes de la historia”.

Goldsworthy ha escrito la biografía de “César”, “La caída del imperio romano” y, la última, “Antonio y Cleopatra”, donde se remonta a la caída de Alejandro Magno para explicar cómo la familia de Cleopatra, la de los Ptolomeos, tomó el poder en 323 a.C., y recayó, en 51 a.C., en “la reina que vivió la unión entre las culturas de Grecia y Roma”.

El historiador describe a Cleopatra como “una mujer más cercana a nuestro tiempo que a la época de las pirámides; alguien que, aunque procedía de Grecia, fue la primera de su familia que se tomó la molestia para aprender la lengua egipcia”.

FRÍA POR NECESIDAD

Elizabeth Taylor interpretó a una Cleopatra fría y calculadora, pero todos eran así, asegura Goldsworthy. “Tenían que serlo, porque en esa época donde imperaba la necesidad de sobrevivir, la pasión ocupaba un plano secundario”.

“Tanto César como Marco Antonio significaron para Cleopatra una alianza política, pero también sentimental” y es que la reina no solo tenía que preocuparse por amenazas extranjeras, dado que en su familia, la de los Ptolomeos, el asesinato era una técnica común para alcanzar el poder.

¿El instinto por sobrevivir?, ¿el ansia de poder?... Fuese cual fuese la razón, lo cierto es que Cleopatra mató a sus hermanos para mantenerse como reina.

Cuando Octavio Augusto, heredero de César, invadió Egipto, la que aún era la reina hizo creer a Marco Antonio -a través de un mensajero- que ella había muerto, razón por la que su amante se clavó un puñal en el pecho.

Una vez muerto, la reina jugó su última baza para mantener el poder en Egipto e intentó negociar con Octavio Augusto, pero ya era tarde porque éste había propagado por Roma que Cleopatra era una amenaza por “haber acaparado la atención de Marco Antonio”, explicó Goldsworthy, por lo que no le quedó otra opción que el suicidio.

UN PERSONAJE RENTABLE

“Pocos personajes han conocido una fama póstuma superior a la suya”, dice Schiff, la autora de “Cleopatra”, en la primera página de la biografía, y añade que “hoy en día su nombre evoca asteroides, videojuegos, cigarrillos, máquinas tragamonedas, locales de striptease y hasta a Elizabeth Taylor”.

Y es que, la mujer que “tuvo en sus manos por un breve instante el destino de Occidente”, sigue dando mucho que hablar, tanto que Hollywood planea llevar a la gran pantalla esta biografía.

El proyecto aún no tiene director, pero sí un rostro: Angelina Jolie será la encargada de dejar en la memoria de futuras generaciones la herencia de Cleopatra.

Una tumba misteriosa

Hace más de 2.000 años que la mujer que reinó en Alejandría, una generación antes del nacimiento de Cristo, murió. Pero aún hoy sigue dando mucho que hablar.

Kathlee Martínez es una arqueóloga que, fascinada por la vida y muerte de Cleopatra, busca su tumba desde 2005. “Se suicidó utilizando un áspid, una cobra egipcia, y ésta es una imagen que ha hipnotizado a los arqueólogos, escritores y directores de cine a lo largo de la historia”, explicó Martínez en una conferencia.

La arqueóloga está convencida de que el suicidio de la reina “no fue un acto desesperado”, sino que representa “un ritual de profundo significado religioso llevado a cabo en una ceremonia muy estricta”, donde la serpiente representaría la muerte.

En dos kilómetros de túneles, han encontrado monedas con la efigie de Cleopatra, fragmentos de estatuas y un cementerio donde se calcula que yacen 2.000 cuerpos, lo que, según Martínez, es una señal de que en algún lugar cercano se encuentra la tumba de un soberano.