Edición Jueves 9 de febrero de 2012

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Mesa de café

Cosas santafesinas

MESADECAFE.tif

Remo Erdosain

Sigue haciendo calor. Ni la lluvia ni el nublado logra alterar esa sensación. “Es Santa Fe y estamos en febrero”, dice Abel como sin con esos datos ya no fuesen necesarias las explicaciones. Marcial, como al pasar, comenta que la frase “el calor aprieta” es una invención santafesina.

-También el “viste” lo es -agrega José.

-Invención horrible si la hay -digo- sobre todo cuando lo dicen sin pronunciar la “s”.

-Sin embargo a vos a veces se te escapa un “viste”.

-Por eso es horrible, porque se pega al lenguaje aunque uno no quiera.

-Yo creo que la gran invención de los santafesinos, lo que nos distingue en el mundo en materia de lenguaje, es comerse las “s”.

-Eso más que una invención es un vicio -dice José.

-O una glotonería -agrega Marcial.

-Nosotros no nos comemos las “s” -digo- directamente las desconocemos.

-¿Y el “altro que” que escuchaba cuando era chico de dónde salió? -pregunta Abel.

-Salió de los italianos, de los piamonteses para ser más precisos. Como también el “porca miseria” y el “Dio faus”.

-Una costumbre muy santafesina es designar la altura de las calles con los dos primeros números. Una vez en Buenos Aires tomé un taxi y le dije que me llevara a Corrientes al 25 y casi me tiró al medio del Río de la Plata.

-También es un invento nuestro -agrego- el liso. En cualquier parte se habla del chopp, la jarrita, la cerveza, pero el liso es algo nuestro.

-Derecho tenemos -dice José- porque hasta que alguien demuestre lo contrario en Santa Fe se tira el mejor liso del mundo.

-Los mejores lisos y los mejores cívicos del mundo -agrega Marcial, que nunca se olvida de cuando era niño y su padre lo llevaba a La Modelo o a la Técnica y después de ordenar una vuelta de lisos pedía un cívico para él.

-La palabra “porrón” es muy santafesina -aporta Quito que acaba de servirnos una vuelta de lisos.

-No tanto -dice Abel- se usa en muchos lados.

Quito hace silencio, pero el que interviene es José:

-Designa cosas distintas. El otro día unos amigos porteños pidieron en este bar cinco porrones de cerveza y cuando le trajeron las botellas de un litro se querían morir. Para ellos el porrón es una botellita chica; para los santafesinos es la botella grande

-“A quien le ganaste gil” es también un invento santafesino -digo.

-Un horrible invento santafesino -corrobora Marcial.

-Y hablando de comida -agrega Marcial- hay que decir que el mejor pescado de río del mundo se come en Santa Fe.

-En el quincho de Chiquito -agrego.

-Los sábalos, el amarillo... son bien nuestros.

-Tan nuestro como Alto Verde -agrega José .

-En versión de Horacio Guarany cantado en el festival de Guadalupe -se entusiasma Abel.

-Yo voy a elevar un poco el nivel del charla -advierte Marcial- hay un giro muy santafesinos y es “más vale”. Ese es bien nuestro. No lo escuché en ninguna parte

-¿La litoraleña es santafesina? -pregunto.

-Debería serlo -responde José.

-Sin embargo, me parece que la partida la ganaron los correntinos y los entrerrianos.

-No obstente algunos temas son más santafesinos que el sábalo. Sin ir más lejos, recuerdo aquella canción que concluía: “Te irá a buscar mi sombra cuando vuelvas, para llegar de noche a Santa Fe”.

-Aunque a Marcial no le guste -insiste José- “Alto Verde querido” es lo que mejor nos representa.

-El otro tema nuestro es “Santafesino de veras” -digo.

-Y yo agregaría a Orlando Veracruz -dice Abel.

-Su paisaje es más el campo que de la ciudad -observa Marcial.

-Sin embargo hay un tema “El Quincho de Chiquito” que es muy ciudadano.

-La otra alternativa son “Los Palmeras” o Leo Mattioli -digo.

-A mi me gustan -dice José- y también me gusta la cumbia santafesina

-No podés negar que sos peronista -acusa Marcial.

-Alguna vez -dice Abel- se intentó imponer un ritmo muy santafesino y para que nadie tuviera dudas sobre su origen se llamo “La Setubalera”.

-Es la primera vez que lo oigo -dice Marcial.

-Porque vos sos más rosarino que santafesino -acusa José.

-Soy santafesino, pero cuando viajo a Rosario la paso muy bien y tengo que admitir que es una ciudad tres veces más grande que la nuestra.

-Porque sea más grande no quiere decir que sea mejor -refuta Abel.

-Lo único que nos falta -digo- es que iniciemos una guerra de Secesión con Rosario.

-Hablando de todo un poco, como los locos -dice Abel- no olvidemos que El Litoral es muy santafesino.

-Como La Voz del Interior es de Córdoba o La gaceta es de Tucumán - digo

-Yo lo que creo -dice Marcial- es que somos una ciudad media híbrida. No tenemos un dialecto o lunfardo propio y tampoco nos destacamos por producciones locales propias.

-No es tan así -refuta Abel.

-Yo estoy de acuerdo con Abel -dice José- Santa Fe tiene lo suyo. Sin ir más lejos, el alfajor es nuestro.

-También es de Mar del Plata, Córdoba y Rosario -corrijo.

-De nuevo voy a elevar un poco el nivel de la charla, -anuncia Marcial- el teatro independiente santafesino llegó a ser uno de los mejores del país. Y el Cine Club es el más viejo de la Argentina. Y el otro día leí que en esta ciudad la relación entre investigadores científicos y habitantes es la más alta.

-¿Es así como vos lo decís? -pregunta descreído José.

-Es así -corrobora Marcial, y le hace señas a Quito para que sirva otra vuelta de lisos para toda la mesa.

-Y ya que estamos mencionando hazañas -digo- recordemos que el Movimiento de Curas para el Tercer Mundo se fundó en esta ciudad. Y que en los años setenta la Juventud Peronista más desarrollada del país era la de acá.

-Y en los ochenta -agrega Abel- la Franja Morada más importante de la primavera alfonsinista era la santafesina.

-Para no hablar de los reconocimientos internacionales que ha tenido la facultad de Ingeniería Química.

-O que hemos sido la ciudad de las Constituciones -insiste Marcial- no se olviden que por ello se fundó el Club del Orden -Yo creía que había sido fundado por la oligarquía -ironiza José.

-Eran patricios, no oligarcas -responde Marcial- un linaje muy superior al de los fascinerosos que pusieron la bomba en 1972, fascinerosos no muy diferentes a los malones y montoneras que a mediados del siglo XIX incendiaban el país.

-No comparto -concluye José.