“El turf es lo más lindo que hay”

Jockey y entrenador ya retirado de la actividad hace más de 25 años, Amancio “Chamaco” Alem recordó las mejores épocas del hipódromo de Las Flores y trazó una lógica comparación con la actualidad.

TEXTOS. JUAN RAÚL MONCADA ([email protected]).

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El jockey “Chamaco” Alem durante la entrevista con Nosotros, en el Hipódromo de Las Flores. Foto. Amancio Alem.

 

Es realmente fácil deducir a través de sus gestos que la actualidad de Las Flores dista de lo que este hombre vivió hace algunas décadas. “La verdad es que está todo muy cambiado, sobre todo encuentro mucha tristeza, muy lejos de lo que era antes este hipódromo de las Flores; realmente no es ni la sombra de lo que era treinta años atrás”, afirma Amancio “Chamaco” Alem.

- El espectáculo y las carreras eran otra cosa...

- Recuerdo lo que era la llegada del 15 de noviembre, se vivía de otra forma, desbordábamos de alegría esperando ese día. Ya dos meses antes nos preparábamos para la gran tarde del Juan de Garay y del Carlos Pellegrini. Uno lleva adentro siempre el sentimiento por este hipódromo y por el día de la fiesta cuando todos los que formamos la gran familia de la hípica teníamos nuestra cita. He corrido varios Pellegrini pero no he tenido la suerte de poder ganar alguno.

- ¿De qué colegas se acuerda?

- El “Sapo” Rivero, el padre del actual jinete, quien también heredó el apodo; también del Indio Suárez, los hermanos Bortulé, todos los muchachos con los que compartí. Más atrás en el tiempo recuerdo a Porciel, un gran jockey que tuvo una severa rodada y quedó en silla de ruedas. También me acuerdo de Agapito “Pito” Mirón, que luego tuvo a uno de sus hijos jockey, Atilio, y ahora sigue su nieto Emiliano.

- ¿Y de los pura sangre?

- Uno de los grandes recuerdos que tengo es del gran caballo Severus, al que cuidaba Bertolini y con el cual gané en Palermo. Ése fue el mejor caballo que tuve la oportunidad de montar, ganó muchas carreras y finalmente recaló en el stud de Oscar “Tatuna” Moncada. Otro fue Maitre Jack; a éste lo cuidaba y corría, con él pude ganar diez carreras. Escollo fue otro de los que me dio muchas alegrías.

- ¿Cómo fueron sus comienzos en la actividad?

- Siempre me gustaron las carreras de caballos; de chiquito fui un apasionado por la actividad. Mis primeros pasos fueron en las cuadreras, ahí me formé; luego me instalé en el hipódromo y comencé a dedicarme a las largas. Fue un gran paso que me costó mucho, sobre todo por el peso, ya que tenía que hacer un gran esfuerzo para poder lograr los kilos adecuados y poder correr. Primero estuve en el stud que estaba cruzando la vía, donde fui peón con Francisco “Chiquito” Chiaparra. Luego pasamos al que estaba ubicado a la altura de los 1.400 metros sobre calle Estado de Israel, que fue el último en el que cuidé. En un principio no me daban la patente; costó bastante, pero lo pude lograr con mucho esfuerzo, sobre todo por el peso que tenía. Me la pasaba en los baños turcos para rebajarme. En los últimos tiempos era muy sacrificado y solamente me dediqué a la cuida, hasta que llegó el brote de encefaliomielitis a los caballos. Por entonces tenía ocho caballos y cinco dieron positivo: fue un golpe muy duro y por eso decidí dejar de cuidar.

- ¿Qué diferencia encuentra entre las fustas de antes y las de ahora?

- Cambió mucho. Antes todos corrían con freno y ahora todos los hacen con filete; tengo el orgullo de poder decir que al filete en Santa Fe lo instalé yo, porque cuando fui a Buenos Aires ya estaban todos con filete. Allá aprendí y me pude perfeccionar. Cuando regresé a Santa Fe todos se contagiaron y empezaron a correr con el filete. Ernesto Pai era uno de los grandes jockeys que vi en Santa Fe: tenía mucha calidad para correr y no se apuraba mucho, le corría los caballos a Guadía y era muy ganador. También Ignacio “Coco” Moncada, sin dudas, uno de los grandes de todos los tiempos. Entre los cuidadores recuerdo a Don Ceferino de la Mata, que sabía mucho de caballos. Los presentaba en gran forma y -sobre todo- era un libro abierto por sus conocimientos y por las lecciones que te daba. Veo que ahora siguen algunos de sus nietos cuidando.

- ¿Qué encuentra de diferente en los pura sangre?

- Realmente estoy sorprendido por cómo han cambiado los físicos de los caballos. Dicen que ahora son más ligeros y en verdad no les creo. Dicen que los tiempos son mejores, pero también hay que tener en cuenta las pistas y que tampoco tienen la vitalidad y la salud de los de antes, que eran más fuertes... a mi manera de ver.

- ¿Qué carrera recuerda más?

- Sin dudas, la Polla de Potrancas que gané montando a Dreda en la milla. Fue una linda carrera porque la traje muy lejos de atrás, ya que varios salieron a matarse adelante. Me arrimé de a poco y arriba los pasé de largo con la pupila de Francisco Chiaparra. Con Bertolini también gané muchas carreras.

- ¿Sufrió alguna rodada importante?

- Todas las caídas que tuve fueron con suerte, nunca sufrí grandes lesiones. Cuando dejé de correr, además de los kilos que me costaba sacarme, también tomé la decisión porque me caí tres domingos seguidos y ése fue el detonante. A la actividad la sigo extrañando. El turf es, sin dudas, lo más lindo que hay.

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El jockey Amancio Alem por los palos, Ramón Suárez al centro y por fuera Néstor Bortulé. Foto. Alejandro Villar (P).

UN GRATO RECUERDO

FOTO. ALEJANDRO VILLAR (P).

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Amancio “Chamaco” Alem desensilla a Dreda que termina de quedarse con la preciada Polla de Potrancas en Las Flores. El gran Francisco “Chiquito” Chiaparra sostiene de las bridas a su pupila.