Cambios de último momento...
Estamos complicados: parece que el otoño este año no comenzó nada el 21 de marzo, sino un día antes. Y encima anticipan que la primavera no arrancará nada el 21 de setiembre sino ¡dos días más tarde!, con lo cual uno puede aterrizar en el picnic y en la persona equivocados. Ya no se puede confiar en nada.
TEXTOS. NÉSTOR FENOGLIO. [email protected]. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI. [email protected].
Y parece además que el otoño, sin avisarnos ni nada comenzó el 20 de marzo a las 15.35, nomás, a contrapelo de lo que siempre creímos, de lo que nos enseñaron en la escuela (¿mi querida señorita Amelia me mintió?) y esto abre un abanico de equívocos sin solución de continuidad, que nunca supe exactamente qué significaba pero que, me parece también (ahora todo es relativo) suena lindo en este contexto.
Sin ninguna advertencia astral, empezaron el otoño sin mí y sin todos ustedes. Es como invitar a todos a una inauguración o un avant premiere y resulta que cuando llegamos ya alguien comenzó sin nosotros o tenés la película empezada...
Ni les cuento de la primavera que, este año, se los digo así, de onda, comienza el 23 de setiembre y no el 21, con lo que ese día emblemático van a estar celebrando cosas que no sucedieron. Es como que te digan que hormonalmente no estás todavía de joda, sino que el invierno te sigue enfriando un poco más: no se le hace eso a la gente.
Después, indagando, me informan que el año vernal mediante el que calculan los astrónomos no es divisible por el año gregoriano que tenemos y descubrimos entonces de rebote que hay una interna interanual, una disputa por el tiempo, que no es tan rígido como siempre creímos- y que todos los años se producen sutiles cambios.
Así que esa paciente e ingeniosa explicación sobre el día y la noche, las estaciones y los equinoccios, así que eso de la lámpara, el globo terráqueo o los propios alumnos girando alrededor de la Marita o de la Tuca, pues, lo siento, Houston, estamos en problemas.
La verdad, antes la cosa era simple: 21 de marzo, otoño para todo el mundo y listo, qué tantas vueltas. Pero ahora, el exceso de información está haciendo estragos en absolutamente todas las certezas que construimos, lo cual por un lado es fantástico y por el otro es terrible: da un poco de cosita que todo se mueva todo el tiempo, carajo.
Ahí tienen también a los habitantes de Tokelau (guarda con esos: son rápidos de manos) que eran los últimos en recibir el año. Podridos de la situación, se corrieron un huso horario, se restaron un día de vida y ahora están primeros y lo siento mucho por el resto del mundo y por ellos mismos.
Ahí tienen al Fenoglio ese: nació el 8 de febrero de 1964. Toda mi vida me vendieron que en el horóscopo chino era dragón y ahora alguien, no sé si Ludovica, Torongel o Nostrasladamus, me dice que en realidad no: por unos pocos días, por unas horitas de morondanga, resulta que no soy nada dragón sino conejo.
Yo no les tengo que contar a ustedes, mis chiquitos, las diferencias terribles entre andar quemando gente cuando abro la boca y el periodismo es un oficio bárbaro para eso- a ser un simple y promiscuo animalito, con lo cual pierdo de un plumazo la irreal gallardía mítica para ser un vulgar y prosaico encima calentón: los conejos quieren todo el tiempo- oryctolagus cuniculus. Al final ¿soy dragón o soy conejo?
Las dos bibliotecas, las mil bibliotecas, las tantas bibliotecas para tantas nuevas teorías creadas y por crearse, desregularon todo, de tal manera que esto es así, pero también así, así, así y así.
Quiero aclarar desde acá mismo que no soy partidario de verdades dadas, únicas, sin revisión posible, casualmente porque creo que la verdad es una construcción en continuo movimiento, una versión promedio entre varias versiones, incluso contrapuestas. Pero me parece que el exceso de información nos va a liquidar como especie, pues ya nada, absolutamente, es fijo e inamovible.
Yo he aceptado casi todo, me he resignado con sabiduría y espartano espíritu, aprendí a ser esta canoa que anda igual aunque le entre agua por todas partes. Pero en algún lugar tenemos que hacer pie, canejo. Vos ponele que el otoño arrancó nomás el 20 de marzo. Ya no podemos hacer nada. Es un hecho consumado y consumido. Pero por favor, plantémonos con la primavera y exijamos su comienzo astral, formal, nominal, virtual y cualquier otra categoría el mismísimo 21 de setiembre. Porque de lo contrario todo arranca mal y pueden producirse situaciones embarazosas. 21 de setiembre para todo el mundo, o por lo menos si no entendimos mal y no cambiaron eso de los hemisferios- para medio mundo. Y quedamos así.





