El famoso día del...

El famoso día del...
 

A mí los días de lo que fuera me provocan una sonrisa piadosa: ¿qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué se impuso el día del vidriero, el del trabajador de la carne? ¡¿El de los vecinos?! Entre tanta hojarasca, entre tanto ruido en la comunicación, a lo mejor nos perdemos lo importante...

TEXTOS. NÉSTOR FENOGLIO. [email protected]. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI. [email protected].

Vamos por partes: considerando sólo esta semana que termina, les informo formalmente, por si no lo sabían, que el domingo pasado -el 10 de junio- fue el día del trabajador de la carne. No me quiero meter con el noble oficio que, supongo, no remite a carnalidades extremas sino que involucra al matarife, al empleado de los frigoríficos, al carnicero del barrio. Pero juro que no se me hubiera ocurrido que tal día existiera. Así que si no saludó a su proveedor habitual de chinchulines, pues, todavía está a tiempo: abrácelo y exprésele carnalmente todo el aporte que el señor hace al bienestar de su hogar y de su cuerpo. Es más: ponga toda la carne en el asador y regálele un vino digno: al carnicero fiel, hay que tenerlo bien...

Después, no contentos con el comienzo de semana, el lunes nomás, el 11, fue el día del vidriero. Así se los digo. Es un tema vidrioso, lo sé, pero a quién se le ocurre celebrar este particular día de. Puede haber nacido de la actividad gremial, de una idea transparente -en el caso de los vidrios comunes-, una especulación -en el caso de los espejos- o una cosa oculta -polarizados- pero tenemos día del vidriero.

Del día del escritor no quiero hablar mucho: en Argentina recuerda la muerte de Lugones. Y este buen señor se suicidó. Así que pavada de metáfora tiramos los argentinos para referirnos a la propia literatura y a sus cultores. El día del escritor fue el miércoles 13. Y ese mismo día -y la asociación pueden hacerla ustedes: a mí no me simpatiza- se celebró anónimamente el más modesto y suponemos que reciente día del vecino.

¡Vecinos híper presentes, jubilados de tiempo completo al pedo en la calle, estimadas amigas en batón y chancletas, propaladoras del último romance de don Cosme, el almacenero y la de a la vuelta -vecinos, ambos-, puteadores contumaces de los gobiernos de turno, telegrafistas de lo instantáneo, paseadores de perros defecadores, propulsores de changuitos para los compras, en fin, todos, feliz día!

El viernes y hoy, profesionalizamos un poco la cosa: ayer, 15, fue el día del bioquímico y hoy el día del ingeniero. El primero, debe recibir un saludo sanguíneo para asegurarnos una relación fluida. El segundo requiere un saludo sólido para seguir construyendo esta amistad, antes de que se vaya a los caños.

Pero todos estos días de (del señor y promiscuo trabajador de la carne, del vidrioso señor vidriero, del inefable escritor, de la vecina vecina, del bioquímico o del ingeniero) tienen la particularidad de agregar confusión para que la gente se distraiga y pierda el objetivo real, que se verifica mañana.

Y bien, Valentina y Chiara, mis queridas hijas: ya sé que hubo conciliábulos casi secretos, risitas y acuerdos tácitos con Carito, ya sé también -aunque ello no parezca excepcional- que hubo alguna suerte de asalto a la billetera paterna, ya sé un montón de cosas. ¡Pero les recuerdo que mañana domingo es el día del padre! Temo que entre tanto ruido y festejos de otras cosas, se olviden de este padre imperfecto que las ama con todo su corazón. Así que, mientras advierto pero me hago el sota; mientras disimulo y propongo un asadito “normal”, mientras espío las semidormidas carreritas y tráfico en pantuflas matutinos, mientras enhebro el vermú más permitido del año, espero como todos los papis los besos, los regalos y los saludos. Un día hermoso, el de mañana. Te la regalo. ¡Y feliz día del padre!

Todos estos días de (del señor y promiscuo trabajador de la carne, del vidrioso señor vidriero, del inefable escritor, de la vecina vecina, del bioquímico o del ingeniero) tienen la particularidad de agregar confusión para que la gente se distraiga y pierda el objetivo real, que se verifica mañana.