Final de la NBA
Final de la NBA
En el verano de Miami, el Heat calentó como nunca
Los Heat se coronaron campeones de la NBA al imponerse en la serie final por 4 a 1 ante Oklahoma City Thunder.

LeBron James, de los Heat y una espectacular conversión en la definición ante los Thunder. Foto: Agencia EFE
Darío Pignata
Miami (Especial para El Litoral)
¿Hay algo mejor que ver una final de la NBA? Sí, ver dos. Es que hace un año, El Litoral estaba en este mismo imponente American Airlines Arena cuando Dallas le festejó el campeonato en su propia casa. En ese momento, más que elogiar el mejor funcionamiento de los azules de Texas, una frase se instaló en Miami: “Se borró LeBron James en las finales”.
Pero el básquetbol, como el deporte en general, siempre da revancha. Entonces, mientras el partido abajo era un trámite, el entrenador de los Heats, Erik Spoelstra, decidió sacarlo para la gran ovación y las miles de almas blancas explotaron con sus gargantas. Fue el gran desquite de LeBron. Es que hace un año, para decirlo en términos futboleros, se lo acusó de “pecho frío”. Claro que en esta temporada sus números asustaron, no por algo desempolvó registros de anotaciones de dos pequeños gigantes como Michael Jordan o Shaquille.
A diferencia de 2011, esta vez el Miami Heat no tenía localía y arrancó perdiendo fulera la final, por once puntos en el duro campo del Thunder de Oklahoma City. Pero fue allí, en el peor momento, donde apareció LeBron James con todo. Entonces, con la serie 1 a 1, la definición quedaba en el Arena de Miami.
Pero así como el número “6” se recibió de jugador de finales, el equipo demostró su materia más importante: es que el martes, cuando el juego estaba caliente, LeBron se acalambró y no pudo terminar el cuarto final decisivo. Sin embargo, el Heat se sobrepuso y terminó ganando. Bien apretadito, sin sobrarle nada: por seis puntos.
Si bien nunca en la historia de la NBA ningún equipo había levantado un 1-3, ni siquiera llegando al séptimo juego, Miami Heat tomó el juego de anoche con mucha cautela y respeto por un duro rival.
Considerado por los especialistas como “un jugador pleno que está desarrollando el mejor básquetbol de su vida”, LeBron James se animó a decir en la previa a la gran coronación de anoche que “Soy el líder de este equipo, me siento cada vez más cómodo en mi juego, pero no me sentiré realmente feliz hasta sellar esta historia. Este juego 5 ya es el 7 para nosotros”.
Así, con esa mentalidad, con una concentración total y ganando casi todos los duelos, Miami hizo que la final por momentos- no tuviera equivalencias. Lo pasó por arriba con un básquetbol de alto vuelo, impropio de estas finales tan cerradas.
A pesar de tener en el placard tres premios al jugador más valioso y tres finales de la NBA con dos equipos distintos, nunca LeBron estuvo tan cerca de ser el rey con la corona puesta. Y, por lo visto, no dejó esta vez que el tren pasara.
En el partido 804 de su carrera embocó la gloria. En la primera final que jugó, en 2007 lo barrieron. La segunda, de la que fue testigo El Litoral hace un año, lo dejó con la mochila de “pecho frío” ante Dallas. Ahora, su mano calentó al Heat como nunca y lo llevó al segundo título de la franquicia de Miami.
En 2010, cuando lo buscaron desde esta ciudad, LeBron James venía de presentar credenciales en siete temporadas en Cleveland. La seducción llegó con la promesa de armarle un equipo a su altura para ganar un campeonato.
No le mintieron: el Heat tenía una estrella propia llamada Dwyane Wade y sumó a Chris Bosh. Ese tridente, que el año pasado se opacó ante Dallas, terminó siendo demasiado para el Thunder de Oklahoma City.
El mérito de quienes manejan la franquicia de apostar a la continuidad de una idea y sostenerla en el tiempo. En Argentina, después de la final perdida el año pasado con Dallas, en el Heat no hubiera quedado nadie. Aquí hoy, un año después, LeBron se tomó el trago de su mejor revancha.
En esta ciudad que espera hoy por el rey del fútbol (jugará Messi con sus amigos aquí y allí estará El Litoral), terminó definitivamente rendida a los pies del rey del básquetbol. A algunas horas del inicio del verano en Miami, el Heat calentó como nunca y se quedó con su segundo anillo de la NBA. Si es por las bocinas que siguen a la madrugada, por lo visto, la fiesta en Miami recién empieza.
Una casa de 20 palitos
La gran megaestrella del Miami Heat campeón es LeBron James, líder del equipo y máximo ídolo de los fanáticos “blancos”. El emblemático número “6” vive en una mansión contra el agua en Miami Beach.
Su casa está valuada en 20 millones de dólares. Puede llegar por tierra o hacerlo por agua. Claro que muchas veces se da un gusto que es exclusivo para pocos: directamente llegar en helicóptero. Cruzando el agua, su mansión está enfrente de la avenida Collins, a la altura donde se levanta el hotel que elige el presidente Obama cuando pisa Miami.