En Familia
Los vínculos y la tecnología

En Familia
Los vínculos y la tecnología

Rubén Panotto (*)
Las relaciones dentro de la familia están fuertemente condicionadas por los vínculos parentales, y éstos a su vez por los grados y funciones que desempeñen dentro de esa primaria sociedad en formación que es justamente la familia. En la actualidad, tales relaciones se encuentran atravesadas, como nunca antes, por las nuevas tecnologías en las comunicaciones. Éstas influyen de tal manera que los usuarios vamos rindiendo culto a los ídolos que nos imponen los medios, particularmente la frivolidad de programas que exaltan las personalidades light y el consumismo feroz.
Las personas hemos ido dejando de ser fines para transformarnos en medios de los grandes objetivos económicos y corporativos. Si bien esto se parece más a un discurso sociopolítico, ¿acaso no estamos naturalizando la influencia de cierta tecnología como imprescindible para la vida humana?
A los lectores, les propongo un ejercicio que puede resultarles muy apropiado, para no quedar atrapados como simples usuarios de ofertas mediáticas. Este ejercicio consiste en descubrir hasta dónde la tecnología que usamos apunta a satisfacer nuestras necesidades y hasta dónde está destinada a producir ganancias económicas solamente. Un ejemplo: el periodista y escritor Sergio Sinay presentó la siguiente estadística en una conferencia para padres: en la Argentina se desechan miles de toneladas de chatarra tecnológica por año; esto incluye electrodomésticos, celulares y computadoras en sus diferentes modelos y aplicaciones. Acota que el 80 por ciento de esa chatarra está en condiciones de seguir operando, y lo que más sorprende es que el 75 por ciento de ese 80 incluye funciones que nunca fueron usadas. Se calcula que los chicos de 6 a 14 años invierten 6 horas por día entre celulares, TV e Internet, la mayor parte para estimular la economía de los deseos de consumo, que terminan deteriorando los vínculos y las relaciones dentro de la familia.
De padres a hijos
La presión laboral de requerir cada vez más recursos reduce el tiempo necesario para que los padres puedan comunicarse con sus hijos; para tutorear su formación como futuro ciudadano y persona de bien, al punto de convertir esas relaciones en transacciones comerciales. El hijo que no está dedicándose al estudio como corresponde recibe del padre la oferta de una recompensa material para subir el nivel, lo que se transforma en un dulce soborno para aliviar la culpa del progenitor ausente. Debemos aceptar que el amor y los afectos no se pueden comprar porque tampoco se venden. La comunicación familiar es artesanal, ingeniosa y pacífica. Aquí la tecnología interviene muy poco. El celular y la Internet nos conecta pero no nos comunica. Ser padres es un trabajo y no un juego. Los hijos necesitan padres que asuman su paternidad y no deserten de su responsabilidad de serlo, ¿no les parece?
Cómo mejorar la comunicación
Todos poseemos aptitudes naturales para comunicarnos. Cuando éstas se practican y perfeccionan se logran fortalecer los vínculos y establecer relaciones enriquecedoras y estables, que es lo que la familia y el mundo necesitan. Así nos encontramos con: * la mirada, que es esencial, porque en ella se reconocen intenciones; además detecta la valoración del otro, el respeto, la simpatía y el amor. * La escucha empática, que no es otra cosa que meterse dentro del otro tratando de interpretar correctamente su sentimiento, su necesidad, su comprensión. Nadie puede escuchar con empatía mientras escribe un mensaje de texto, mira TV o sigue trabajando porque resulta que eso es más importante que la persona que habla. * El uso de la palabra no sólo para dar información, sino para aplicarla en todo sentido constructivo y afectuoso. La palabra cuando es usada para el agravio y la descalificación, se transforma en un arma destructiva de vínculos y relaciones. * Los valores éticos y morales no cambian con el paso del tiempo, no obstante debiéramos revisar el significado de ciertas palabras que despersonalizan, tales como rating, audiencia, mercado, hinchada, público, etc., muy utilizadas en nuestro mundo globalizado.
Es casi una obligación considerar que nuestro creador es un Dios maravilloso, por haber creado y continuar creando seres diferentes, únicos e irrepetibles. ¿No cree que el vínculo humano más importante es el de los padres con sus hijos? Claro que conseguirlo exige esfuerzo, dedicación y perseverancia. Estamos en el tiempo de buscar atajos para lograr nuestros sueños y deseos. Como decía el periodista Sinay: “Todo el mundo quiere ir al cielo sin morir”.
Nuevamente les propongo no preocuparnos tanto por el mundo que les dejaremos a nuestros hijos, sino, mejor, qué hijos le dejaremos al mundo. El consejo bíblico expresa: “Hijos obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre que es el primer mandamiento con promesa para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra. Y ustedes padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”.
(*) Orientador Familiar