El drama del maltrato y el abuso

Proyectan crear un refugio para víctimas de la violencia familiar

En la ciudad no hay un alojamiento temporario para las mujeres en riesgo que abandonan su hogar. Este espacio permitiría resguardar su integridad y contenerlas hasta que actúe la Justicia.

Agustina Mai

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En la provincia hay cuatro refugios para albergar a las víctimas de la violencia familiar, pero ninguno está en la ciudad de Santa Fe. Son lugares clave para que las mujeres agredidas o golpeadas se resguarden en un espacio de contención, con asistencia psicológica, hasta que la Justicia resuelva la situación de su agresor y ellas puedan recomponer su núcleo familiar.

Los especialistas de la Defensoría del Pueblo dicen que estos espacios transitorios son prioritarios para asistir a las víctimas. “Hay momentos en que es urgentísimo conseguir una ubicación para una mujer y no tenemos un lugar. Resulta muy difícil tomar el teléfono y empezar a rastrear en qué institución se puede alojar temporalmente una mujer, que además no son lugares específicos como un refugio, que cubre lo psicológico, lo social y lo judicial”, aseguró Laura Manzi, coordinadora de Políticas de Género y Trata de la Defensoría del Pueblo.

Pese a que la capital provincial no tiene refugios para víctimas de la violencia, Mercedes Martorell, directora de Políticas de Género del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, aclaró: “Ninguna mujer de Santa Fe que ha solicitado asistencia a la Dirección de Políticas de Género ha quedado afuera. Siempre hemos buscado la manera de que queden resguardadas”.

Consultada sobre la posibilidad de contar con un refugio en la ciudad, aseguró que se trata de “un proyecto ambicioso porque daría respuesta a todo el nodo Santa Fe”. ¿Se concretará este año?, preguntó El Litoral. “Yo supongo que sí, pero depende de fondos que no están llegando”, reconoció Martorell.

La funcionaria explicó que “los refugios son parte de un proceso y sólo una herramienta” y advirtió que “pueden ser un arma de doble filo”. “Socialmente se piensa que el refugio es la respuesta, pero para nosotros la respuesta es incidir sobre el violento y la violencia. Nuestro gran debate es: ¿por qué la mujer se tiene que ir de su casa y no el violento?”, insistió.

La pregunta plantea un desafío, pero primero deben darse otras condiciones: que se cumplan las órdenes de exclusión del hogar y de restricción de los violentos (que prohíbe acercarse a la víctima) y que éstos sean juzgados. Mientras tanto, la realidad plantea emergencias que requieren medidas urgentes.

Así lo reconoció la funcionaria: “Todavía existen las situaciones de emergencia dentro de la violencia. No nos da orgullo inaugurar un refugio; para nosotros es una vergüenza. Lo tenemos que hacer porque es urgente que haya estos espacios. Tratamos de que sean parte de un proceso que atiende la violencia y no la única respuesta”.

Todavía resta un largo camino para cumplir con el ideal de que la mujer no abandone su casa. Por eso, desde la Dirección Provincial plantean la necesidad de “discutir con Justicia y Seguridad sobre cómo articular acciones para que el violento cumpla la exclusión del hogar y para que tenga la sanción que le corresponde”.

Para ello, aseguran estar capacitando a los agentes territoriales, es decir a los equipos de las secretarías sociales de los municipios y comunas, de Salud y Niñez, docentes y ONGs. “Cuantas más personas estén preparadas en territorio, más se puede incidir sobre este problema”, sostuvo Martorell.

Contener en la emergencia

Gracias a convenios con distintas instituciones, la provincia cuenta con cuatro refugios. “Y hay dos en camino”, adelantó la funcionaria, al tiempo que admitió que “lamentablemente todavía -y por un tiempo- son necesarios”.

El refugio permite dar “una respuesta situacional a la urgencia”. Como señaló Manzi, de la Defensoría del Pueblo, “hay ocasiones en las que es imprescindible brindar temporariamente un ámbito de seguridad”. Y ejemplificó: “En algunos casos, las mujeres carecen de recursos para mantener su distancia con respecto al golpeador. En otras ocasiones, el riesgo es tan grande que es necesario que ni siquiera sepan dónde está esta señora, porque los golpeadores no respetan los límites de una orden de restricción o la presencia de un familiar que acompaña a la víctima”.

Pero un refugio es mucho más que un espacio físico donde alojar a la víctima. “Salir del círculo de la violencia implica acompañarlas con herramientas psicológicas y judiciales, pero también para que inicien un nuevo proyecto de vida”, explicó Martorell.

En este sentido, Manzi consideró fundamental el trabajo de “un equipo interdisciplinario para que la víctima genere conductas de seguridad y recupere un proyecto de vida, de manera tal de fortalecer la decisión de separarse del violento”.

Por otra parte, la Provincia habla de una “red de refugios”. “Hay situaciones de tal gravedad, que las mujeres necesitan ser sacadas de su territorio. Todos los refugios tienen que estar articulados para que se busque el mejor lugar y en la máxima discreción”, concluyó Martorell.

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“No nos da orgullo proyectar un refugio; sino vergüenza. Lo tenemos que hacer porque es urgente que existan estos espacios. Tratamos de que sean parte de un proceso que atiende la violencia, no la única respuesta”.

Mercedes Martorell

Directora de Políticas de Género

Hay muy pocas estadísticas

Ni en la ciudad, ni en la provincia, ni en el país se sabe cuántas mujeres víctimas de la violencia hay. Sólo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con datos estadísticos en el marco del programa “Las víctimas contra las violencias” del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Entre octubre de 2006 y el mismo mes de 2011 atendieron 11.868 casos de violencia familiar.

En noviembre de 2010, la provincia de Santa Fe lanzó el Registro Único de Violencia contra la Mujer (Ruvim) para contabilizar las denuncias recibidas en las comisarías de la mujer. Una prueba piloto realizada en agosto de 2010 detectó 535 denuncias. En los primeros diez meses de 2011, el gobierno recibió la denuncia de 6.831 situaciones de violencia que involucraron a 7.271 víctimas en toda la provincia.

Sin embargo, la directora de Políticas de Género, Mercedes Martorell, considera que este registro es incompleto: “Nos dimos cuenta de que las mujeres víctimas de violencia ingresan por múltiples lugares, entonces no tenemos un registro completo. A veces, llegan a un hospital o centro de salud, a veces van a la Defensoría del Pueblo, a un Juzgado o a la Dirección Provincial de Políticas de Género, también a las comisarías... Cada vez que se denuncia una situación implica pensar que esta mujer llegó, pero que seguramente hay otras situaciones semejantes que no conocemos”, sostuvo. Y agregó: “Estamos transformando el Ruvim. Tenemos que terminar de diseñar un instrumento, que permita no sólo sumar cantidades, sino que los datos que contenga estén pensados desde una perspectiva de género”.

Por su parte, Luciano Leiva, defensor del Pueblo adjunto para la zona Norte, destacó la necesidad de contar con un registro único: “No hay una red informática que permita contar con los datos centralizados, ni coordinados. Es urgente que se ponga en marcha para saber en qué lugares de la ciudad y de la provincia el problema es más álgido. Necesitamos conocer la realidad para generar acciones adecuadas”. El Centro de Asistencia a la Víctima de la Defensoría del Pueblo atendió, durante 2010, 660 casos de violencia de género y 496 de enero a octubre de 2011.

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“En algunos casos, el riesgo es tan grande que es necesario que no sepan dónde está la mujer, porque los golpeadores no respetan ni una orden de restricción ni la presencia de un familiar que acompaña a la víctima”.

Laura Manzi

Defensoría del Pueblo

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“No hay una red informática que permita contar con los datos centralizados, ni coordinados. Es urgente que se ponga en marcha para saber en qué lugares de la ciudad y de la provincia el problema de la violencia familiar es más grave”.

Luciano Leiva

Defensor del Pueblo zona norte

Denuncias

Las víctimas de violencia familiar y de género pueden denunciar sus casos y solicitar ayuda en estas instituciones: Centro de Asistencia a la Víctima de la Defensoría del Pueblo (dirección Eva Perón 2726, teléfono (0342) 4573904 - 4573374, de 8 a 18) y en la Dirección Provincial de Políticas de Género (dirección San José 1735, (0342) 4572888 - 4589468, de 7 a 13).

/// EL DATO

El rol de la Policía y la Justicia

En la entrevista con El Litoral, Mercedes Martorell, directora de Políticas de Género del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, reconoció que no suele ser sencillo denunciar casos de violencia familiar y de género en las comisarías. Las víctimas y las ONG especializadas también cuestionan las demoras en la Justicia y la falta de condenas.

— En algunos casos, existen dificultades para hacer las denuncias en las comisarías.

— Hay que trabajar para que todas las comisarías tomen la denuncia. No pueden negarse. Estamos hablando de impunidad no sólo del violento, sino de otras formas de violencia como ésta porque a esos agentes que no toman la denuncia no les pasa nada por no cumplir. Están respaldados por un proceso de impunidad anclado y de mucho tiempo.

— Una crítica similar recibe la Justicia por su lentitud y la falta de condenas.

— No es sólo morosidad, sino que los aspectos perversos de los sistemas se protegen. El juez o el efector público no pueden actuar según su criterio, sino según la ley. Hay cuestiones ideológicas en juego. Al violento de Callejeros le dan menos pena porque se considera que es emoción violenta. Mientras que en el caso de Romina Tejerina, no hubo ninguna posibilidad de plantearlo como una situación violenta. Tenemos mucho para hacer y tenemos que hacerlo entre todos, porque es un proceso de transformación cultural.